Papa pide combatir feminicidios en América

Insta a repudiar cualquier forma de violencia y al crimen organizado; esta tarde culmina su visita a Perú y regresa a Ciudad del Vaticano
El papa Francisco ofició ayer una misa multitudinaria en la playa de Huanchaco, a las afueras de la ciudad de Trujillo. (EFE)
21/01/2018
01:19
José Meléndez / corresponsal
Lima.
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El papa Francisco pidió ayer en el norte de Perú combatir la “plaga” de los feminicidios en América, instó a promover una “cultura de repudio” a cualquier forma de violencia y fustigó al crimen organizado, al sicariato, a la inseguridad y a la “falta” de oportunidades educativas y laborales para los jóvenes, y de techo seguro para numerosas familias.

En una multitudinaria celebración mariana ayer en la tarde en la Plaza de Armas de la norteña ciudad de Trujillo con la que finalizó su visita a esa urbe, el Papa exhortó, a nombre de madres y abuelas, “a luchar contra una plaga que afecta a nuestro continente americano: los numerosos casos de feminicidios. Y son muchas las situaciones de violencia que quedan silenciadas detrás de tantas paredes”.

“Los invito a luchar contra esta fuente de sufrimiento pidiendo que se promueva una legislación y una cultura de repudio a toda forma de violencia”, afirmó en un acto en el que declaró “Madre de la Misericordia y de la Esperanza” a la Virgen de la Puerta, advocación mariana que tiene su santuario en Otuzco, en la sierra de Trujillo.

En una homilía en la mañana, ante cerca de un millón de personas en la primera misa que ofició en la gira que inició el pasado jueves a Perú y finalizará hoy, Francisco alertó que hay “otras tormentas” que atacan a las costas peruanas y se unen al impacto de un severo fenómeno climatológico que golpeó a este país en 2017.

“Los peruanos no tienen derecho a dejarse robar la esperanza”, aclaró.

Al recordar los daños provocados principalmente en el norte por el Niño costero, que causó fuertes aguaceros e inundaciones con saldo de muertos, heridos, centenares de miles de damnificados y cuantiosas pérdidas, afirmó que “otras tormentas pueden estar azotando estas costas y, en la vida de los hijos de estas tierras, tienen efectos devastadores. Tormentas que también nos cuestionan como comunidad y ponen en juego el valor de nuestro espíritu”.

De seguido, puntualizó: “Se llaman violencia organizada como el ‘sicariato’ y la inseguridad que esto genera; la falta de oportunidades educativas y laborales, especialmente en los más jóvenes, que les impide construir un futuro con dignidad; la falta de techo seguro para tantas familias forzadas a vivir en zonas de alta inestabilidad y sin accesos seguros”.

Procedente de Lima, Francisco llegó ayer en la mañana a Trujillo, capital del norteño departamento de La Libertad y ciudad costera frente al Océano Pacífico, en su segundo viaje al interior del país, ya que el viernes fue a Puerto Maldonado, en el sureste peruano.

Trujillo le ofreció una bienvenida multitudinaria en sus recorridos en el papamovil, antes y después de la misa, y en las demás actividades de su intenso itinerario. Ayer al final del atardecer retornó a esta capital, ya que durante su periplo durmió las tres noches en la Nunciatura Apostólica, en el distrito limeño de Jesús María.

Tras acudir a la Catedral de Trujillo, se reunió con sacerdotes, religiosos y seminaristas de las circunscripciones eclesiásticas del norte de Perú en un seminario. Allí aconsejó a los que ocupen misiones en el servicio de la autoridad: “No caigamos en la trampa de una autoridad que se vuelva autoritarismo por olvidarse que, ante todo, es una misión de servicio”.

En un discurso en el que frecuentemente se salió del texto original, improvisó y mostró un fino y aplaudido sentido del humor, recordó que “nuestras vocaciones son una llamada de amor para amar, para servir, no para sacar tajada para nosotros mismos”.

Francisco cumplirá hoy en Lima la cuarta jornada de un recorrido de poco más de 72 horas por Perú. Lima está lista para acogerlo y despedirlo: la agenda oficial prevé que viajará a las 18:45 horas locales de hoy (17:45 en el centro de México) de regreso a Roma.

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