Policías agredidos. En la CDMX, son atacados dos al día

Palos, mordidas y puñetazos son la realidad cotidiana de miles de agentes; 13 veces más que por ataques con arma de fuego o blanca
En la capital y en todo el país los policías están a tres fuegos: la delincuencia, el maltrato de los mandos de sus corporaciones y las agresiones de los ciudadanos (ARCHIVO EL UNIVERSAL)
19/12/2017
04:20
Andrés M. Estrada
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Sobre el piso quedaron esparcidos los cacahuates, cigarros y decenas de dulces. Salieron disparados cuando una mujer, en aparente estado de intoxicación, pateó la canasta y a las niñas que los vendían. Un policía intervino para impedirlo. Enseguida, ella sacó de su bolsa un frasco de perfume y lo golpeó en el pómulo derecho.

Por protocolo, el uniformado no podía someterla. Pidió apoyo desde su teléfono y llegaron dos de sus compañeras, a quienes también lanzó patadas y cabezazos. Estaba muy agresiva, aún así lograon ponerle las esposas. Mientras la sujetaban, ciudadanos que se paseaban por la plaza comenzaron a grabar con sus celulares y les gritaban, sin saber los motivos de la detención: “¡Pinches policías corruptos! ¿Por qué se ponen con ella? ¡Pónganse con el ratero!”.

Los flashasos e insultos los siguieron camino a la patrulla. Intentaron subir a la agresora, pero no se dejó. Forcejeaba. De pronto mordió el antebrazo izquierdo de una oficial, quien trató de controlarse, porque las personas la observaban. Un colega le reprochó por qué no podían subirla. “Me está mordiendo”, respondió. Por casi un minuto, la mandíbula de la detenida quedó prensada al cuerpo de Jimena Castillo. “¡Suéltame!”, le pidió. No hizo caso. La soltó sólo hasta que le apretaron la nariz esa tarde de abril de 2017.

No era la primera ocasión en que Jimena era agredida mientras realizaba su trabajo. La han golpeado con palos, tabiques, a cabezazos y puñetazos. Es el pan de cada día para ella y miles de policías de la ciudad que gobierna Miguel Ángel Mancera. No es una generalidad, pero enfrentan a la delincuencia y también batallan con ciudadanos infractores, pues no los respetan y los agreden porque no los ven como autoridad. Las redes sociales ya documentan múltiples casos.

Dos mil 633 elementos de la Policía Preventiva (PP) lesionados por golpes, quemaduras, mordeduras, petardos, rocas y con aerosol de enero de 2012 a septiembre de 2016. Por su parte, la Policía Bancaria e Industrial (PBI) registró 98, de 2012 a agosto de 2017, de acuerdo con información obtenida vía Transparencia por EL UNIVERSAL. Por su parte, la Policía Auxiliar (PA) negó tener datos al respecto.

Esa tarde en que Jimena Castillo, quien pide cambiar su nombre por temor a represalias de sus superiores, fue mordida, le salió sangre y se le despellejó la piel del antebrazo. En su servicio médico le dijeron que no era “nada grave”, así que tuvo que acudir con un particular, que le recetó pomadas y antibiótico. Gastó poco más de 600 pesos y sus heridas tardaron en sanar un mes. En tanto, en el MP su agresora fue liberada enseguida.

Divorcio entre ciudadanos e instituciones

Los 2 mil 731 elementos lesionados, en total, de la Secretaria de Seguridad Pública de la Ciudad de México (SSPCDMX), superan 13 veces a los 210 que sufrieron ataques por arma de fuego y blanca (207 y tres, respectivamente). Además, en mayo pasado este diario publicó que mil 180 policías habían sido atropellados de 2011 a febrero de 2017.

De acuerdo con estas cifras, dos policías al día reciben agresiones ciudadanas.

Estos actos se dan porque existe un divorcio entre capitalinos y policías, debido a la descomposición de los lazos entre ciudadanos e instituciones. También por el abandono a la suerte del policía por parte de la SSPCDMX, así como la desconfianza y estigmatización hacia los elementos por la historia de corrupción de las corporaciones policiacas y la radicalización de la violencia en el país, de acuerdo con especialistas en temas de seguridad, antropología e instituciones policiales.

Es un contexto caracterizado por rupturas y desencuentros, en el que hay responsabilidad de ambas partes. “Se debe a que los ciudadanos que no ven a la policía como el primer representante de la autoridad, pero también es irresponsabilidad de las instituciones policiacas, porque son las primeras que se han prestado a devaluar y no dignificar su función”, señala Elena Azaola, especialista del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS).

stas agresiones muestran que cuando al policía le va mal, queda “abandonado a su suerte”. “Sus derechos laborales parecen inexistentes en el momento en que requieren apoyo institucional, particularmente porque están cumpliendo sus funciones. Terminan lesionados, maltratados y hasta muertos”, dice María Eugenia Suárez, investigadora de la Universidad de Guadalajara.

Por su parte, Francisco Rivas, director del Observatorio Nacional Ciudadano (ONC), destaca que en México tenemos una historia de corrupción ligada a la policía. “En ese sentido, hay quienes justificándose, piensan que pueden agredirlos. Tenemos una historia de desconfianza con los policías, pero tampoco tenemos una cultura de la legalidad, de respeto a las instituciones”, explica.

