En 2014, en la ofensiva militar de Israel sobre Gaza, murieron 2,205 palestinos, entre ellos, 538 niños. Desde el inicio de las hostilidades el pasado 7 de octubre han muerto 1,400 israelíes y más de diez mil palestinos. La destrucción y el impacto de la guerra y sus secuelas en Gaza afectarán al menos a dos generaciones.

En Israel los clamores son de venganza. El canal 14 de televisión de ese país menciona en su conteo diario que llevan ya más de 10 mil “terroristas eliminados”. El presidente de Israel culpa a la población de Gaza de la invasión “por haber aceptado un gobierno infame” y una diputada en el parlamento de Israel ha declarado que “los niños de Gaza se lo han buscado”.

Las acciones bélicas de Hamás en Israel iniciaron y prácticamente terminaron el 7 de octubre. Desde ese día Israel ha bombardeado Gaza destruyendo todo lo que se atraviesa en su camino en la búsqueda de los rehenes y de los integrante de Hamás. Estos ataques no encuentran ningún tipo de resistencia. Los palestinos no tienen un ejército regular ni capacidad militar para enfrentar a las fuerzas israelíes.

En Gaza los gritos son de desesperación. A las muertes y a la destrucción física le ha seguido la escasez de agua, energía, alimentos y medicinas. Las bombas caen indistintamente en casas, hospitales, escuelas, mezquitas o refugios. Nadie está a salvo y no hay manera de salir de ese infierno. Israel y Egipto los tienen cercados.

El pasado 22 de octubre Estados Unidos, Canadá, Alemania, Gran Bretaña, Francia e Italia, emitieron un comunicado que reitera el derecho de Israel a defenderse, pero exhorta a las partes a respetar el derecho humanitario. Se estima que al menos la tercera parte de los rehenes están ya en los escombros de los bombardeos. Los líderes árabes, en reunión reciente con el secretario de Estados de Estados Unidos, Antony Blinken, claman por un cese al fuego. “¿Qué nadie va a detener esta locura?” le espetó uno de los lideres árabes a Blinken. Ni Estados Unidos ni sus aliados, paladines de las libertades y el derecho humanitario, han solicitado un cese al fuego.

Ente los bombardeos y la invasión terrestre en Gaza 40 mil edificios están totalmente destruidos y 210 mil registran daños mayores o menores. Israel ha exhortado a la población del norte de Gaza a desplazarse hacia el sur para evitar la destrucción. Sin embargo, las carreteras están destruidas y el sur es también blanco de los bombardeos. Los pocos que han decidido salir lo tienen que hacer caminando y la mayoría lo hace porque ya no tiene un hogar a donde volver.

El presidente Biden solicitó a su Congreso un plan de asistencia en el rubro de seguridad nacional por 116 mil millones de dólares de los cuales 14 mil millones irían para Israel. Los republicanos presentaron una contrapuesta que excluyó a Ucrania y a todos los demás rubros, para aprobar de inmediato la ayuda a Israel. ¿Para qué necesita Israel esa multimillonaria cifra en ayuda militar?

Antes del 7 de octubre la mayor parte de la ayuda internacional de EUA a una zona beligerante estaba en Ucrania. Sin embargo, se explicita un condicionamiento que prohíbe utilizar este armamento en contra de territorio ruso. Las armas deben utilizarse solamente en la defensa de su territorio. En Israel el panorama es exactamente el opuesto. La guerra de Israel es ofensiva, fuera

de su territorio, los principales blancos son zonas habitacionales y las principales víctimas población civil. Difícil encontrar mayor contradicción en la política exterior de Estados Unidos.

Netanyahu anunció que la invasión y los bombardeos no cesarán hasta destruir a todos los beligerantes de Hamás y que una vez terminada “la limpieza”, Israel controlará la seguridad en el territorio de Gaza y promoverá un gobierno acorde con sus intereses, con la presencia y vigilancia de sus aliados. Ese es el plan de Netanyahu.

A 30 días de iniciado el conflicto, una franca mayoría de la opinión pública mundial está en contra de la desmedida respuesta de Israel, lo que no significa estar en contra de la comunidad judía, sino del gobierno de Israel encabezado por Netanyahu. En la Asamblea General de Naciones Unidas más de 120 países votaron a favor de un inmediato cese al fuego, 45 se abstuvieron y solo unos cuantos votaron en contra.

Para Netanyahu los operativos militares no cesarán hasta terminar con Hamás. Si consideramos que Hamás es una organización político-militar, electa como gobierno en Gaza desde 2007, las fronteras entre quienes son parte de Hamás y quienes no lo son, entre los dos millones de palestinos que viven en Gaza, es muy tenue. Esto sin contar a todos los simpatizantes de Hamás en Cisjordania y en toda la comunidad de países árabes. No detener a Netanyahu significa darle luz verde para continuar el genocidio que ya inició y que sólo Estados Unidos podría detener; de no hacerlo, se convertirá necesariamente en cómplice y coparticipe de dicho genocidio.

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