"Narcotráfico aleja a los jóvenes de la universidad"

Narcotráfico y crimen compiten con las universidades por jóvenes; hay que crear profesionales que se adapten a los cambios, asegura Daniel Hernández Ruipérez, rector de la Universidad de Salamanca
Daniel Hernández Ruipérez, rector de la Universidad de Salamanca. FOTO: GERMAN ESPINOSA. ELUNIVERSAL
27/08/2017
03:10
Teresa Moreno
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La universidad moderna debe formar alumnos con las habilidades suficientes para adaptarse a los cambios vertiginosos del mundo, como ciudadanos críticos, despiertos y difíciles de manipular, señaló Daniel Hernández Ruipérez, rector de la Universidad de Salamanca, la institución pública de educación superior más antigua de Iberoamérica, que además fue modelo para la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En entrevista con EL UNIVERSAL, Hernández Ruipérez reconoce que la estructura de las “universidades históricas”, como la de Salamanca, puede convertirlas en dinosaurios para las cuales sea muy difícil moverse.

Señala que la universidad continúa siendo el “ascensor social más importante”, pero reconoce que existe “competencia” con otros esquemas, como el narcotráfico y el crimen “donde jóvenes pueden conseguir mucho dinero con este tipo de actividades en vez de tener una formación” y subir de nivel social.

Ruipérez visitó la Ciudad de México para la inauguración de la primera Feria Internacional del Libro Universitario (Filuni) organizada por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en la cual la Universidad de Salamanca es invitada de honor.

En 2018 la Usal festeja el 800 aniversario de su fundación, en el año 1218 por el rey Alfonso IX de León. La Universidad de Salamanca se convirtió en objeto de imitación de toda nueva universidad fundada en los tres siglos de duración del periodo de la Colonia. Es por esto que en las bases fundacionales de la Real y Pontificia Universidad de México, fundada en 1551 y que fue predecesora de lo que hoy es la UNAM, se estableciera como guía las mismas normativas y los mismos privilegios que la Universidad de Salamanca.

¿El modelo de instituciones de generación de conocimiento universal sigue siendo vigente?

—En estos momentos hay un debate muy grande sobre qué, para qué y a quién enseñar. Las universidades tenemos que ser capaces de formar personas que tengan no sólo los conocimientos para los trabajos y funciones que pueda haber ahora, sino que tengan la capacidad de adaptarse a lo que pueda venir en el futuro, porque muchos de los trabajos que habrá en 10 años no los conocemos ni los podemos imaginar. Tenemos que capacitar a las personas para que tengan una formación básica suficiente que les permita ir adaptándose a los nuevos retos, ir cambiando.

¿Las universidades tienen la capacidad de adaptarse a estos cambios tan vertiginosos?

—Las universidades, en general, no son instituciones que se adapten muy pronto a los nuevos cambios y este es uno de nuestros problemas. Tenemos que modificar los sistemas universitarios para ser más capaces de adaptarse a los cambios cada vez más vertiginosos del mundo.

¿Hay que modificar el modelo educativo?

—Aunque ha venido tranformándose, probablemente tendría que haber un cambio. Tendremos que estar muy atentos a los nuevos modos en que los jóvenes adquieren el conocimiento. No es tan sencillo: los sectores más jóvenes no buscan información, no leen prensa, no ven televisión ni miran páginas web. Los estudiantes lo único que ven es lo que les llega a su teléfono con notificaciones a través de sus redes sociales. Esa es la información con la que se mueven y a esto nos tendremos que acostumbrar. Esto que es verdad ahora, a lo mejor deja de serlo en cinco años, porque todo va cambiando. Todos estos cambios inciden en el modo en que los estudiantes adquieren conocimiento y tenemos que ser capaces de adaptarnos a estos sistemas para poder llegar a nuestros estudiantes. No siempre es fácil ni nuestros profesores están preparados ni tenemos la mentalidad o la capacidad para poder hacerlo.

¿Qué otros retos implica esta generación de Millenials?

—No se trata de enseñar al chico a apretar tuercas, porque dentro de poco tiempo esto no va a existir. Hay que formarle para que sea capaz de buscarse un camino en el mundo cambiante; como ciudadano despierto, crítico, que no sea fácil de manipular, que sea capaz de recibir la información, filtrarla, analizarla y sacar conclusiones. Estos tienen que ser los ciudadanos del futuro.

