Han pasado cuatro meses de los ataques terroristas de Hamas a Israel y la captura de cientos de rehenes. Quince semanas del inicio de los bombardeos aéreos ininterrumpidos e indiscriminados y más de 100 días de la cruenta ofensiva terrestre del ejército israelí en la Franja de Gaza. Han muerto más de mil 200 israelíes y 25 mil palestinos, dos tercios mujeres y niños, 60 mil heridos, una destrucción masiva y extensos daños civiles. Cientos de trabajadores humanitarios han muerto. La prolongada guerra no se limitó desde un principio al enclave, se extendió a la región, con graves impactos locales y globales. Las secuelas políticas y humanitarias, las repercusiones geopolíticas y económicas continúan profundizándose y ampliándose rápidamente. El conflicto, en varios frentes, involucra a Egipto, Jordania, Líbano y Siria. Las potencias regionales Arabia Saudita, Qatar y Turquía están igualmente implicadas. La guerra en Cisjordania y Jerusalén Oriental, los otros territorios palestinos ocupados por Israel, mantiene funestas consecuencias.

Desde un inicio se produjeron intercambios de artillería entre Israel y Hezbolá, ataques con drones y cohetes, incursiones y escaramuzas, evacuaciones de poblaciones civiles al norte de Israel y sur del Líbano. Ha habido bombardeos israelíes y ataques con aviones y drones desde y contra campamentos, bases y embarcaciones estadounidenses para eliminar dirigentes, vulnerar instalaciones militares, inutilizar aeropuertos y destruir edificios civiles en Beirut y Damasco y otras ciudades, en regiones fuera del control gubernamental, al igual que en Iraq, en represalia por actos considerados hostiles, ataques con drones y cohetes perpetrados por milicias o grupos armados proiraníes. Las hostilidades desde Yemen, respaldando la resistencia palestina han escalado, alcanzado rutas de navegación estratégicas, secuestrando buques mercantes y golpeando barcos de guerra en el mar Rojo, desencadenando contraataques occidentales y desvíos para evitar el canal de Suez, poniendo en riesgo las cadenas globales de suministro de energéticos y cereales.

En este conflicto no participan sólo Israel y Hamas, sino sus aliados y proveedores de armas, EU y el Reino Unido, e Irán, al igual que los grupos, milicias y movimientos de resistencia islámica afines. Las tensiones acaban de escalar de nuevo, extendiéndose a otros actores en Asia central, luego de los ataques calculados entre Irán y Paquistán, que bombardearon presuntos bastiones de grupos opositores o milicias separatistas.

La demanda de Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia en contra de Israel, basada en las presuntas violaciones graves a la Convención para Prevenir y Sancionar el Delito de Genocidio, busca conseguir, entre otras medidas, la suspensión inmediata de las operaciones militares israelíes en Gaza, haciéndolo responsable para que desista de cometer acciones orientadas a asesinar, matar, dañar y herir, e infligir e imponer deliberadamente condiciones de vida tendientes a destruir total o parcialmente a la población civil palestina. México y Chile remitieron al fiscal de la Corte Penal Internacional la situación del Estado de Palestina —de la que es parte— solicitando investigue la probable comisión de crímenes de guerra y contra la humanidad por parte individuos, israelíes y palestinos, a fin de abrir espacios para acordar un cese al fuego inmediato, avanzar la solución pacífica de controversias y allanar el camino para conseguir una paz duradera en la región, sobre la base de dos Estados dentro de fronteras seguras e internacionalmente reconocidas.

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