Damnificados en el olvido en Cuajimalpa

A casi siete meses del 19-S, familias acusan que autoridades delegacionales no les han entregado apoyos completos para la reconstrucción
Francisca Martínez vive en la calle de Porfirio Díaz 27 y recibió 15 varillas, cinco bultos de cemento, dos de mortero y 200 blocks, para reconstruir su casa después del sismo. Foto: Ivan Stephens
08/04/2018
01:12
Erika Flores
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En San Pablo Chimalpa, uno de los principales pueblos de la delegación Cuajimalpa, el 19-S dejó (según datos oficiales) 73 viviendas demolidas con necesidad de reconstrucción, más otras 80 con daños a reparar. A diferencia de otras demarcaciones donde la reconstrucción recién comenzó (sea por adquisición de créditos o apoyo de fundaciones), aquí ésta no sucedió; al menos no por parte del gobierno priista que encabezó Miguel Ángel Salazar, quien aspira ser diputado en el congreso capitalino mientras su antecesor Adrián Rubalcaba, desea regresar convertido en alcalde.

Recorrer este pueblo y hablar con sus habitantes, encamina a una conclusión: durante la etapa de emergencia en el sismo Salazar solo entregó apoyos mínimos que no alcanzaron para reconstruir casas con más de medio siglo de antigüedad; algunas -incluso- edificadas con adobe. Al mismo tiempo en los últimos meses de 2017 Salazar impulsó su imagen política con propaganda delegacional que tapiza la mayoría de las bardas de casas y avenidas que llevan su apellido y logotipo de partido.

Paredes sí, loza no

En la casa de Leticia Martínez ubicada en cerrada de Concordia sin número, el sismo provocó la caída de 30 metros cuadrados de construcción hechos por su familia en la década de los cuarentas. “Se cayó una pared, las demás se fracturaron y el techo se sumió. Mis tíos apuntalaron mientras la delegación venía a demoler. La casa fue catalogada como pérdida parcial y no total. Para reconstruir la delegación me dio mil blocks, 35 varillas, cinco bultos de cemento y cinco de mortero. Dijeron que era suficiente para las paredes porque no les alcanzaba para la loza. Les pedí al menos unas láminas para ponerlas como techo, pero dijeron que no, que tampoco tenían arena ni grava”.

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Leticia Martínez vive en la Cerrada de la Concordia sin número en San Pablo Chimalpa, en una casa de adobe hecha por su familia y que resultó afectada en 30 metros cuadrados.

Aquí viven nueve personas, tres de ellos niños. Así que los adultos pidieron préstamos con amigos y conocidos y juntaron 60 mil pesos para compra del material faltante; construyeron una parte de techo, columnas, paredes y piso de cemento. Con este espacio la familia Hernández dejará de desayunar, comer, cenar y dormir hacinados en el pequeño patio que cubrieron con lonas y hules desde octubre pasado.

“Es que ya no podíamos vivir así, me cansé de que viviéramos a la intemperie porque no teníamos cómo construir un techo”, dice Leticia llorando. “Yo vi una mala organización de la delegación porque las ayudas y comida hecha que donaron de las Lomas y Santa Fe se centraron en el kiosko del pueblo, cerca de la delegación; y allí solo entregaron despensas a quienes pasaban. Para quienes realmente lo necesitábamos, las ayudas no llegaron. Al menos no hasta esta parte alta del cerro donde vivimos”.

Leticia cierra su relato con una anécdota: durante la emergencia acudió al kiosko a pedir un taco de comida. En la mesa había dos menús: salchichas a la mexicana y carne de puerco en jitomate. Personal de la delegación le entregó un plato con salchichas y frijoles. El otro platillo no fue repartido a damnificados porque estaba destinado para los empleados de la demarcación.

“Luego vemos”

Fue la contestación que recibió Francisca Martínez cuando pidió a la delegación más material para construcción. “Al principio dijeron que la casa tenía que ser demolida, pero luego vino un arquitecto voluntario de Chalco, revisó la construcción y dijo que no, que solo había que reforzarla”. Su vivienda se ubica en la calle de Porfirio Díaz 27 y aquí la delegación solo entregó 15 varillas, cinco bultos de cemento, dos de mortero y 200 blocks. “Les dije que con eso no alcanzaba, me contestaron ‘luego vemos’ pero no mandaron nada”.

En esta modesta construcción de dos pisos habitan un promedio de cinco personas; tras el sismo la planta baja quedó fracturada. Fue edificada por su papá hace casi sesenta años. “Entonces mi hija consiguió un préstamo con el Invi (Instituto de Vivienda CDMX), le dieron cien mil pesos; pero tampoco alcanzó para terminar la obra, excepto lo que usted ve”.

La planta baja de la casa quedó en obra negra, con varias columnas nuevas que sostienen la planta alta; pero faltan todavía levantar algunas paredes. Arriba no se pudo reforzar nada, por eso continúa apuntalada con polines de madera. “Por eso digo que vivo entre los palos porque si los quitamos y hay una réplica, esto se nos va a venir. Vea cómo acomodamos las camitas entre la cimbra; deje mis muebles encargados en varias casas. En una de ellas nos prestaron un cuartito pero yo me sentía incómoda en casa ajena; por eso nos regresamos a vivir entre palos, porque no me quedaba de otra”.

Para concluir su reconstrucción Francisca Martínez (de 72 años) necesita un segundo préstamo del INVI mismo que no podrá tramitar hasta que su hija concluya el pago del primero. Y aunque ella no quiere vivir entre palos indefinidamente ha entendido que, antes que necesidad, tendrá que tener paciencia.

