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​Renuncia de Curzio llega al NYT

En su análisis, el NYT resalta que en México el 38% del gasto hecho en 2016 en publicidad televisiva y más del 16% de la publicidad en radio proviene del gobierno
(Foto: Juan Carlos Reyes García/EL UNIVERSAL)
07/10/2017
18:32
Redacción
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La renuncia de Leonardo Curzio al noticiero Enfoque y a la dirección de Noticias de Núcleo Radio Mil,  según el diario estadounidense The New York Times, representa "un paso excepcional en el problemático paisaje mediático de México”.

El pasado jueves, como lo ha hecho durante más de una década, el programa de radio de Leonardo Curzio fue centro del debate, estableció el periódico neoyorquino.

En esta ocasión fue porque el periodista anunció que abandonaba la estación luego de que el presidente de la emisora NRM, Edilberto Huesca, le pidiera “las cabezas” de dos de sus colaboradores, los analistas políticos María Amparo Casar y a Ricardo Raphael, relata el rotativo.

Todo ello ocurrió, describe el Times, luego de que el equipo de analistas de Curzio criticó duramente las propuestas presentadas por los partidos políticos, entre ellos el PRI, para encaminar los fondos de las campañas electorales a las víctimas de los sismos de septiembre y para eliminar a los diputados y senadores plurinominales.

La renuncia del locutor ha perturbado a los círculos de la política y los medios en México, y él y sus co anfitriones no han dudado en denunciar, en varias entrevistas que han dado los últimos días, la influencia del gobierno sobre los medios de comunicación del país, detalla el diario.

En su análisis, el NYT resalta que en México el 38% del gasto hecho en 2016 en publicidad televisiva y más del 16% de la publicidad en radio proviene del gobierno, lo que hace que muchas empresas mediáticas dependan mucho de los fondos gubernamentales.

Los anuncios pagados por las autoridades federales, estatales y locales en los medios de comunicación del país suman unos 2 mil millones de dólares de 2013 a 2016, los primeros tres años de la administración de Peña Nieto, según datos proporcionados por el gobierno.

Y es justo este dinero, señala The New York Times, “una de las restricciones más severas a la libertad de expresión que enfrentan los medios de comunicación, provocando que reporteros y editores sean a menudo sometidos a la influencia del gobierno, que periodistas abiertamente críticos sean despedidos, que historias negativas sean censuradas y que informes de investigación sean frustrados”.

Sin embargo, el gobierno mexicano ha negado tener tal control en los medios.

“El gobierno federal respeta y valora plenamente la libertad de expresión que caracteriza a la democracia mexicana y, por esa razón, no interviene de manera alguna en las relaciones laborales o las políticas editoriales de los medios”, según señaló un comunicado de Presidencia.

En este, se señalaba que la oficina de comunicación social y el portavoz del presidente valoran las contribuciones profesionales de Curzio, Casar y Raphael, y acogen con beneplácito sus puntos de vista críticos publicados en diversos medios.

Según los datos recopilados por Fundar, un grupo de investigación sin fines de lucro, NRM Comunicaciones recibió alrededor de 7 millones de dólares de gasto público en publicidad en 2016.

Los tres ahora ex empleados de la cadena de radio dijeron que no tenían pruebas sólidas de que el gobierno estaba detrás de la cancelación del programa. Pero no es la primera vez que su trabajo se ha visto afectado por el gobierno.

Casar, por ejemplo, es la cofundadora de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), una organización sin fines de lucro que ha tomado como objeto de análisis las malas prácticas en el gobierno en muchos ámbitos. El propio presidente Peña Nieto, asegura el NYT, ha tratado de presionar a su co fundador de MCCI, Claudio González, para que cese sus críticas.

El diario estadounidense detalla que el gobierno también ha iniciado auditorías a diversas organizaciones sin fines de lucro y otras instituciones a las que está asociado González.

El gobierno federal negó haber intentado intimidar a la familia González, o a cualquier otro crítico en México.

Aunque Casar enfatizó que no podía probar que había habido coacción o presión del gobierno federal en su despido, agregó que "sí parece censura".

"Todo el asunto tiene que ver con la relación desequilibrada entre el poder y los medios en México, donde la mayoría de los medios dependen y viven de la publicidad oficial. Somos una nación que no ha podido cultivar las virtudes de la democracia, como la libertad de expresión, el debate y la deliberación pública”, señaló a The New York Times.

IGC

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