Por: Omar López Cruz y Lamán Carranza Ramírez

¡El accidente era inminente! ¡Algo estaba mal con el tanque y los cohetes propulsores!

Muchos dicen que el desastre del Transbordador Espacial Challenger pudo evitarse, aquella fría mañana del 28 de enero de 1986. Ante los ojos del mundo, sus siete tripulantes murieron cuando el transbordador explotó apenas 1 minuto después del lanzamiento.

Los transbordadores especiales eran máquinas muy complejas; reunían la tecnología más avanzada de su época y abrieron el camino hacia la construcción de la Estación Espacial Internacional e impulsaron nuevas tecnologías.

El programa de los transbordadores espaciales era costoso y se esperaba que con el lanzamiento de satélites comerciales se convirtiera en una operación rentable. Para aumentar su aceptación, la NASA decidió incluir en su tripulación a civiles y le daba mucha importancia a incluir personas que representaran a los diferentes grupos de la sociedad americana; así rompió muchas barreras raciales al contratar a personas talentosas quienes de otra forma no hubieran tenido la oportunidad de brillar.

Por otro lado, había muchas personas dispuestas a convertirse en astronautas y sacrificar sus vidas para lograrlo.

La tripulación del Challenger había sido seleccionada con mucho cuidado, cada uno de los miembros se había ganado su lugar. Francis R. Scobee era el comandante de la misión, Michael J. Smith, Ronald McNair, Ellison Onizuna, Judith Resnik, Gregory Jarvis y la maestra de bachillerato Christa McAuliffe. Estas siete valiosas vidas se perdieron ese día.

Se aprendió mucho de esta catástrofe; sin embargo, los riesgos no se redujeron. En la comisión que evaluó el desastre participó el notable físico Richard Feynman, quien criticó a la administración de la NASA. Pero el programa no se detuvo, volvieron a empujar los límites.

El 5 de abril de 1986, se celebró el concierto Rendez-Vouz Houston. La ocasión era el 25 aniversario de la NASA. Jean Michael Jarre diseñó un gran concierto que le llevó un año entero de planeación.

Fue tan espectacular que cerraron la autopista porque las personas se detenían asombrados a seguir el concierto. La audiencia fue de más 1.3 millones de espectadores. Se había planeado que grabarían a Ron McNair tocando el saxofón desde el espacio a bordo del Challenger, para después incorporar la grabación al concierto de Jarre; pero Ron’s Piece fue interpretada en memoria de McNair.

El concierto cerró con Rendez-Vouz 4, la música que se volvió asombro, alegría de soñar y alcanzar el espacio. Desde que Dédalo le puso alas a su hijo Ícaro supimos que desafiar la gravedad es peligroso.

Diecisiete años después del accidente del Challenger, la tragedia volvió a manchar a este programa, el 1 de febrero de 2003 el transbordador Columbia se desintegró al re-entrar en la atmósfera terrestre. Los siete pasajeros murieron. El programa fue revisado y se llegó a la conclusión de que no era seguro.

Estos fueron los primeros pasos hacia la siguiente revolución en la historia de la humanidad, en la cual vamos a explorar el sistema solar. Comenzamos a adentrarnos al territorio que hasta hace poco tiempo era considerado ficción. El próximo destino será regresar a la Luna y de allí lanzarnos a la exploración y colonización de Marte.

La marcha hacia la exploración y colonización del sistema solar estará marcada por innovaciones, desarrollos, descubrimientos y hasta nueva música inspirada en esa misión humana por buscar y revelar la intimidad del Universo, en el proceso quizá nos descubramos a nosotros mismos.

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