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El mural que dio vuelta al mundo

Hace casi 20 años fue destruida la obra colectiva en Taniperla; resurgió como fenómeno mediático
Luego de la experiencia del mural de Taniperla, Checo Valdez, buscó repetirla varias veces. (FABIOLA ARAIZA)
06/01/2018
02:14
Montserrat Peralta
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Un policía se le fue encima a Sergio Checo Valdez para arrebatarle la grabadora en la que narraba —para que quedara testimonio— la llegada en abril de 1998 de militares y policías al pueblo de Taniperla, en Ocosingo, Chiapas. En medio de gritos, intentos de linchamiento, detenciones arbitrarias e incendios provocados, el oficial le arrebató el aparato y lo destrozó.

A lo lejos, el promotor cultural vio cómo el Ejército y policías perseguían a indígenas y observadores de derechos humanos, prendían fuego al auditorio y cocina comunitaria y destruían el mural Vida y Sueños de la Cañada del Río Perla, en el que dos días antes, bajo su dirección, habitantes de la comunidad plasmaron sus ideas, valores e identidad.

El mural era parte de la celebración por la creación del primer Municipio Autónomo Rebelde Zapatista Ricardo Flores Magón. Valdez sintió rabia ante su destrucción, pero pensó: “Algún día lo tengo que volver a hacer”.

“¿Estoy detenido? ¿Me puedo ir?”, preguntaba mientras un policía lo subía a una camioneta diciéndole que estaba “asegurado” y que no podía irse. A lo lejos, podía ver a un hombre cubierto de pies a cabeza dar órdenes. Valdez recuerda: “Fue quien nos puso el dedo, iban con la intención de detener a los miembros del concejo municipal y a todo al que identificaran como zapatista, pero no lograron hacerlo, así que detuvieron a todos los que les parecían peligrosos.”

En ese tiempo, Sergio Valdez profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) se encontraba en Taniperla para asesorar “una gran pintura comunitaria”, a petición de una de las autoridades del pueblo.

Aunque Checo nunca había trabajado con indígenas y no hablaba tzetzal, sabía que “era una oportunidad única”, pues se considera “promotor de la creatividad colectiva”.

Después del operativo que se efectuó durante la fiesta por la inauguración del municipio Ricardo Flores Magón, fueron detenidas nueve personas, entre ellas varios indígenas y Checo Valdez.

Desde el momento de su detención los tuvieron incomunicados y sin ningún informe respecto a su situación legal. Días después, fueron trasladados al penal de Cerro Hueco, Chiapas, donde se enteraron de que se les acusaba por seis delitos, dos de éstos graves, por lo que no tenían derecho a fianza.

Checo pasó un año y 12 días recluido. Durante su estancia en la cárcel, tuvo miedo de que lo torturaran: “No sabíamos que iba a pasar, estábamos indefensos con una bola de gandallas”, expresó.

Cuando se hizo público el caso, la comunidad nacional e internacional mostró solidaridad. Llegaron muchas personas a verlos, entre ellos jóvenes, ancianos, monjas, grupos políticos y estudiantes.

A la par, la comunidad universitaria de la UAM comenzó a difundir masivamente fotografías que lograron rescatarse del mural Vida y Sueños de la Cañada del Río Perla. A los pocos días, una de las extranjeras expulsada del país después del operativo en Taniperla comenzó a dirigir una réplica de la pintura en Barcelona, España.

Valdez recuerda que así fue como empezó “un fenómeno medíatico inesperado”. “De pronto, a lo largo de unos cuantos meses ya había reproducciones del mural en distintos países, entre ellos algunos como Estados Unidos, Alemania, Argentina, España, Italia, Canadá y Bélgica.

Durante su estancia en la cárcel se dio cuenta de “que valía la pena volver a intentar hacer murales con esta metodología que movilizaba a las comunidades”. Así que repitió la fórmula de Taniperla y convocó a los reos zapatistas de Cerro Hueco a realizar el mural “Tierra y Libertad”.

Sergio Valdez no se considera un pintor muralista, pero sí “un promotor comunitario”, así que cuando salió de prisión tenía la idea de buscar la manera de volver a probar la metodología. En el año 2000 se le presentó la oportunidad de realizar el mural El Lagartijero con los estudiantes de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH).

Sin miedo al pincel: Xochimilco. Valdez siguió perfeccionando la metodología del mural comunitario, cuyo objetivo es difundir y promover donde no hay, explica, el sentido de comunidad, así como fortalecerlo donde se le necesita.

En 2016, en San Gregorio Atlapulco, Xochimilco, se realizó el mural Voces y Colores de mi Pueblo, bajo el mismo concepto. Algunos de los participantes mencionan que les gustó la experiencia de compartir sus ideas, debatir, aprender la historia de su comunidad y perder el miedo al pincel.

La metodología de los murales comunitarios que asesora Checo tiene dos puntos principales: el primero es la consulta y el segundo, que el promotor sea un externo de la comunidad. También se deben buscar aliados en la misma para formar un pequeño grupo que se responsabilice del proyecto desde el inicio hasta su fin.

El grupo presenta el plan a una parte de la comunidad y hace un sondeo para orientarse con las siguientes preguntas: ¿está usted de acuerdo con el proyecto?, ¿qué considera que es importante para la comunidad? y ¿estaría dispuesto a participar?

Se convoca a la comunidad para darles los resultados y para hacerles las mismas preguntas que ahora se responden con dibujos. No es necesario que los participantes sepan dibujar, pues les van ayudando a tener acercamientos con las ideas, temas y bocetos.

Checo explica que “al mural [comunitario] se lo apropia la gente desde antes de que esté hecho”, porque todos tienen derecho a ser escuchados, a que se les tome en cuenta y saben que los resultados serán suyos.

Además, destaca que se vuelve un “monumento comunitario” que ayuda a entenderse de otra forma, ya que el grupo es el que pinta y aporta las ideas.

Otro de los objetivos de los murales comunitarios es la recuperación de la historia e identidad, así como la expresión de las aspiraciones, problemas, propuestas y posibles soluciones que enfrentan.

A partir de este trabajo colectivo hubo secuelas y los participantes tuvieron otras iniciativas, como establecer una biblioteca móvil y clubes de lectura.

Fabiola Araiza, participante en este tipo de obras, señala a este diario que, desde su punto de vista, la pintura contribuye a generar autonomía, así como a fortalecer el sentido comunitario, el respeto colectivo y la autogestión en la sociedad.

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