“Yo le pido un favor a la gente porque los polis no ayudan en nada”, dice un adulto mayor a tres jóvenes que lo cargan en silla de ruedas para subir las escaleras, y pueda llegar al andén para abordar el tren de la Línea 9 en el Metro Pantitlán.

Las escaleras eléctricas en la estación no funcionaban la mañana del jueves.

Es un desafío para los adultos mayores realizar el ascenso, paso a paso, escalón por escalón, ante el enojo de los otros usuarios que se detienen para esperar a que las personas de la tercera edad suban por las empinadas escaleras.

Unos, ya sin aliento, llegan a los andenes, pero con poco espacio para acomodarse porque a las 7:05 horas la superficie está copada por cientos de usuarios que se empujan entre sí para formarse, esperan a que pase rápido el tren y puedan abordar.

“Ha sido muy complicado llegar hasta Observatorio desde este punto de la Ciudad de México porque no funciona al 100% la Línea 1, yo tengo que tomar en Pantitlán el Metro para llegar hasta Tacubaya, y después hacer el transbordo para llegar hasta la terminal de autobuses porque tengo una audiencia a las 10 de la mañana en Toluca”, cuenta Rosa María, una abogada que vive en la alcaldía Iztacalco, pero que debe levantarse antes de las cinco de la mañana para llegar a tiempo a la capital mexiquense.

Desde que la Línea 1 está en obras, la mayoría de los pasajeros procedentes de la zona oriente del Valle de México han perdido horas de sueño, pues se despiertan más temprano para emprender el periplo diario para no llegar tarde a su trabajo, escuela, cita médica o reunión laboral.

Los que llegan en transporte público a Pantitlán para conectarse a las líneas 9 y 5, principalmente, soportan de todo en horas pico. Una de las conexiones más saturada es la Línea 9, pues se convirtió en ruta alternativa.

Antes de subir por las escaleras a los andenes, personal del Metro realiza filtros para evitar que se saturen los espacios por donde abordan los pasajeros los trenes.

El área del andén se llena de usuarios en ambos lados, por lo que los policías auxiliares tienen que indicarles que se extiendan por todo el pasillo, pero es imposible porque no hay espacio para recorrerse.

Cuando llegan los trenes los hombres que se encuentran cerca de las puertas se apresuran para ingresar y chocan entre sí para alcanzar un asiento.

Esos roces provocan conatos de peleas, por lo que los policías intervienen para evitar que pase a mayores

“¡Oficial, oficial!”, le grita un joven a uno de los policías porque otro hombre que estaba atrás de él lo quería golpear porque lo empujó al tratar de subirse al tren que se llenó en un santiamén; los dos rijosos se quedaron afuera.

“¡No se empujen señores, no se empujen!”, les grita a ambos uno de los oficiales mientras suena su silbato como para advertirles que eran observados por las autoridades.

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