Adiós al íntegro jurista, gran persona, Sergio García Ramírez, defensor del orden constitucional hasta su último testimonio en estas páginas.

Tiro de gracia. Incluso espacios de la prensa oficialista desdeñaron como propaganda contra algunos de los blancos predilectos del Presidente la precaria reapertura del caso Colosio. El ‘hallazgo’, por la Fiscalía, de un segundo tirador contra el candidato presidencial sacrificado en 1994 es, en realidad, un plagio más, en la más fiel tradición plagiaria del grupo en el poder. Porque este ‘hallazgo’ lo hizo un fiscal descalificado hace un cuarto de siglo por su afición al montaje de grotescos golpes escénicos que terminaron en burla y decepción. A la hora de llegar a tribunales es muy probable que el ‘hallazgo’ del fiscal Gertz corra la misma suerte que el de su antecesor Chapa Benzanilla. Es ya el tiro de gracia contra toda percepción de autonomía de la Fiscalía General de la República. Pero esta vez el fracaso forense es irrelevante. Porque el hallazgo está destinado al servicio de la propaganda política del Presidente para distraer de los fracasos del gobierno y sacrificar chivos expiatorios con miras a despejar el camino a la perpetuación del régimen.

De demoliciones. En estas condiciones, vuelven al debate mexicano los cotejos entre los derroteros posibles del régimen de López Obrador y los efectos de la demolición de las instituciones democráticas sobre cuyos escombros se edificaron los regímenes autocráticos totalitarios del siglo pasado. El tema alcanza mayor vuelo en la medida en que se acerca la fecha fijada por el Presidente, el inminente 5 de febrero, para reemprender el asalto propagandístico de estigmatización —con fines de aniquilación— del Poder Judicial, así como de los órganos constitucionales autónomos que en las pasadas tres décadas impusieron frenos y contrapesos y así acotaron la arcaica, abusiva, ineficiente concentración de poderes en el Ejecutivo. A restituir —de derecho— esa acumulación de poder se encaminan las iniciativas de reforma constitucional que anunciará el Presidente, paradójicamente, en el aniversario de la Constitución, una vez que ha reconcentrado buena parte de esos poderes —por vías de hecho— contra la Constitución. Pero, otra vez, no importa tanto el cálculo de viabilidad de esas iniciativas al llegar al Congreso, ni si alcanzarán como bandera electoral para obtener la mayoría calificada que les daría la viabilidad, de la que hoy por hoy carecen. La orden es el socavamiento sistemático, hasta la caída, de las instituciones en la mira del Presidente.

De la transitoriedad a la forma de vida. Sin caer en la identificación en boga de López Obrador con dictadores paradigmáticos, hay historias cargadas de lecciones para aquellos a quienes nos ha tocado vivir bajo un régimen de arbitrariedad sostenido hasta ahora en la propaganda, la mentira y la impunidad. Con trágica claridad habla quien fuera secretario de Justicia del Reich, enjuiciado por crímenes contra la humanidad. En Franz Schlegelberger se basa el personaje interpretado por Burt Lancaster en la película de Stanley Kramer, ‘El Juicio de Nuremberg’. El discurso de ese distinguido jurista de la República de Weimar describe un extendido convencimiento favorable al régimen para salvar la crisis y a la nación. Y tranquiliza su mala conciencia con la idea de la transitoriedad del régimen. No cuenta con las pretensiones milenaristas de la arbitrariedad, la impunidad y la mentira, con millones de víctimas a cuestas. Y ello se convierte en una forma de vida, confiesa el acusado.

Ojo. Ojalá los empresarios y otros grupos conscientes de las arbitrariedades del régimen, pero aliados de él, confiados en que ya le queda poco, no acaben un día atrapados también, sin salida, en una forma de vida que no eligieron.

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