Cruces para el 3 de mayo, tradición que se niega a morir

En el Valle de Toluca todavía conservan la tradición de colocar cruces de madera en las obras de construcción y las cosechas; fabricantes señalan bajas en las ventas
Producción de cruces para el 3 de mayo, tradición que se niega a morir en Edomex
(Fotografía: Jorge Alvarado / EL UNIVERSAL)
03/05/2018
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Claudia González
​Almoloya de Juárez, Méx.-
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En San Mateo Tlalchichilpan, tres talleres de carpintería se dedican a la producción de cruces para celebrar el Día de la Santa Cruz, el 3 de mayo.

En el Valle de Toluca son los únicos que tienen este tipo de material, pues llegan compradores de municipios del norte y sur del estado, desde Tenancingo hasta Aculco, en donde todavía conservan la tradición de colocar cruces de madera en las obras de construcción y las cosechas.

Estos talleres tienen décadas vendiendo cruces de los 60 centímetros a más de un metro de altura, son de madera, tienen algunas pirograbado el rostro de Cristo, muchas flores, guirnaldas y un manto.

Algunos trabajadores de la construcción señalan que perdieron la tradición de realizar una fiesta grande con comida y músicos, pero mantienen la idea de poner un altar que los proteja para que todo salga bien y las lluvias de la temporada no aplacen el avance de la edificación.

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(Fotografía: Jorge Alvardao /EL UNIVERSAL)

También hay quienes colocan una de estas cruces de madera en la cosecha, apelando a la buena siembra y producción gracias a las lluvias.

Bernardo Hernández, fabricante de cruces, indicó que las ventas reducen cada año porque se ha perdido la costumbre; sin embargo, la tradición en esta comunidad es llevar arcos de dimensiones superiores a los cinco metros de altura adornados con papel china, plástico, además de imágenes trazadas con el pirógrafo.

Las cruces oscilan de los 30 a 300 pesos según el tamaño o de la imagen que fue grabada en la madera, porque algunos tienen además del rostro de Cristo o grecas que incluso pueden ser una solicitud especial por parte del comprador.

Lo que pasa es que en esta zona sí tenemos algunas costumbres que seguimos conservando los más grandes, pero las nuevas generaciones ya no están interesadas, eso es lo que nos va minando la posibilidad de trabajar en esto”, dijo.

Desde hace 10 años comenzó con esta actividad, a raíz de la solicitud que recibió por parte de algunos trabajadores de la construcción, con el tiempo se sumó a la actividad su esposa Leticia, quien se encarga de la comercialización.

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(Fotografía: Jorge Alvardao /EL UNIVERSAL)

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