“Siento que se mueve la tierra todo el tiempo”

25/09/2017
00:37
Tetelcingo, Mor.
PEDRO VILLA Y CAÑA Y XOCHIKETZALLI ROSAS / Enviados
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Dos soldados cargaron la silla de ruedas de Tomasa Catonga para que pudiera llegar a lo que hasta hace seis días era el atrio de la iglesia de San Nicolás de Tolentino, en Tetelcingo, Morelos, sitio que entre los escombros fue habilitado para entregar los donativos que el proyecto Mujeres en Apoyo al Estudio del Periodismo y la Comunicación (MAEPEC) envió de la Ciudad de México a los afectados del sismo del pasado 19 de septiembre.

Entre la valla humana, formada por pobladores y militares, Tomasa recibió la despensa que contenía aceite, arroz, frijol, leche condensada, azúcar, papel higiénico, pañales y agua. Además, le dieron un catre y una cobija. Los mismos soldados que la acercaron a la iglesia en ruinas, la ayudaron a llegar a su casa a unas cuadras de distancia, debido a que la lluvia de la noche anterior convirtió en lodo las calles sin pavimentar.

“Gracias a Dios que la ayuda llega, porque la necesitamos mucho, y que bueno que sea para todos, no sólo para una persona”, dijo en el patio de su hogar, en el sitio donde vivió el sismo que le cambió la vida.

Cuando el temblor cimbró la tierra el 19 de septiembre, Tomasa Catonga cerró los ojos y permaneció sentada en su silla de ruedas, sintiendo como todo su cuerpo se movía, gritando para que alguien la ayudara, porque ninguno de sus familiares se encontraba en el domicilio. Pasaron los segundos y cuando quiso mirar se topó de frente con los escombros de la casa de su vecina, quien salía de entre los tabiques. La sorprendió en el patio, a un costado de una pileta de concreto y desde entonces, junto a las réplicas posteriores y por seis días, ha permanecido a escasos metros de aquel abrevadero, donde duerme en un petate a las afueras de su casa de adobe, en la cocinita que construyó.

Tomasa tiene miedo de que su cuerpo se cimbre de nuevo sobre las ruedas que se han convertido en sus pasos y con las que no puede moverse con facilidad ni rapidez durante un temblor. Teme que su casita se le venga abajo y la deje sepultada.

“Estoy muy asustada, siento que se está moviendo la tierra todo el tiempo”, dice Tomasa, quien asegura que ahora podrá dormir más cómoda afuera. La mujer de más de 60 años está expectante de un nuevo movimiento telúrico y de que sus familiares y vecinos puedan soportarlo, sobre todo, espera que pase lo que pase la ayuda no deje de llegar.

“Ha llegado la ayuda, pero luego nada más se la entregan a unos cuantos. Es mejor cuando se la van dando a la gente que la necesita y que nos ayuden así, no sólo a mí, por como estoy, sino a todos”, contó”.

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