El miedo que se siembra en política

A Antonia Jaimes y a Dulce Rejaba las asesinaron tras haberse postulado
En Chilapa, Guerrero, desde hace cuatro años existe una disputa por esa región entre los grupos criminales Los Ardillos y Los Rojos. Foto: ARCHIVO EL UNIVERSAL
02/04/2018
03:58
Arturo de Dios Palma
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Chilpancingo Gro.—Cuando los dos sicarios le dieron los cuatro tiros a Antonia Jaimes Moctezuma no tenía posibilidades de ser la candidata del PRD por el distrito de Chilapa.

Apenas unos días atrás en el consejo estatal del sol azteca, las cúpulas optaron por Carmen Mojica, una integrante de las corrientes más fuertes en ese estado: Grupo Guerrero, que su líder dejó hace unas semanas porque no le dieron la candidatura a la alcaldía de Acapulco.

Era mediodía de aquel 21 de febrero. Dos hombres ingresaron al restaurante El Toreo y preguntaron por la propietaria, querían información sobre un banquete. Antonia Jaimes salió de la cocina y cuando estuvo en la recepción, los armados no dudaron: le soltaron cuatro tiros en el pecho, las piernas y los brazos.

La perredista murió en el instante, no hubo tiempo para que la auxiliaran y fuera trasladada a un hospital.

Antonia Jaimes se registró en el proceso interno del PRD como precandidata a la diputación local por el distrito 25 con sede en Chilapa. Pertenecía a una corriente nueva: Movimiento Alternativo Social, que dirige Bernardo Jiménez Ortega.

El nombre de Jiménez Ortega en los últimos años ha estado en la boca de todos. El accionar de sus hermanos, Iván, Antonio y Celso, Los Ardillos, lo ha seguido a todas partes.

Los Ardillos están escribiendo una de las historias más sangrientas de Guerrero y, sobre todo, en Chilapa. Desde hace cuatro años están en una disputa con el bando de Los Rojos por el control de la región. Ese conflicto ha sacudido a la población a punta de muertes, balaceras y desapariciones.

Bernardo Ortega ha dicho reiteradamente que desconoce las acciones criminales de sus hermanos, incluso, ha insistido en decir que hace tiempo que no los ve.

Que el PRD no la haya escogido como candidata tenía tranquila a Antonia Jaimes. En los días que la asesinaron se preparaba para un semiretiro de la política. Sus planes, junto con los de su esposo, estaban en un sueño de muchos años: consolidar su negocio, el restaurante El Toreo.

Sabía que la campaña le quitaría mucho tiempo; sin embargo, decidió participar por petición de Bernardo Ortega, quien buscaba tener la mayor representación en las mesas de negociaciones.

Cuatro días después, en un camino rural de la comunidad de Atzacualoya, en Chilapa, apareció sin vida el cuerpo de Dulce Rejaba Pedro, una joven de 27 años de edad que se registró en el PRI como precandidata a diputada por el Distrito 25.

Ella tampoco tenía posibilidades, el tricolor había nombrado a una política de trayectoria, Alicia Zamora como abanderada.

Ambos casos sembraron el miedo en los demás candidatos.

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