Sergio Moro, el juez que sentenció a Lula a prisión y polarizó a Brasil

Mientras algunos lo ven como un paladín anticorrupción y responsable de destapar el mayor escándalo político en la historia de Brasil a través de la "Operación Lava Jato", otros critican su exceso de protagonismo y sus presuntos nexos con la cúpula del poder
Sergio Moro, el juez que sentenció a Lula a prisión y polarizó a Brasil
(Foto: AFP)
06/04/2018
17:43
AP y AFP
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Sergio Moro, el juez que ha dictado un auto de prisión contra el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva y el responsable de destapar el mayor escándalo político en la historia de Brasil a través de la "Operación Lava Jato" (lavado de autos), es una figura pública que polariza al país sudamericano.

De un lado se encuentran los que aplauden la gestión de este abogado -prácticamente desconocido hasta hace tres años- por enfrentar a la clase política y a la elite empresarial al investigar una red de sobornos con fondos públicos de Petrobras.

Pero también hay quien lo acusa de actuar de manera "populista" y parcial en la investigación del caso de corrupción y lavado de dinero que involucra a decenas de figuras públicas de Brasil.

Un sector de la izquierda considera que ha perseguido con saña a los políticos del Partido de los Trabajadores (PT), al que pertenecen Lula y Dilma Rousseff, mientras que ha eludido las acusaciones que apuntan al Partido Social Demócrata de Brasil (PSDB), el principal grupo de la derecha.

El expresidente llegó anoche a decir que el auto de prisión que Moro redactó en su contra -en apenas 20 minutos- es "absurdo" y responde al "sueño" del juez de verle en la cárcel "por un día".

Muchos creen que Moro quiere ser la versión moderna del juez Giovanni Falcone, asesinado por la mafia en 1992 y que tuvo a su cargo la operación "Manos limpias", un proceso que revolucionó a la clase política italiana en los 90 y que aplicó las técnicas de "delación premiada" que también empleó el magistrado brasileño.

Este abogado de 45 años que ya era considerado un experto en casos relacionados con lavado de dinero, saltó a la fama en 2014 con la "Operación Lava Jato", que ha cobrado una dimensión inédita en Brasil por el desvío de más de 4 mil millones de dólares en fraudes con Petrobras.

LULA: "MORO ESTABA CONDENADO A CONDENARME"
El interrogatorio al que lo sometió en mayo de 2017 fue una confrontación entre dos universos que en Brasil parecen totalmente ajenos entre sí: el que está saturado por la corrupción y el que está indignado por la miseria.

"Señor Presidente, quiero dejar claro que pese a algunas versiones, no existe de mi parte ninguna desavenencia personal con usted. El desenlace del juicio provendrá de las pruebas y de la ley", recalcó antes de iniciar el interrogatorio del fundador del Partido de los Trabajadores (PT).

Cuando le preguntó si se siente responsable por la red de sobornos que se desveló en Petrobras, Lula repuso: "Doctor Moro ¿se siente usted responsable de que la Operación Lava Jato destruyera la industria de la construcción civil? ¿Se siente responsable por las [centenas de miles] personas que perdieron sus empleos en el sector del petróleo y el gas y de la construcción civil?".

Tras ser condenado como propietario de un apartamento ofrecido por la constructora OAS para ganar licitaciones en la estatal petrolera, Lula afirmó: "El juez Sergio Moro, rehén de los medios, estaba condenado a condenarme. Los fiscales, presa de megalomanía, aseguran que el Partido de los Trabajadores (PT) quería el poder para robar".

El cara a cara entre estos dos íconos antagónicos de Brasil empezó en marzo de 2016, cuando Moro ordenó a la policía irrumpir en casa de Lula en Sao Bernardo do Campo (Sao Paulo) para llevarlo a declarar por la fuerza.

Ese mismo mes, el magistrado divulgó una conversación entre el exmandatario y su sucesora Dilma Rousseff (2011-2016), que sugería que ésta buscaba nombrarlo ministro para darle fueros que lo protegieran de la justicia ordinaria.

Lula juró su nuevo cargo, pero nunca pudo asumir.

"Yo, sinceramente, estoy asustado con la República de Curitiba. Porque a partir de un juez de primera instancia todo puede ocurrir en este país", afirmó Lula en una conversación telefónica pinchada y difundida con autorización del propio juez.

En una entrevista con la AFP en marzo, Lula criticó a la "fuerza tarea" de los investigadores de Lava Jato, afirmando que "en verdad, quieren criminalizar la política".

"MANOS LIMPIAS"
Moro nació hace 45 años en Maringá (Paraná, sur) y allí se licenció en Derecho, convirtiéndose en juez en 1996. Doctor y profesor universitario, completó su formación en la prestigiosa Harvard.

Muchos de sus pares lo definen como un magistrado rápido para decidir, preparado y resuelto. Sus detractores lo juzgan abusivo en el uso de las prisiones preventivas o de las delaciones premiadas.

Fascinado por descifrar los caminos del dinero sucio, al astro de la justicia brasileña siempre le deslumbró la histórica operación "Mani Pulite" (Manos Limpias), que desarticuló una compleja red de corrupción en la Italia de los 90.

La imagen de un juez preocupado ante todo por un mundo más justo se vio empañada este año, cuando justificó el polémico subsidio de residencia que los magistrados reciben, aunque residan en viviendas de su propiedad en sus ciudades de origen.

Ese subsidio, declaró, "compensa la ausencia de reajustes salariales desde el 1º de enero de 2015".

Moro está casado con Rosângela Wolff, una ardiente defensora de su marido en las redes sociales, con quien tiene dos hijos.

La "Lava Jato" ha proyectado su figura tanto dentro como fuera de Brasil hasta el punto de que apareció en la lista de las 100 personas más influyentes del mundo de la revista "Time" en 2016 y entre los 50 líderes con mayor influencia de Fortune.

Muchos critican precisamente su exceso de protagonismo y su presunta proximidad con la cúpula del poder, que le ha reconocido con la medalla del Mérito Militar, avalada por el ministro de Defensa. 

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