Pequeños productores vinícolas adquieren mayor fuerza en México

Conversamos con conversar con Jac Cole, enólogo de la bodega Corona del Valle
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Foto: Pixabay
13/04/2018
12:20
CARLOS BORBOA
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El universo del vino mexicano es expansivo… las cifras lo reflejan. Al día de hoy, México presume una centena de bodegas dedicadas al cultivo y transformación de la Vitis vinífera, cerca de 216 unidades productivas y alrededor de 1,050 etiquetas. ¡Sí!, la proliferación de pequeños productores, en voz de los expertos, “los grandes responsables de que el tema del vino mexicano haya tomado tanta fuerza”, ha derivado en el surgimiento de proyectos realmente fascinantes.

Hace algunos días tuve la oportunidad de conversar con Jac Cole, enólogo de la bodega Corona del Valle, proyecto que nació con una visión enoturística y que, poco a poco, logró consolidarse en la producción de vinos de alta gama. Debo confesarle que a esta pequeña vinícola del Valle de Guadalupe la traigo en la mira desde hace casi un año, después de que su Malbec 2015 se colgara una Gran Medalla de Oro en el México Selection by Concours Mondial de Bruxelles en 2017

Los trabajos en Corona comenzaron hace una década, con la plantación de 14 hectáreas de Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Merlot, Nebbiolo, Petite Verdot, Chardonnay, Sauvignon Blanc y Malbec procedentes de Santa Rosa, condado de Sonoma. Me explicaba Jac que las particularidades del viñedo han otorgado a ciertas cepas una marca aromática distintiva: la Malbec, por ejemplo, desarrolla intensas notas especiadas y matices herbáceos más allá de los tradicionales descriptores de ciruelas, moras negras, flores…

“Gran amplitud térmica, que beneficia la maduración de los frutos y la generación de acidez natural. Influencia oceánica, que preserva la expresión de la fruta de una forma interesantísima. Suelos diversos, desde arenosos hasta graníticos… Estamos en un territorio progresista,” afirma Jac.

¿Cómo son los vinos? Antes que nada, debo decir que son consistentes en calidad, virtud que augura su permanencia en el microcosmos del vino bajacaliforniano. También, racionales en términos de valor. Confieso, mi querido lector, que desde hace algún tiempo no hallaba un exponente nacional con tal relación precio calidad.  De lo probado, vale la pena mencionar al Chardonnay, un monovarietal con seis meses de crianza en barricas de roble francés, con potentísimas notas de manzana, durazno maduro, flores blancas y vainilla; untuoso, elegante, con acidez en balance y gran carácter frutal. Al Sauvignon Blanc aún no le he podido echar mano.  Del lado de los tintos hay que destacar los vinos varietales de Tempranillo, Merlot y Malbec que, en palabras de su propio enólogo, son “las grandes expresiones de la bodega”. 

¿Nebbiolo? Por extraño que parezca, solo se destina a la mezcla con Tempranillo. ¡Ojo!, lo digo en un sentido positivo, después de constatar un ensamble estructurado y profundo, con intensas notas de ciruelas, moras negras y especias cálidas, bien largo y aterciopelado.  

  
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—Carlos Borboa es periodista gastronómico, sommelier certificado y juez internacional de vinos y destilados.

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