Hoy los jóvenes consideran una normalidad que existan los debates presidenciales, pero tuvo que lucharse mucho para que tuvieran lugar e, incluso, para que se exigiera que estuvieran previstos en la Ley. Fue hasta finales del siglo XX cuando tuvimos el primer y único debate presidencial del siglo: el 12 de mayo de 1994. Muchas cosas tuvieron que pasar para llegar a ese momento. Recuerdo perfectamente a Maquío Clouthier que, en su inicio de campaña, exigía a Carlos Salinas de Gortari tener un debate y no sólo no le dieron, sino que además tuvo que sufrir la censura y la cerrazón de los medios de comunicación. Por eso marchamos miles de ciudadanos frente a la Secretaría de Gobernación con un tapa bocas para denunciar la falta de libertad de expresión en nuestro país.

Así, el primer debate presidencial en llevarse a cabo fue el de Diego Fernández de Cevallos, Ernesto Zedillo Ponce de León y Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. Tuve la oportunidad de estar invitada al lugar del encuentro. Fue emocionante, no sólo porque Diego Fernández de Cevallos fue el indiscutible ganador del encuentro, sino porque fue un momento histórico. Me acuerdo que mi papá decía: “nunca pensé que iba a presenciar este momento en México”.

Como anécdota, vale la pena recordar que, al haber ganado el debate un partido de oposición, lo que siguió fue un cierre absoluto de los medios para cubrir a Diego Fernández de Cevallos. Aun así, el paso estaba dado y, para la siguiente elección, el debate era ya el resultado de la Transición Democrática. Después de esa elección, se fue normalizando que nos invitaran a entrevistas de radio y televisión para exponer las ideas de la oposición y el debate entre candidatos presidenciales se convirtió en una obligación en la Ley Electoral.

El artículo 218 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales señala la obligación de organizar al menos dos debates presidenciales; por lo menos dos son obligatorios. Estas líneas se escriben antes de iniciar el debate entre Xóchitl Gálvez, Claudia Sheinbaum y Jorge Álvarez Máynez. Será la primera vez que participen dos mujeres y la primera vez que la mayoría de las candidatas presidenciales son mujeres.

Será el debate número 11 de nuestra historia. En 1994 sólo hubo un debate; en 2000 fueron dos, para la elección de 2006 fueron dos debates; en 2012 también fueron dos y en 2018 fueron tres debates. En este 2024 todavía nos faltan dos domingos de debates: el 28 de abril y el 19 de mayo. El número de debates que hemos tenido en nuestra historia moderna nos puede dar idea de la juventud de nuestra democracia y, a la vez, nos hace conscientes de que tenemos que cuidarla.

Escribo estas líneas antes de que el debate se lleve a cabo; será un gran debate en el que las protagonistas serán, por primera vez, las mujeres. Escribo con la confianza y la certeza de que Xóchitl va a desempeñar un gran papel porque es una mujer que conoce, vive y siente a México.

Será un gran debate, no tengo duda. Y aunque un debate presidencial siempre dependerá de la altura de miras de quienes participan en este ejercicio democrático, sin duda en los debates presidenciales deben ser vistos porque ganamos todos, gana la libertad y gana México.

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