Con la UE, prevalece relación de desconfianza

La política de “America First” hizo emerger las dificultades en la cooperación y el consenso con los países del Viejo Continente
En contra. En varios países de Europa se han realizado protestas contra las políticas impulsadas por Donald Trump. (ARCHIVO EFE)
14/01/2018
01:06
Inder Bugarin / Corresponsal
Bruselas.
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El antagonismo y la desconfianza han marcado las relaciones entre la Europa rica y Estados Unidos durante el primer año de la administración del presidente Donald Trump.

Si bien los analistas aún no pueden descifrar sobre cuál es la “política europea” de Trump, es claro que los lazos trasatlánticos se han visto alterados por la adopción de posturas con potencial de tener serias implicaciones para el comercio, las relaciones internacionales y la seguridad. “Complicadas, es el mejor término para definir las actuales relaciones entre Europa y Estados Unidos”, dice Ruud Janssens, profesor de estudios estadounidenses de la Universidad de Ámsterdam, a EL UNIVERSAL. “Trump ha sido hasta ahora factor de distanciamiento, tensión, controversia y conflicto”, continúa.

En 12 meses de administración Trump han emergido dificultades en prácticamente todos los rubros de la cooperación entre dos aliados históricos. En el ámbito diplomático ha prevalecido el trato diferenciado: Trump ha arropado a los regímenes de Hungría y Polonia, que tienen en curso una ofensiva contra la independencia del poder judicial y la libertad de expresión, mientras que con el eje francoalemán el acercamiento ha sido desigual; con el presidente francés Emmanuel Macron mantuvo un efusivo apretón de manos de casi medio minuto, mientras que a la canciller alemana Angela Merkel le negó darle la mano ante las cámaras.

Ni siquiera con la incondicional y compatible Gran Bretaña ha mantenido una relación exenta de incidentes. El más reciente desaire de Trump a la premier Theresa May fue la cancelación de la visita de Estado para inaugurar a principios de este año la nueva embajada estadounidense en Londres.

En el rubro comercial, el plan para integrar las dos mayores economías del mundo —ambas conforman la mitad del PIB mundial y un tercio de los flujos comerciales planetarios— fue enviado a la congeladora. Las negociaciones de la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión arrancaron a finales de 2013 y, tras 15 rondas las negociaciones, fueron suspendidas por Trump, quien tiene una particular obsesión con el déficit comercial.

En el dossier de la seguridad ha predominado la incertidumbre. En su primera visita a la OTAN, rompiendo con la tradición de todos sus predecesores, no comprometió públicamente a EU con el Artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, pilar de la defensa colectiva. En cambio, acusó a los europeos de no pagar sus cuentas. Los 29 Estados miembros se comprometieron a destinar al sector de la defensa 2% de su PIB para el año 2024. En 2017, sólo cinco europeos cubrían la cuota.

En el espectro ambiental el rompimiento ha sido absoluto luego de que Trump abandonara el Acuerdo de París. Son múltiples los frentes abiertos por el unilateralismo de Trump, desde la salida de la Unesco y el arranque del proceso para echar abajo el acuerdo nuclear con Irán, hasta el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel y el endurecimiento de las sanciones contra Cuba.

Janssens no identifica ninguna política impulsada por Trump que haya promovido los lazos entre Washington y Bruselas. “Trump no es convencional, desde el punto de vista estadounidense representa un nuevo enfoque hacia las relaciones internacionales, pero hasta ahora no ha contribuido en nada en el ámbito de la cooperación internacional”, sostiene.

“La visión de Trump es la de un mundo en conflicto permanente, por lo que le resulta muy difícil trabajar en un contexto de cooperación y consenso. Con Trump no sólo es ‘America Primero’, sino que todos los países son sus competidores”.

En este segundo año de la administración Trump, los temas más inquietantes son Irán y Corea del Norte.

Para Janssens, no todo ha sido retroceso desde el aterrizaje de Trump en Washington. La Unión Europea ha aprovechado para acelerar relaciones comerciales con Asia, recuperar el liderazgo en la lucha contra el cambio climático y retomar viejas ambiciones en materia de defensa. “Son evoluciones importantes, pero nunca tendrán el mismo impacto sin la participación de EU”, sostiene.

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