En la era Trump, una declaración de guerra

Los periódicos han ganado en credibilidad, pese a los golpes lanzados por el magnate
Estadounidenses se manifestaron a favor de la prensa afuera de la sede del New York Times el pasado 26 de febrero. (KENA BETANCUR. AFP)
26/11/2017
02:43
Víctor Sancho / Corresponsal
Washington.
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Pocos son los días en los que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, o alguno de sus acólitos no critican, insultan o amenazan a la prensa, acusándola de sesgada y de informar de noticias falsas, las denominadas fake news. El acoso hacia los periodistas, constante, ha demonizado al llamado cuarto poder, llevando la relación entre los medios de comunicación y el ejecutivo a una tensión desmesurada.

La campaña de demonización a la prensa sirvió a Trump para enarbolar a su base electoral, algo que para el experto Todd Gitlin es una táctica de “un aspirante a tirano [que quiere] tener un enemigo visible”.

Según Gitlin, profesor de periodismo y sociología en la Universidad de Columbia, “los medios tradicionales todavía importan”, aunque ahora necesitan de las redes sociales para dar significado a su trabajo.

Un trabajo que, gracias a la guerra con el presidente y las victorias conseguidas por grandes medios en cuanto a destapar escándalos e incluso la dimisión de altos cargos del gobierno, ha beneficiado al estamento mediático. Grandes diarios como The New York Times o The Washington Post, han ganado en circulación, suscriptores e influencia desde que Trump ganó, dice Gitlin a EL UNIVERSAL.

“[Trump] sólo ha intensificado la credibilidad en reacción a sus insultos y falsedades”, resume Gitlin.

Opina de la misma manera Joe Peyronnin, profesor de periodismo en la Hofstra University y ex directivo de canales televisivos como Telemundo, Fox News y CBS News. “La prensa siempre está peleando con la percepción pública, y como mensajero, a veces se lleva la peor parte de los ataques. Deberían hacer su trabajo como reporteros sin importar cuán duro es, porque es su primer deber con el público estadounidense”, analiza en declaraciones a este diario.

Añade que incluso los jóvenes están buscando “información confiable” en medios tradicionales, reconociendo que las redes sociales “no proveen información significativa”.

Ninguno de los dos duda del poder que todavía tienen los periodistas con sus reportes. “Las grandes organizaciones de noticias continúan funcionando como cuarto poder, sólo tienen que dejar su trabajo a los periodistas y no entrar en peleas insignificantes con la Casa Blanca”, recomienda Peyronnin.

Para este experto, la guerra contra los medios y el mantra de las fake news han sido positivos para los reporteros, ya que los ha obligado a “aplicar los estándares más altos del periodismo” en su trabajo y a “asegurarse que sus historias pueden soportar un escrutinio intenso”. “Tienen que ser más cuidadosos que nunca”, detalla.

En el aspecto del escrutinio, pero en la dirección opuesta, sorprendieron hace unas semanas las declaraciones del ex presidente Jimmy Carter (1973-1977), quien dijo que Trump era muy probablemente el presidente “más escrutinizado” de la historia.

Ambos expertos consultados por este diario coinciden con Carter; también tienen una explicación para ello: la anormalidad que ha representado que el magnate esté en la Casa Blanca, y el “deber” de los medios de ser el cuarto poder de la sociedad.

“Probablemente es cierto. Ningún presidente ha sido tan corrupto, tan incompetente, tan bruto, tan entramado con una carrera meritoria de criminalidad como Trump. Si los medios no le estuvieran escrutando más de cerca que a cualquier presidente anterior, estarían siendo negligentes con su deber”, resume Gitlin.

Peyronnin tiene la fórmula para que la Casa Blanca no se pueda quejar del escrutinio que recibe el presidente: “Quitar Twitter” a Trump y “evitar que haga comentarios estúpidos e infantiles”. “Trump ha hecho un lío de su presidencia y es el rol de la prensa escribir sobre ello”, concluye el experto, quien considera que el uso “obsesivo” de Twitter por parte de Trump es “peligroso”, “temerario” e incluso “infantil”.

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