Katherine se negó a un encuentro sin condón, su cliente la secuestró

Escorts cuentan que entre las personas que contratan sus servicios sexuales hay quienes las tratan bien, les compran cosas y las enamoran, pero otros las agreden
Samantha ha tenido buenas y malas experiencias con clientes. Se ha enamorado y también ha sido víctima de insultos sólo por sugerir a sus solicitantes que cuiden su higiene personal. FOTOS: ARCHIVO EL UNIVERSAL
25/04/2018
02:29
Laura Jiménez
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El trabajo como escort va más allá del plano sexual, ellas pueden ser hasta consejeras y amigas por el pago de su tiempo. Entre los clientes hay quienes las tratan bien, los que les compran cosas; están los que se enamoran, los que se obsesionan y los que buscan causarles algún daño. “Al abrir la puerta no sabes cuál te va a tocar”, explica Samantha, una mujer de 28 años que ofrece el servicio de compañía.

Cuando el trabajo sexual se ejerce por voluntad, hay una delgada línea entre la actuación en la cama y los sentimientos que se presentan. Samantha sólo se ha enamorado de un cliente. Él la contactó a través de una de las páginas en las que ella se anunciaba y después de contratarla con frecuencia se convirtió en su pareja por dos años y medio.

Él le propuso dejar su trabajo como escort, pero ella no podía dejarlo porque tenía que mantener a su madre enferma y a su hermana. “Él pensó las cosas y me empezó a dar dinero y fue cuando me salí. Yo no trabajaba, me la vivía en la casa y yo ya quería trabajar, no en esto, en un restaurante, pero él no quería. Todo era un pretexto para que no saliera”. Al no poder trabajar, entró a estudiar gastronomía, pero su pareja se enojó. Ella dejó la escuela pero su relación no mejoró. Decidieron separarse y después de unos meses, Samantha volvió a trabajar como escort.

Después de esa relación, Samantha no ha aceptado otras propuestas de clientes. La atracción física no siempre puede ser correspondida y eso no todos lo aceptan. “Hay clientes a los que no les gusta el rechazo. Cuando ya van varias negativas te empiezan a insultar. Se les olvida que para nosotras es trabajo”.

“En este negocio hay cosas buenas y cosas malas”, dice Katherine, joven de 22 años, quien inició como escort hace más de un año. En los primeros servicios que ella realizó, le tocó trabajar con otra chica. Entre pláticas, la chica le contó que tenía una relación, pero lo que le extrañó fue la preocupación en el rostro de su compañera.

“Ella me repetía que ya era muy tarde porque, al salir del lugar, los clientes nos invitaron a cenar. Me decía que le había dicho a su novio que había salido hace una hora y que seguro él estaba muy enojado… no me dio tiempo de preguntarle qué pasaba”. A los pocos días, en un grupo de WhatsApp de chicas escort, reportaron a su amiga como desaparecida y dos semanas después su cuerpo fue hallado desmembrado, separado en dos costales y abandonado en ciudad Nezahualcóyotl.

“Todos empezamos a preocuparnos. Las mismas chavas en el grupo de WhatsApp se alertaban unas a otras, contaban experiencias con clientes violentos y se pedía tener cuidado”. Katherine empezó a tomar precauciones antes de acordar citas, los requisitos para solicitar sus servicios era contar con dos referencias de chicas escort y trabajaba sólo en hoteles de ciertas zonas.

Pero eso no garantizó su seguridad. Un hombre la contactó pero como no cumplía con los requisitos que pedía, ella se negó a realizar el servicio. En pocos días el hombre reunió lo necesario y volvió a buscarla. Se vieron afuera de Metro Revolución. El sujeto llegó en un automóvil deportivo con vidrios polarizados y sin placa. Por tal razón, las amigas de Katherine no dejaron que ella se fuera con él. El hombre bajó del vehículo y, siendo amable en todo momento, le hizo entender que no había razón para desconfiar. Le mostró sus credenciales y le propuso tomar foto de ellas. Katherine no tomó foto de nada, confió, salió con él y todo resultó bien ese día.