Debe ser muy difícil, sobre todo para una generación que ha sido tildada de apática y egocéntrica

—Como con todos los clichés, hay una parte de verdad y otra que no es así. Habría que matizar, porque depende de qué sociedad estemos hablando: no es lo mismo la juventud en un país desarrollado, donde no han tenido grandes problemas económicos, que juventudes de un país donde están teniendo grandes problemas de subsistencia diaria. La situación es diferente, pero con carácter general, están encontrando dificultades, como que están teniendo trabajo mucho más tarde, esto hace que no se planteen una vida familiar hasta muy tarde y eso condiciona sus comportamientos. Hay quienes dicen que no quieren tener hijos porque prefieren disfrutar de la vida, muchas veces quieren disfrutar de la vida porque tampoco tienen una situación estable por la que se puedan plantear otra cosa. Estas reflexiones hay que circunscribirlas muy bien a cada contexto porque se pueden producir análisis ofensivos para determinados sectores de la sociedad.

La universidad ha sido considerada como el medio de movilidad social por excelencia, pero ahora tiene una competencia en México con el crimen organizado. ¿Qué tienen que hacer las universidades para ganar esa carrera?

—Me resulta difícil responder. De manera general, en casi todos los países la universidad ha sido el ascensor social más importante, con gran diferencia. Es cierto que cuando se producen fenómenos de este tipo, de narcotráfico y crimen donde jóvenes pueden conseguir mucho dinero con este tipo de actividades en vez de tener una formación, esto incide. Lo que tenemos que hacer es intentar convencerles de que les podemos dar una muy importante formación para que puedan aspirar a un mejor futuro a la larga, y que un mejor futuro no significa sólo más dinero sino un futuro con una vida más digna.

¿Cómo le hace una universidad de 800 años para adaptarse y mantenerse vigente?

—A veces no es fácil, las universidades, cuando son más antiguas, tienen unas estructuras internas muy consolidadas y eso hace a veces muy difícil mover la institución. Es más fácil mover una institución joven, más ágil, con sistemas de gobernanza más flexibles, activos o más ejecutivos. Las universidades históricas a veces son como los grandes dinosaurios que se van moviendo muy lentamente de un sitio a otro. Por otra parte, tiene la ventaja de una enorme tradición, de un peso de los años, de un sentimiento de orgullo y pertenencia de los trabajadores y estudiantes y eso es un balance que contrarresta esa lentitud. Cuando uno está dirigiendo una institución de este tipo tiene a veces la sensación de que es muy difícil moverla y hacer nada, pero también se tiene la potencialidad de lograr muchas cosas que a otras universidades más jóvenes les cuesta más trabajo.

¿En qué estado de salud llega a su 800 aniversario?

—Está dispuesta a celebrar este evento en muy buenas condiciones. La Universidad de Salamanca está muy consolidada, tiene una oferta muy amplia de títulos, muy buen posicionamiento en algunas materias específicas, con fortalezas evidentes en el campo de la investigación, de la docencia y la certificación de la lengua española. Es una universidad completa, solvente, con muy buenos datos sobre el nivel de formación de nuestros egresados.

¿Representa una nueva oportunidad de reflexión?

—Es oportunidad para producir una profunda reflexión sobre lo que tiene que ser la universidad del futuro y para procurar avances hacia la creación de un espacio común del conocimiento europeo, latinoamericano y del caribe. Un espacio de educación superior que permitiera una validez automática de títulos, de los estudios realizados por el estudiante de una universidad en otra de la región, colaboración que nos llevara a tener un gran sistema universitario en el que los jóvenes se pudieran beneficiar moviéndose entre toda la región, pero también que en el futuro tengan muchas y mejores oportunidades laborales.

¿Cuál es la importancia de crear esta red en medio de esta ola de discriminación y xenofobia que hemos visto de personajes como el presidente de Estados Unidos?

—Todos los acuerdos entre las universidades que permitan la movilidad de los estudiantes y los egresados contribuyen a generar espacios de consenso, acuerdo, conocimiento mutuo y, al final, de tolerancia hacia los demás. No hay nada que ayude más a comprender al otro como haber vivido o trabajado en su país. Con esto se fortalecen mucho los lazos de conocimiento, sobre todo entre los que son más jóvenes y tienen que ser la sociedad del futuro, y con eso se contribuye a una de las principales funciones de la universidad que no sólo es formar personas para que puedan trabajar, sino crear seres humanos críticos, capaces de entender al mundo que les rodea, y de entender a los demás, respetarlos. Estos acuerdos en las universidades pueden contribuir a generar espacios en los que sean más difíciles movimientos de intolerancia, incomprensión y ataques a los demás.

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