Miércoles de ceniza “se toma a juego”

El Miércoles de Ceniza es una práctica religiosa que se pierde, sobre todo entre los jóvenes, quienes la toman como “algo sin importancia”, dicen feligreses
La señora Cecilia López dice que desde que eran pequeños inculcó a sus hijos la tradición de ir a la parroquia a tomar ceniza, una práctica que, afirma, debe ser rescatada en las familias (JUAN CARLOS REYES)
14/02/2018
04:09
Astrid Rivera
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“Es una tradición que se está perdiendo, los padres no inculcan a sus hijos ponerse ceniza y los jóvenes lo toman a juego”, considera Cecilia López, quien lamenta que cada vez más se pierda el significado de este tipo de manifestaciones religiosas.

En un sondeo realizado por EL UNIVERSAL, los entrevistados coincidieron en que el Miércoles de Ceniza es una tradición que “se está perdiendo”, en especial entre los más jóvenes, quienes desconocen el significado de esta práctica religiosa y que, por tanto, la consideran como “algo sin importancia” o lo toman como “un juego”, por lo que pidieron a los padres de familia inculcar a sus hijos el respeto hacia estas prácticas.

Cecilia, madre de tres hijos, comenta que cada año acuden los Miércoles de Ceniza a la Iglesia; desde niños les fomentó esta tradición y, aunque ahora rebasan los 20 años de edad, hoy acudirán a la Catedral Metropolitana.

“Desde pequeños acostumbré a mis hijos a ir a tomar ceniza, de alguna manera es mantener viva la fe, es alimentarla con este tipo de costumbres. Polvo somos y en polvo nos convertiremos”, expresa.

El significado

El padre José de Jesús Aguilar, director de Arte Sacro de la Arquidiócesis de México, explicó que el Miércoles de Ceniza marca el inicio de la Cuaresma, por lo que es un signo de arrepentimiento y reflexión para analizar el comportamiento, los defectos y errores con nuestra familia, amigos y en el trabajo para ser mejores personas.

“Es un signo de arrepentimiento, de penitencia, pero sobre todo de conversión. Es el inicio del camino de la Cuaresma, para acompañar a Jesús desde su desierto hasta el día de su triunfo, que es el Domingo de Resurrección. Debe ser un tiempo de reflexión sobre nuestra vida, de entender a dónde vamos, de analizar cómo es nuestro comportamiento con nuestra familia y en general con todos los seres que nos rodean”, dijo.

Destacó que la Cuaresma es la festividad más importante de la fe católica porque representa el tiempo que debe transcurrir para que ocurra algo importante; es durante este periodo, añadió, en el que se recuerda que la vida es limitada, pasajera y fugaz, por lo que colocar ceniza en la frente es un recordatorio de no vivir sólo para lo material.

“Hacemos un alto en nuestra vida para realizar un balance de las obras, la idea es reconocer lo que está mal para corregirlo, qué parte está funcionado mal, cómo son nuestras relaciones, qué área estamos descuidando o nos está alejando de lo correcto”, detalló el director de la Arquidiócesis.

Fernanda Jiménez, estudiante del segundo semestre de Arquitectura en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), comentó que pese a haber crecido en una familia católica, no se siente identificada con este credo religioso y no lo practica. Destacó que el contexto alrededor de la fe católica, como los casos de pederastia, la han hecho alejarse y dejar costumbres como el Miércoles de Ceniza.

“Mi familia es muy católica, desde que era niña íbamos todos los domingos a misa, pero conforme crecí y comencé a cuestionarme muchas cosas, desde la manera en la que fue impuesta la religión católica en la Nueva España, me alejé y dejé de tener fe. Creo que no cambia nada el hecho de ir o no a que me pongan ceniza”, comentó. Para realizar las cenizas que marcan el inicio de la Cuaresma se utilizan las palmas del Domingo de Ramos de años anteriores, aunque también se pueden quemar estampas religiosas, ropa en mal estado del Niño Dios o de algún otro santo que hayan sido bendecidos. Se colocan en un cubo metálico o de cualquier otro material que no se deforme con el fuego.

José de Jesús Aguilar comentó que para iniciar el fuego basta con arrojar un cerillo al balde metálico, por lo que no es necesario emplear algún combustible. Para evitar que el humo haga daño, el presbítero recomendó tapar el recipiente hasta que el fuego se haya apagado.

Una vez que se apagó el fuego, se vacían las palmas quemadas a otro recipiente donde se puedan moler con un instrumento similar a un mortero; después las cenizas se pasan a otro contenedor más pequeño para que el polvo sea más fino.

La ceniza se prepara una semana antes en cada parroquia.

El origen

En la antigüedad, los judíos acostumbraban a cubrirse de ceniza cuando realizaban un sacrificio, mientras que el Antiguo Testamento señala que era un gesto de penitencia y de pedir perdón, por lo que representaba un signo de arrepentimiento. “Es un gesto de reconocerte pecador, y de manifestar el dolor de haber ofendido”, destaca el Sistema Informativo de la Arquidiócesis de México (Siame).

En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un “hábito penitencial”. Esto representaba su voluntad de convertirse.

En el año 384 después de Cristo, la Cuaresma adquirió un sentido penitencial, y desde el siglo XI la Iglesia de Roma acostumbra poner las cenizas al iniciar los 40 días de penitencia y de conversión.

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