La semana siguiente la volvió a contratar; se volvió recurrente y pagaba mil 500 por hora. Pedía verla los jueves y domingos. Después de un mes él le propuso que fueran a su departamento y que el dinero que se gastaba en hotel fuera parte de sus ganancias, Katherine aceptó, “se me hizo fácil. Me fui de mensa”.

Mala experiencia

Al principio todo iba bien, charlaron cerca de dos horas y cuando él propuso el servicio sexual, ella aceptó, sólo que el hombre no quería usar preservativo, por lo que Katherine se negó. Empezaron a discutir y él le dijo: “Tú me diste entrada al venir aquí. Yo te dije que me gustabas y que te quería como mi mujer”, a lo que ella respondió: “A todos mis clientes les gusto, por algo me contratan”.

Él empezó a insultarla, por lo que ella tomó su bolsa y quiso irse: “Le dije ‘no voy a permitir que me estés hablando así. No me des nada del tiempo que he estado aquí. Yo soy buena onda con todos mis clientes, no nada más contigo. No confundas mi amabilidad con que yo quiero contigo’”, él la empujó al sillón y continuó con las ofensas. Ella no dejaba de llorar.

Tras una hora, su cliente la obligó a subirse a un auto y estuvo circulando por la Ciudad. “Estábamos en una zona como industrial, no había casas, ni negocios, eran puras avenidas. Vi en el sentido contrario una patrulla y pensé en bajarme. Cuando agarré mi bolsa y pretendía bajar se botó el seguro y él se dio cuenta, me volteó a ver y volvió a poner los seguros. Se agachó y me mostró una pistola que traía debajo de su asiento y me dice: “Tú que te bajas y yo que te lleno de plomo”.

Pasó la patrulla y Katherine se quedó pasmada, temblando y llorando con la pistola en su costilla izquierda. “Dije: ya valí. Se me vino a la mente mi familia, que no sabe que estoy en esto, y me acordé de mi amiga a la que encontraron muerta. Su familia no sabía en lo que trabajaba y se enteraron por la forma en que murió. Yo pensaba en ellos, no quería que se enteraran así, no quería decepcionarlos”.

Cerca de Metro Normal, el hombre bajó el arma y le exigió que saliera del vehículo, pero antes tomó su brazo y amenazó con vengarse porque lo que ella había hecho era burlarse de él. “Me dijo: te voy a matar y si no te mato a ti, al menos voy a contratar a alguien que lo haga o que te dé la madriza de tu vida, pero no va a hacer ahorita, va a ser cuando se te olvide. En eso aventó mi brazo y yo me bajé”.

Al cerrar la puerta del auto e ingresar al Metro, la joven se sintió a salvo, pero seguía temblando. Uno de sus amigos le pidió que advirtiera a sus compañeras por medio de AlertaDivas, cuenta de Twitter y hashtag creado especialmente para ese fin.

Se cuidan entre ellas

#AlertaDivas se utiliza para publicar las denuncias de quienes ofrecen el servicio de compañía sin importar dónde se anuncien. No tiene relación con el portal Zona Divas. Es por medio de likes y retuits que se hace difusión a un reporte, y si alguien quiere verificar un número, basta con escribirlo sin espacio en el buscador de Twitter o en el de Google para que aparezca la liga a esa información.

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El hashtag #AlertaDivas surgió para denunciar a los clientes que ponen en riesgo a las trabajadoras sexuales. La Lista Negra y Koko, son dos aplicaciones que contribuyen con este fin.
 

La idea de crear este espacio nació en septiembre de 2015 tras un incidente a una escort. La mujer fue drogada por su cliente y éste la golpeó y abusó de ella, para después robarle sus pertenencias y dejarla desnuda en la habitación del hotel. Personas cercanas a la víctima se encargaron de reunir los datos necesarios para dar con el responsable, pero éste no recibió castigo. Ante la impunidad, lo único que les quedaba era advertir para prevenir.

