Mi amigo Mark Schafer, de Boston, me regaló un libro extraordinario titulado The Dog & the Fever; lleva el sello editorial de la Universidad Wesleyana y fue publicado en 2018. Se trata de una novela corta fechada en España en 1625; es decir, un cuento más o menos largo cargado con una intención satírica, moralizante, de burlas y veras. El crédito autoral es de Pedro Espinosa, conocido antólogo de la poesía áurea: su Flor de poetas ilustres es un material de estudio obligado para los curiosos de las letras españolas.

Hablo de Pedro Espinosa, sí; pero el atento lector habrá visto que puse el título en inglés: el traductor al inglés de El Perro y la Calentura (título original) es nada menos que el gran poeta William Carlos Williams, una de las figuras centrales del movimiento moderno de la literatura en lengua inglesa.

La verdad, no conocía el texto que Schafer me obsequió. Mucho menos esa traducción, que me sorprendió por todo tipo de razones. Más todavía: me intrigó sobremanera. Los lectores de habla española siempre hemos leído con curiosidad y simpatía la parte central del nombre de este doctor y vanguardista literario: William Carlos Williams, una tripleta casi palindrómica. El Carlos de en medio tiene una explicación clarísima: la madre del poeta había nacido en Puerto Rico, se llamaba Raquel Hélène Williams, y ayudó a su hijo a traducir ese extraño texto. La decisión de poner en inglés El Perro y la Calentura puede explicarse, quizás, en primer lugar, por el interés intrínseco del texto y también por las raíces del doctor y poeta en el mundo de habla española.

Pedro Espinosa, entonces: autor de El Perro y la Calentura… o eso parece, pero quizá no es. El regalo de Schafer me sorprendió porque en los días finales de 2019 había yo releído la “Fábula de Genil”, un poema alegórico en octavas de Espinosa. “Mira, tú: qué bonita casualidad.” Comencé a darle vueltas al libro y descubrí que había un vínculo para hacer consultas en Internet. Hice una primera exploración —de reconocimiento, digamos— en ese sitio y me encontré un dato extraordinario: la atribución a Pedro Espinosa de esa noveleta escondería el nombre del verdadero autor.

¿Quién sería? Nada menos que Francisco de Quevedo, que habría encubierto su identidad con el nombre de un amigo, el bueno de Espinosa. Como en tantos casos de las atribuciones, no puede decirse categóricamente quién es el autor de este librito.

Todo esto me recuerda ese dato que alguna vez descubrí: la traducción al inglés que hizo V. S. Naipaul del Lazarillo de Tormes.

Ante The Dog & the Fever tenemos una constelación de autores interesantísimos, mencionados en el encabezado de esta columna con los signos de interrogación que indican la autoría probable de Quevedo, pero no la certeza absoluta de ello. La traducción de los Williams, madre e hijo, le da un interés suplementario en otro ámbito de la cultura literaria.

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