Elementos de la secretaría a cargo de Hiram Almeida, entrevistados por EL UNIVERSAL, aseguran que las agresiones contra ellos se repiten cada vez más porque el artículo 287 del Código Penal de la CDMX, que refiere: “Al que ultraje a una autoridad en el ejercicio de sus funciones o con motivo de ellas, se le impondrán de seis meses a dos años de ́prisión, y de veinte a 100 días de multa”, no se aplica cuando llevan a los detenidos al MP.

Desprecio y estigmatización

El sonido de los claxon se repetía una y otra vez mientras los vehículos circulaban a vuelta de rueda, debido a un choque sobre avenida Aquiles Serdán. Arturo Azamar, elemento de la SSPCDMX, acudió en apoyo y advirtió a dos conductores discutiendo por el percance. Intentó persuadirlos para orillarse y agilizar el tránsito, pero no hicieron caso. Eran cerca de las 14:00 horas de una tarde de marzo de 2017. Optó por dirigir a los automovilistas; quienes pasaban por ahí, lo insultaban: “¡Muévelos, deja de hacerte pendejo!”.

Acostumbrado a las ofensas, los ignoró, pero su labor fue interrumpida por un golpe seco en la cara, con una botella de agua. Sólo vio a un mujer, con su sonrisa socarrona alejarse a bordo de una camioneta. El oficial no pudo hacer nada. Sus sentimientos de coraje y frustración lo hicieron pensar en aventar un balazo al aire, pero no lo hizo. Azamar ha sido agredido en varias ocasiones sólo por el hecho de portar el uniforme. Alguna vez, en la colonia Reynosa Tamaulipas —en Azcapotzalco—, un adulto mayor le pegó a su compañero con un palo de madera, luego se metió corriendo a su casa. Todo por mover unos botes con cemento que obstruían la calle.

Los golpes son las agresiones que se posicionan en primer lugar, con 2 mil 175; le siguen lesiones [no especifica motivo], con 455; mordeduras, con 37; quemaduras, con 29; heridas [no especifica motivo], con 25; aerosol, con ocho, y rocas y petardo, con uno.

En la CDMX al igual que en el resto del país, los policías permanecen a tres fuegos: “La delincuencia; los directivos de corporaciones y políticos, quienes les exigen resultados sin darles los insumos para desarrollar su labor, y la sociedad que desconfía de ellos, porque desaprueba y cuestiona su actuación. Hay un estigma social y se les tiene baja estima”, afirma Guillermo Zepeda, de El Colegio de Jalisco. “Así como el crimen organizado está atentando contra la vida de los policías, los ciudadanos también están reflejando este clima de violencia y de percepción de impunidad”.

Arturo es policía y sabe que existen “malos elementos”, quienes se dedican a extorsionar o cometer delitos, “por esta razón se generaliza y la gente piensa que todos somos iguales”.

—¿Qué sientes de que se te estigmatice?
—Me entristece. Por esos elementos a mí me catalogan o también me llaman “ratero”, siendo que yo no he tenido problemas legales. Por portar uniforme y hacer tu labor, te agreden.

Las distintas historias tienen un común denominador, la agresión sin razón.

Los vecinos le gritaron que lo dejaran en paz. Algunas señoras reclamaban que cuando se les necesitaba, porque estaban robando o se cometía otro delito, no aparecían. Continuó jalando al sujeto que estaba alcoholizado y, a quien de manera prepotente y autoritaria, segundos antes, le arrebató de la mano la botella de alcohol que bebía y se la arrojó al suelo.

Mientras el líquido se esparcía sobre el concreto de la calle, un joven alto y de aspecto robusto se acercó. Le dijo al policía que estaba bien que le tiraran su bebida, porque no se debía tomar en la calle. Pero también pidió dejarlo. “No le van a sacar nada [de dinero] y sólo lo irían a tirar por cualquier lado. Es un señor que se queda a dormir en las canchas. A veces, ayuda a la gente a tirar su basura y a barrer la calle a cambio de unas monedas”, explicó.

El uniformado insistía en subirlo a la patrulla. Entre el jaloneo, un golpe se escuchó en el piso. El indigente se quejó de la caída y aún así fue arrastrado. Antonio Betanzos no pudo más. “Se prendió”. Le soltó un golpe en la cara al oficial y lo dejó atónito.

“No está haciendo ningún mal, más que beber. Si ya le tiraste su alcohol, déjalo”, reclamó Antonio esa tarde de 2016, en la colonia Cedros, en Álvaro Obregón. Aturdido y molesto, el policía “le cantó un tiro”. El intercambio de golpes duró unos minutos, hasta que un compañero uniformado intervino. “Ya estuvo, ya vámonos”. Subieron a la patrulla y se retiraron sin concretar el arresto.

Dentro de las corporaciones, los elementos son agredidos y humillados por altos mandos. Esto se refleja cuando oficiales someten de manera prepotente y autoritaria a los detenidos o infraccionados, coinciden los investigadores. Elena Azaola dice: “Ese maltrato por parte de los jefes no se ha desterrado”.

En tanto, Suárez señala que los oficiales permanecen en un estado de indefensión y abandono: “Son sujetos de no derecho. No pueden defender, ni garantizar, ni proteger los derechos de otras personas. Responden a una institución que es reactiva hasta con el propio policía; el propio elemento a la vez es reactivo con el trato hacia la ciudadanía”.

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