El primer paso del tercer Pontífice que visita Colombia

Tras los viajes de Paulo VI y Juan Pablo II, el actual jerarca busca dejar una huella de paz
Un hombre vende souvenirs afuera de la Catedral de Bogotá, ante la próxima visita del papa Francisco. (HENRY ROMERO. REUTERS)
03/09/2017
01:51
José Meléndez / corresponsal
Bogotá
-A +A

Cuando el papa Paulo VI llegó en agosto de 1968 a Colombia, el conflicto armado estaba en pañales, con apenas cuatro años de iniciado por las guerrillas izquierdistas. En su visita del 22 al 24 de agosto a Bogotá, que convirtió a Colombia en el primer país de América Latina y el Caribe en recibir a un Pontífice, se ganó a campesinos, estudiantes, trabajadores, empresarios y autoridades.

Cuando el Papa Juan Pablo II arribó, en julio de 1986, la guerra civil tenía mayoría de edad y estaba desbordada por un archipiélago de flancos con narcotraficantes, en una confusa mezcla con rebeldes comunistas y en choque con paramilitares derechistas y fuerzas estatales de seguridad. Durante los siete días que recorrió 10 ciudades colombianas, que fueron llamados “Los siete días blancos”, fustigó al narcotráfico, instó a las guerrillas a dejar las armas y clamó por los menos favorecidos.

Cuando el papa Francisco aterrice el próximo miércoles, la conflagración bélica será el recuerdo de un conflicto que murió en 2016 con 52 años y unos meses de existencia como trascendental referencia histórica. En su recorrido, del 6 a 10 de septiembre por cinco ciudades, denominado “Demos el primer paso”, podría dejar una huella de paz.

“Dar el primer paso significará reconocer el sufrimiento de otros, perdonar a quienes nos han herido, volvernos a encontrar como colombianos, entender el dolor de los que han sufrido, sanar nuestro corazón, descubrir el país que se esconde detrás de las montañas y construirlo en paz”, dijo monseñor Fabio Suescún Mutis, director ejecutivo de la visita en una declaración que publicó en el sitio digital oficial de la visita.

“La visita del papa Francisco es un momento de gracia y alegría para soñar con la posibilidad de transformar nuestro país y dar el primer paso” y, como misionero de reconciliación, su presencia “nos ayudará a descubrir que sí es posible volver a unirnos como nación, mirándonos de nuevo con ojos de esperanza y misericordia”, añadió Suescún, obispo del Ordinariato Militar o Diócesis Castrense de Colombia.

Irreversible. La visita apostólica del primer Papa latinoamericano a Colombia ratificará que la ruta de la pacificación en el país es un hecho irreversible.

La paz aspira a consolidarse como marca colombiana con un pendiente: que el gobierno y el guerrillero Ejército de Liberación Nacional (ELN) —todavía en armas— avancen en la negociación que llevan en Ecuador.

El antecedente es el debate que las ahora ex insurgentes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el gobierno del presidente colombiano Juan Manuel Santos, desarrollaron en Cuba desde noviembre de 2012 para llegar en noviembre de 2016 a suscribir un acuerdo de paz.

Con un cese al fuego y de hostilidades bilaterales decretado por las dos partes el 29 de agosto de 2016, el acuerdo —ratificado en diciembre de 2016 por el Congreso de Colombia— permitió que este año se desarmaran las FARC para transformarse en un partido político legal y se desmovilice a más de 7 mil insurgentes para su reinserción social.

Sin ignorar la urgencia de acabar con la guerra, la sociedad colombiana está profundamente polarizada en aceptar o rechazar la vía que Santos y las FARC siguieron para llegar a la paz. La duda es si Francisco podrá disuadir a los escépticos que, entre otros reclamos, consideran que hubo exceso de concesiones a la insurgencia.

“En términos políticos, es muy poco lo que el Papa puede hacer en el proceso de paz”, dijo Jorge Restrepo, director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos, de Bogotá.

“Poco pudo hacer en el pasado la Iglesia católica de Colombia para catalizar una salida negociada al conflicto. El país está en una polarización característica de una sociedad que ha logrado terminar el conflicto: las heridas que quedan son tan profundas que es muy difícil que una visita apostólica logre establecer unos puentes y restañar esas enormes diferencias”, añadió, al ser consultado por EL UNIVERSAL.

“Se requeriría una intercesión, y utilizo esa palabra de manera deliberada, casi que milagrosa para que las enormes brechas entre quienes están en contra de la manera como se negoció la terminación del conflicto con las FARC y quienes la apoyan, logren acercarse con la visita del Papa”, alertó, al recordar que la construcción de la paz se basa “en el perdón, la reconciliación y la búsqueda de justicia”.

Así, a la expectativa de acontecimientos, los colombianos esperan el primer paso del tercer Papa que visita Colombia en 49 años.

 

Mantente al día con el boletín de El Universal

 

COMENTARIOS