Con el tiempo, se juntaron más reportes de sexoservidoras. “Muchas personas empezaron a ayudar de manera desinteresada con información. Cuentas en Twitter y últimamente aplicaciones para smartphones se sumaron al trabajo de subir los reportes y juntar una base de datos de más de mil entradas donde hay aproximadamente 150 casos de personas muy peligrosas”, comentan los administradores de AlertaDivas.

La Lista Negra fue la primera aplicación en la Ciudad de México para las trabajadoras sexuales diseñada por El Chino Matemático y El Argentino, quienes capturan entre 10 y 15 reportes diarios: 40% son de personas agresivas, peligrosas, golpeadoras, mientras que el restante son los que hacen perder tiempo, ofenden o las dejan plantadas.

Los requisitos que piden para subir un reporte son: número de teléfono, relato de lo sucedido con pruebas como capturas de pantalla, información extra como cuenta de redes sociales o placas y clasificar al agresor como acosador, extorsionador o peligroso. “No se busca otra cosa más que la protección de las trabajadoras y evitar la violencia”, comenta El Argentino.

Samantha ha utilizado la aplicación La Lista Negra por seguridad y para reportar a clientes con actitudes violentas. “Cuando huelen mal les digo: hay que meternos a bañar, pero luego no quieren. Se enojan y se ponen agresivos”.

En enero de 2018 nació la aplicación Koko, cuya función es la misma que La Lista Negra, pero a diferencia de ésta, Koko cuenta con un botón de pánico y tiene una base de datos más grande al estar dirigida no sólo a la Ciudad de México, si no a nivel Latinoamérica.

Katherine tenía miedo de reportar a su agresor, no quería que tomara represalias, pero lo hizo de manera anónima. “Lo hice porque no quería que otra chava pasara por esto”.

Las sexoservidoras no sólo se enfrentan a clientes violentos, también a la delincuencia. Según reportes de AlertaDivas, el modo de operar de los delincuentes es el siguiente: a sabiendas que algunas mujeres se quedan a dormir en las habitaciones de los hoteles, en la noche entran dos o tres personas y las golpean, asaltan o secuestran y abusan de ellas.

En 2017 los cuerpos de Wendy, Katya, Génesis y Karen fueron encontrados sin vida en hoteles de la Ciudad de México. Los lugares donde comúnmente ofrecen sus servicios las trabajadoras sexuales no les brindan protección, “pero reciben todas las ganancias que éstas les generan”, comentan los administradores de AlertaDivas.

El Hotel y Villas Pasadena, donde fue encontrado el cuerpo de Karen en diciembre de 2017, ha sido reportado por sexoservidoras que han sufrido asaltos y violaciones en las instalaciones y aseguran que los responsables abandonan el hotel sin problemas, siendo que en el lugar piden una identificación oficial. En el Hotel y Villas Patriotismo secuestraron por varias horas a una sexoservidora y el V Boutique ha tenido reportes de asaltos, así como el Hotel y Plaza Belices, según fuentes cercanas a las víctimas.

Las sexoservidoras corren riesgos, tanto en cuestiones de salud como de seguridad. Katherine antes era conocida dentro del medio con otro nombre, pero lo cambió luego de ser víctima de las amenazas y agresiones de uno de sus clientes. Ella espera que su atacante no pueda contactarla de nuevo. La joven pensó en dejar este trabajo, pero sólo se alejó por unos meses; regresó, aunque quiere dejarlo definitivamente cuando concluya su carrera.

Cuando Katherine iniciaba los trámites para volver a estudiar, uno de sus clientes se ofreció a comprar sus libros; le pidió la lista de útiles escolares que iba a necesitar y él se encargó de costear los gastos, alegando que estaba enamorado de ella y que quería su bien y que saliera adelante.

“Ya en esto lo he dicho: si voy a estar con alguien, me va a dar dinero, pero también lo tengo que disfrutar. Al principio es difícil porque te tienes que hacer a la idea de que no va a ser alguien atractivo. No es fácil ver a un señor de 40 años que podría ser mi papá y en ocasiones, mi abuelito, o más grande que él. Pero ¿en dónde gano en una hora lo que saco aquí?”, dice Katherine.

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