Al advertir que “el diablo entra por el bolsillo”, el papa Francisco confrontó en su jornada de ayer en Colombia a la jerarquía católica y la sacudió al instarla a dejar “comodidades y apegos” y a “ensuciarse, mancharse”, y pidió “estar atentos” a la corrupción en “los hombres y mujeres que están en la Iglesia”, porque “no se puede servir a Dios y al dinero”.

“Todos nosotros tenemos que estar atentos porque la corrupción en los hombres y mujeres que están en la Iglesia [católica] empieza así, poco a poco” y “se enraiza en el corazón y acaba desalojando a Dios de la propia vida”, afirmó Francisco, al alertar del choque entre Dios y dinero y que “no podemos aprovecharnos de nuestra condición religiosa y de la bondad de nuestro pueblo para ser servidos y obtener beneficios materiales”.

La sacudida fue hecha por el Papa ayer en tres mensajes en Medellín, capital del noroccidental departamento de Antioquia y adonde llegó en la mañana procedente de Bogotá para cumplir con el tercer y penúltimo día completo de la visita apostólica a Colombia que inició el pasado miércoles por la tarde y concluirá hoy en la noche en Cartagena de Indias, capital del norteño departamento de Bolívar, sobre el mar Caribe, y desde donde viajará a Roma.

En una homilía matutina en Medellín, Francisco afirmó que “como Jesús ‘zarandeaba’ a los doctores de la ley para que salieran de su rigidez, ahora también la Iglesia es ‘zarandeada’ por el Espíritu para que deje sus comodidades y apegos. La renovación no nos debe dar miedo. La Iglesia está siempre en renovación”.

“No se renueva a su antojo”, sino de manera “firme y bien fundada en la fe, sin apartarse de la esperanza”, aclaró, al subrayar: “La renovación supone sacrificio y valentía, no para considerarse mejores o más pulcros, sino para responder mejor al llamado del Señor”.

De seguido, y en una reafirmación del elemento central de su viaje a este país —afianzar la paz luego de más de 52 años de guerra— el Pontífice recordó: “Y en Colombia hay tantas situaciones que reclaman de los discípulos el estilo de vida de Jesús, particularmente el amor convertido en hechos de no violencia, de reconciliación y de paz”.

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En un discurso vespertino, recordó que “hay situaciones, estilos y opciones que muestran los signos de sequedad y de muerte” y que “el veneno de la mentira, el ocultamiento, la manipulación y el abuso al pueblo de Dios, a los frágiles y especialmente a los ancianos y niños no pueden tener cabida en nuestra comunidad”.

Mancharse. Tras una multitudinaria bienvenida, el líder mundial del catolicismo exhortó a la cúpula eclesiástica colombiana a “ir a lo esencial”, a “renovarse” y a “involucrarse” o “ensuciarse, mancharse”.

En sus actividades de ayer en la tarde en Medellín, visitó la Casa Familia San José, que alberga niños y niñas abandonadas o en situación desfavorable. Luego asistió a La Macarena, centro de actividades especiales, donde explicó a sacerdotes, religiosos, consagrados, seminaristas y sus familias que “el llamado de Dios no es una carga pesada que nos roba la alegría”.

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“Dios no nos quiere sumidos en la tristeza” ni en “el cansancio”, les dijo. Tristeza y cansancio, añadió, “vienen de las actividades mal vividas, sin una espiritualidad que haga feliz nuestra vida y aun nuestras fatigas”. En el palco del centro estuvieron expuestas las reliquias de la Madre Laura, primera santa colombiana, canonizada por Francisco en 2013 y nacida en 1874 como María Laura de Jesús Montoya Upegui precisamente en Antioquia. En 2004 fue declarada beata de la Iglesia católica al atribuírsele un milagro por su intercesión y en 2012 se reveló un segundo milagro.

Francisco regresó anoche a la Nunciatura Apostólica, en Bogotá, donde ha dormido durante su estancia en Colombia, y, en una reafirmación del matrimonio tradicional entre un hombre y una mujer, en la acera del portón de esa legación diplomática fue recibido por parejas de recién casados y otras que celebran bodas de oro (50 años) y de plata (25).

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