Desafía Mugabe a opositores que piden su salida

Llama a la ‘normallidad’ en discurso en el que debía dimitir; horas antes se anunció su expulsión del partido en el poder
El presidente de Zimbabue, Robert Mugabe (der.), saluda al general del Ejército Constantino Chiwenga antes de pronunciar su discurso en cadena nacional la tarde de ayer en la ciudad de Harare (AP)
20/11/2017
04:47
EFE
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Harare Muchos creían que hoy sería el final de una era: tras 37 años en el poder, el presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, abandonado hasta por su partido, leyó un discurso televisado en el que todos esperaban su renuncia, pero el veterano mandatario no sólo no dimitió, sino que pidió una “vuelta a la normalidad”.

Los acontecimientos parecían no dejar otra opción que su salida del poder: su partido lo destituyó ayer como líder y anunció que, si no dimitía antes de las 12:00 hora local (10:00 GMT) de hoy, presentaría una moción de censura contra él en el Parlamento.

El líder de los veteranos de guerra, Christopher Mutsvangwa, aseguró ayer que Mugabe estaba “intentando negociar una salida digna” que finalmente no se ha producido.

Carente de apoyo político o popular, el mismo Ejército que lo mantiene bajo arresto domiciliario desde el martes parece ser el único que ha permitido que continúe como presidente como mínimo una noche más. De hecho, los altos mandos de las Fuerzas Armadas, quienes lo acompañaban durante su discurso, aplaudieron cuando terminó.

Los medios anticipaban que Mugabe había aceptado dimitir, pero ni siquiera hizo alusión a la posibilidad, y aseguró que la intervención militar “nunca ha representado una amenaza” contra el “orden constitucional” ni contra su “autoridad como jefe de Estado, ni siquiera como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas”.

“Hubo algunos incidentes aquí y allá, pero fueron corregidos, afortunadamente en poco tiempo, y los pilares del orden se sostuvieron”, fue todo lo que dijo al respecto.

El todavía presidente perdió el hilo de su discurso en varias ocasiones y el jefe del Ejército, Constantine Chiwenga, sentado a su lado, le señalaba qué página debía leer a continuación, aunque se saltó varias partes.

“Es un discurso muy largo”, se excusó el jefe de Estado, de 93 años.

Aunque aseguró que “tiene en cuenta” las quejas formuladas por los diferentes estratos de la sociedad, Mugabe intentó proyectar un mensaje de tranquilidad e insistió en “la necesidad de llevar a cabo acciones para devolver” al “país a la normalidad”.

“Debemos aprender a perdonar y resolver nuestras diferencias con libertad, disciplina y contención”, agregó Mugabe.

Sobre las purgas en su partido (la Unión Nacional Africana de Zimbabue-Frente Patriótico, ZANU-PF), como la salida del ex vicepresidente Emmerson Mnangagwa, que desencadenó las operaciones militares, el aún presidente reconoció que la formación “estaba fallando” en el cumplimiento “de sus propias reglas y procedimientos”.

Habló sobre el deterioro de la economía como consecuencia de las rencillas internas, pero no sobre su esposa Grace, quien es considerada la principal instigadora de estas “purgas” con el objetivo de convertirse en la única aspirante a sucesora en el poder.

La primera dama también permanece bajo arresto domiciliario mientras que sus aliados han sido detenidos, incluidos varios ministros.

Todos ellos también fueron expulsados ayer de la ZANU-PF y el Comité Central de la formación política aseguró que serían procesados.

En su discurso, Mugabe habló sobre el partido, pero no sobre su cese como número uno. De hecho, Mugabe anunció que presidirá el congreso nacional de la ZANU-PF —que tendrá lugar en diciembre—, durante el cual la formación supuestamente ratificaría el nombramiento de Mnangagwa como su líder y candidato para las presidenciales de 2018, de acuerdo con los informes dados a conocer ayer.

El próximo movimiento a vigilar es precisamente el del partido: si no cumple su ultimátum de presentar una moción de censura ante la no dimisión de Mugabe, es previsible que el mandatario se quede en el cargo hasta el Congreso, en el que entregaría el poder a Mnangagwa en una maniobra para legitimar el cambio en la presidencia ante la comunidad internacional.

Los medios locales aseguran que las calles de la capital, Harare, están desiertas. Lo que iba a ser una fiesta tras la más que segura caída definitiva de Mugabe se ha transformado en estupor para unos ciudadanos que no aceptarán fácilmente que el mandatario, en el poder desde 1980, continúe por mucho tiempo en la presidencia. EFE

 

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