Sin coordinación, pero con mucha solidaridad

En la esquina de Torreón y Viaducto un edificio se derrumbó al caerle un espectacular; desde la Roma, Condesa, Morelos y otras, vecinos fueron a la Piedad Narvarte a ayudar
En esta imagen tomada con un dron se observan las afectaciones que se registraron en la Ciudad de México luego del sismo de 7.1 en escala de Richter y la unión de la gente para rescatar a quienes quedaron atrapados bajo los escombros (FRANCISCO MATA.)
20/09/2017
03:40
Pedro Soláy Eduardo Hernández [email protected]
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“Igual que en el 85”, dice un hombre que camina sobre la calle de Torreón para unirse a una de las muchas filas de voluntarios que sacan escombros de construcciones derribadas.

El edificio en la calle Torreón número 161, esquina con Viaducto Miguel Alemán, no resistió la fuerza del sismo y se vino abajo. Era una construcción de oficinas de cinco pisos. En la planta baja había una estética y en la azotea una vivienda.

Un espectacular cayó sobre las ruinas, lo que dificultó las labores de rescate. El anuncio fue retirado a las cuatro y diez de la tarde con la ayuda de un remolque. A Ernesto González, minutos después, le temblaba la voz cuando recordaba el espectacular. Pensó que chocaría contra su vivienda, localizada en la planta baja del edificio de enfrente. Dijo que dos muchachos se subieron a los escombros para amarrarlo con cuerdas y levantarlo, pero fue imposible.

“Al salir, en lo que abrimos, ya se había derrumbado. Ya no nos tocó ver cómo cayó, pero al abrir sí había una nube de polvo, no veías nada. Ya volteamos para acá y a empezar a ayudar”, relató. Le parece “muy triste” cómo los mexicanos “nos unimos de esta forma tan fuerte sólo en las desgracias y cuando no hay desgracias todos nos mentamos la madre”.

Centenares de personas comenzaron a aglutinarse en los alrededores de las ruinas. “¡Carretillas, carretillas!”, gritaban al tiempo que transportaban piedras para dejarlas en las banquetas. Otros cargaban botes, cubetas, lo que fuera. Había cojines, sillas rotas y procesadores de computadoras en el piso. La gente los pasaba de mano en mano para liberar la zona del edificio derrumbado.

Mujeres y hombres se acercaban a los voluntarios repartiendo cubrebocas y vasos con agua. Luego, una ambulancia se colocó sobre Viaducto y llegaron los militares. Se subieron a lo que antes era la azotea de la torre y desde ahí pidieron silencio en varias ocasiones. Paramédicos de la Cruz Roja, cuando ya había algunos huecos entre las rocas, decían en voz alta: “¡Si hay alguien con vida, grite!”.

Perros entrenados, que llevaron los militares caminaban entre los escombros, pero nadie pudo escuchar con claridad la voz de un sobreviviente. “Toda la gente del edificio está abajo de los pies de ellos [los militares y policías en labores de rescate]”, afirma don Ernesto asustado.

Al menos tres automóviules resultaron aplastados por el derrumbe del inmueble.

Manuel Flores dirigía la salida de camiones desde el predio ubicado junto al edificio afectado. Ahí planeaba construir, pero de momento el área era un terreno baldío.

“No sonó la alerta sísmica. Estábamos sacando unos camiones de aquí del predio de [la calle] Torreón y lo primero es que sentí el movimiento telúrico y a los pocos segundos se escuchó cómo empezaron a tronar los vidrios del edificio. Poco después yo estaba en la lateral del Viaducto en el muro de contención cuando en cosa de ocho segundos se vino abajo después del movimiento”, relata.

Gente gritando desesperada alzaba los puños para intentar controlar el ruido y lograr captar algún sonido proveniente de las ruinas. Hombres sin playera, que la usaron para cubrirse la boca, corrían de un lado a otro intentando ayudar. Vecinos sacaron mesas plegables llenas de garrafones y víveres. Al final, todos se volteaban a ver, inseguros sobre la posibilidad de encontrar sobrevivientes.

Vecinos dijeron que el inmueble se cayó debido al espectacular, otros que el edificio estaba en malas condiciones, pero eso no importó: cientos llegaron para ayudar.

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