El 1 de julio de 2026, los gobiernos de los tres países socios del Tratado México-Estados Unidos-Canadá deberán confirmar por escrito si continúan o no con el pacto.

En México la presidencia está en juego este 2 de junio de 2024, entre dos mujeres: Claudia Sheinbaum, la candidata del gobierno, y Xóchitl Gálvez, de la oposición PAN-PRI-PRD.

En Estados Unidos se disputarán la Casa Blanca el 5 de noviembre de 2024 el presidente demócrata Joe Biden (81), quien va por su reelección y el expresidente republicano Donald Trump (78).

En Canadá habrá elecciones generales a más tardar el 20 de octubre de 2025. No es seguro que se presente el primer ministro liberal Justin Trudeau, en el gobierno desde el 4 de noviembre de 2015. Hoy encabeza la intención de voto Pierre Poilievre, líder del Partido Conservador.

Habitualmente los tratados comerciales se suscriben sin una fecha de caducidad. En el caso del TMEC, está prevista su duración por 16 años, hasta 2036. Sin embargo, el gobierno de Donald Trump introdujo la llamada ‘cláusula de la puesta del sol’ o sunset clause, para dar a EU en 2026 el margen de maniobra de introducir los cambios que estimara necesarios, sin tener que descartar el tratado como tal.

Para Estados Unidos, los dos puntos principales en la eventual revisión del TMEC son: i) el déficit comercial con México; ii) tener control del futuro del tratado. Sin embargo, adicionalmente sobrevuela un tercer tema de enorme importancia: el factor China.

A partir de 2018, Washington entró en una confrontación con Beijing en temas multilaterales y geopolíticos, de comercio, y tecnológicos. Ello ha llevado a Estados Unidos a redefinir su relación con los socios del TMEC: la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, ha definido al security shoring como la subordinación de cualquier aspecto político o económico con China a los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos.

La revisión en 2026 no equivale a una renegociación, pero seguramente gravitarán en el proceso los diferendos en materia laboral, en energía, organismos genéticamente modificados, e interpretación del valor del contenido regional en la producción de automóviles.

El fatalismo ha llevado a personas en el actual gobierno de México a soñar en ‘ofrecer’ a Trump, de resultar electo, la continuidad del ‘trabajo sucio’ de contención migratoria en México. Sería mucho más pertinente buscar reciprocidad en la defensa de los derechos laborales de los trabajadores mexicanos —con o sin papeles— en EU, y movernos de un marco de migración hacia un contexto de movilidad laboral.

La inversión no llegará a México sólo por la vecindad geográfica con EU, o por uncirnos a la órbita geopolítica de Washington, la cual se vuelve crecientemente inestable a causa del populismo, de la fragmentación política, y del aislacionismo.

A riesgo de caer en la irrelevancia por no hacerlo, necesitamos invertir en la educación, la salud y la seguridad social de nuestra propia gente, así como en tecnologías digitales, ciencias de la vida y transición energética. Nuestro desafío se puede resumir en dar respuesta de manera creíble a preguntas como estas: ¿cómo poner al día nuestra infraestructura física, social e institucional con estándares globales? ¿cómo mover productos y complementar procesos de carga y transporte desde Querétaro hasta Québec en un ambiente seguro y previsible?

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