Fonden incompleto

Juana González vive en el número 38 de esa misma calle. En este predio viven tres familias, pero el sismo solo tumbó el cuarto de 20 metros cuadrados que ella ocupaba; así que temporalmente vive en las casas de sus dos hijos que no sufrieron daños. “A mí solo me dieron mil blocks, un carro de arena, uno de grava y 30 varillas”, enlista. “No creo que me alcance pero de todos modos no puedo empezar porque ¿con qué pago la mano de obra? ¡Los albañiles están carísimos! Cobran por metro cuadrado… Uy pues así no sé cuándo podré empezar”, lamenta.

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El sismo tiró el cuarto en el que Juana González vivía, así que temporalmente se resguarda en las casas de sus dos hijos. Dice que sólo recibió mil blocks, un carro de arena, uno de grava y 30 varillas.

Esta damnificada pone a la vista un dato peculiar: en San Pablo Chimalpa el Fonden (Fondo de Desastres Naturales) entregó tarjetas para reconstrucción de 30 mil pesos, pues evaluó que los daños de las casas serían sufragados con esa cantidad. No obstante ni Leticia Martínez, ni Francisca Martínez ni doña Juana recibieron el total del dinero porque solo les depositaron 15 mil bajo promesa de entregar en enero la otra mitad. “Ya pasaron tres meses, no creo que den nada. Mire yo soy viuda, no puedo pedir un crédito y tampoco dejar que mis hijos se endeuden por mí. Antes de que el delegado se fuera fui a verlo para ver si me podían dar más material; pero me dijeron que no, que tenía agenda llena y no había audiencias con él”.

“Necesitan un baño”

Susanne Matte, estudiante de preparatoria de 16 años, llegó a San Pablo Chimalpa en los días posteriores al sismo. Iba con su familia y con Luz María Hernández, una economista (madre de una amiga suya) quien vive en la zona clase media de Cuajimalpa. Querían ayudar, pero no sabían cómo hacerlo solas sin ser políticas ni pertenecer a ninguna fundación.

“Pensamos reconstruir casas buscando recolectar fondos a través de Donadora; pero era difícil”, cuenta esta adolescente. “Así que re enfocamos el proyecto porque vimos que el baño no estaba considerado en sus planes de reconstrucción; su prioridad eran paredes y techos antes que esta necesidad muy básica”.

Aunque la meta era recaudar 50 mil pesos, Susanne consiguió solo 6 mil 600 que se transformaron en tubos y material de plomería para las casas de Leticia y Francisca Martínez. “Estas dos casas, como otras, estaban privadas de muchos beneficios a pesar del discurso delegacional de ayuda”, afirma Luz María. “Buscamos a Adrián Rubalcaba, dijo que aquí solo se cayeron 60 casas y 120 tenían afectaciones, pero que aparecieron muchas más demolidas porque la gente las tiró por su cuenta esperando a cambio una casa nueva. Su dicho me pareció una infamia, un manejo tendencioso de la realidad porque ellos argumentaron no tener recursos del gobierno capitalino; pero yo creo que al menos podían gestionar mejores recursos del Fonden”.

Ambas mujeres lamentan no tener mayor capacidad de organización y tiempo, para ayudar más casas en lugar de solo dos. Buscando una segunda oportunidad, Susanne relanzará de nueva cuenta su campaña en Donadora con la intención de poder ofrecer más baños dignos a otras casas en reconstrucción en San Pablo Chimalpa. “Creo que hay desconfianza en la gente sobre el uso del dinero; quizás falta sensibilidad si piensan que fue suficiente con haber donado una sola vez. Es que no se dan cuenta lo que les cuesta a estas familias reconstruir sin apoyos reales. Y un baño siempre es muy necesario”.

En Cuajimalpa, en términos políticos, la reconstrucción concluyó en octubre cuando Salazar dejó de reportar en su cuenta de twitter entregas de material de construcción a damnificados, destacando incluso que fueron pagadas con recursos propios y de la iniciativa privada. Pero además reafirmó su dicho en su segundo informe de labores -a finales de noviembre- al asegurar “mientras el gobierno central apenas habla de reconstrucción, nosotros ya reconstruimos”.

Lista para semana santa

Así está la iglesia de San Pablo Chimalpa que logró reparar los principales daños que registró tras el 19S gracias a las donaciones hechas por sus habitantes que en su mayoría son católicos. En este templo se integró un comité de diez fiscales (personal de la parroquia) quienes repartieron el pueblo por zonas mismas que recorrieron desde octubre, casa por casa, con el objetivo de pedir un apoyo económico.

Integrantes de este comité quienes eligieron no dar su nombre sino a hablar a nombre del grupo de fiscales, aseguraron a El Universal que las donaciones fueron voluntarias; sin embargo, algunos damnificados afirmaron lo contrario y narraron cómo durante los días en que recibieron el poco material que les entregó la autoridad delegacional, debieron también cooperar con cincuenta pesos por casa, para dichas reparaciones.

El comité de fiscales destacó que esta iglesia reabrió el 18 de marzo con una misa en la que se entregó cuentas a los fieles (como un ejercicio de transparencia), de cómo fue gastado el medio millón de pesos que recolectaron “porque el INAH dijo que no tenían recursos para ayudarnos, que solo podían dar los permisos correspondientes, mientras que autoridades eclesiásticas nos informaron que tampoco tenían dinero para apoyarnos pues en el listado de templos afectados en el país por el sismo, ocupábamos el número cuatro mil y tantos. Pero no hemos terminado de arreglar otros daños menores en el templo y calculamos que el total de gastos ascenderá de medio millón a millón 400 mil pesos”.

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