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Intentando explorar la cabeza de Trump: ¿Qué racionalidad lo mueve?

13/11/2017
17:08
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“No los culpo, ustedes siempre han visto por el bien de sus países. Los líderes estadounidenses han hecho un pésimo trabajo y ustedes supieron sacar ventaja de ello. Pero eso ya se acabó. Yo tengo que ver primero por mi país y eso es lo que va a suceder a partir de ahora”. Este es, más o menos, el mensaje que Trump estuvo transmitiendo en su gira por Asia. Lo hizo en privado y lo hizo públicamente, y un mensaje así habla mucho de cómo piensa quien lo emite. Al margen de nuestros gustos y disgustos personales por el personaje, tratar de entender qué es lo que pasa por su cabeza resulta fundamental para poder pensar desde cómo hacer contacto con él, hasta cómo negociar, extraer concesiones o incluso poderlo enfrentar. En cambio, malentenderlo es el primer error común. El segundo es intentar venderle ideas y conceptos sobre Estados Unidos, sobre el comercio o la seguridad, que no empatan con su forma de ver el mundo solo porque esos conceptos y racionalidad son “evidentes” o “claros” desde la óptica de sus contrapartes. Esto provoca frustraciones constantes, en el mejor de los casos, y en el peor, una obstinación sostenida por parte de esas contrapartes en elaborar el mismo tipo de argumentos solo para seguirse topando con pared. El blog de hoy no se basa en estudio o investigación alguna, sino en algunos de sus tuits, sus discursos, sus palabras, y es un simple esfuerzo por explorar apenas algunos de los elementos detrás de esa racionalidad con la que muchos continuamente chocamos. Hay cantidad de elementos que dejamos de lado, estos son solo ejemplos.

(Como parte del ejercicio, en varios de los párrafos siguientes hablo como si hablara la cabeza de Trump, no la mía).  
 

La Casa Blanca, el poder y los medios

En la cabeza de Trump hay dos mundos. En uno de ellos, allá arriba, en el cielo, están los poderosos, esa élite política que se ha aprovechado del pueblo estadounidense para crear reglas que los benefician. Trump no solo no forma parte de ese grupo de poderosos, sino que representa a quienes no lo son y ha llegado para devolver el poder a sus legítimos dueños. En esta élite están los políticos tradicionales (demócratas y republicanos), además de los académicos sesudos o los medios.

Hay quien podría pensar que esto es solo una línea discursiva para convencer a su base. Sin embargo, vale la pena considerar la alternativa: esa forma de pensar es absolutamente honesta. Tan honesta que cuando alguno de los temas de su agenda es bloqueado en el Congreso, en las cortes, o bien, cuando los medios revelan algo que lo compromete, o cuando él o sus ayudantes son acusados por algo, entonces estamos ante un verdadero complot. Los medios solo señalan de él lo malo, los errores, y omiten hablar de sus aciertos y las cosas buenas de su administración. Pero como los medios (al igual que los académicos y críticos) se encuentran dentro de este grupo distanciado de la gente, no se dan cuenta que mientras más me atacan, más me alimentan y me hacen crecer.   
 

America First

Esta serie de circunstancias han causado que esas élites negocien malos acuerdos internacionales y permitan políticas laxas en temas como migración, dejando en el olvido a la gente que vota por ellos.  

Debido a eso, Estados Unidos es un país del que todo mundo ha abusado. Esto se ha visto, por ejemplo, en acuerdos comerciales (como el TLCAN) altamente redituables para las contrapartes, pero muy perjudiciales para Washington, Pero no solo en eso. El abuso ha incluido alianzas o pactos de seguridad como la OTAN o como acuerdos de defensa mutua, en donde ha sido EU y no sus pares quienes han sobrellevado la mayor parte de la carga financiera y militar de esos acuerdos, sin que Washington resulte igualmente beneficiado.

Pensar en Estados Unidos primero, es tomar las decisiones considerando siempre antes el beneficio de nuestro país, y luego el de otros. En esta racionalidad, una pregunta clave debe ser siempre respondida: ¿Qué es lo que EU concretamente gana de ciertas alianzas, pactos o acuerdos? Si la respuesta no pasa la prueba, es completamente legítimo deshacer dichos acuerdos o tratados. Cualquier tratado que no cumpla con lo señalado, es, desde esta visión, desechable. Honrar la palabra de Washington es válido solo en tanto esa palabra haya sido el producto de un acuerdo benéfico para el país.  

La proyección geopolítica de Estados Unidos como superpotencia es importante, únicamente si Washington gana cosas tangibles y concretas (en otras palabras, las relaciones son vistas como transacciones). De lo contrario, es decir, si ese supuesto “poder” estadounidense no se traduce en beneficios económicos para las empresas y trabajadores estadounidenses, o en algún rédito político muy específico (como, por ejemplo, el que Corea del Norte abandone su programa nuclear, o algo similar), entonces el pacto, alianza o acuerdo no tiene sentido.
 

Debilidad de “America”

La debilidad estadounidense en el mundo, es todo un hecho, y es producto de los malos manejos de las élites del pasado (republicanas y demócratas por igual). Pero esa debilidad consiste esencialmente en haber permitido que el planeta entero se aproveche de EU.  
A diferencia de tiempos de Obama, cuando el diagnóstico indicaba que la debilidad estadounidense a nivel global era el producto de los vacíos que Washington estaba produciendo en varias partes del mundo, para Trump el tema no es el de “vacíos generados”, sino de permitir que EU siempre acabe pagando costos elevados sin recibir beneficios equiparables.
 

El comercio internacional

El comercio internacional no es bueno en sí mismo, y puede llegar a ser atroz, desde esta óptica. Los trabajadores estadounidenses han sido los primeros perjudicados por las malas tomas de decisiones comerciales del pasado. Corregir los déficits comerciales con cada uno de los socios de Estados Unidos es la tarea inmediata a conseguir porque solo así, habrá recuperación de empleos. El avance de la tecnología o la terciarización de las economías (transformación de economías industriales en economías de servicios) no son factores fundamentales en la ecuación. Las barreras arancelarias son legítimas (incluso si tienen que violar las reglas de la OMC, porque lo primero es beneficiar a los trabajadores estadounidenses, no seguir reglas mal diseñadas).
 

Las negociaciones

Todo se puede negociar. Pero para lograrlo, hay una única estrategia: la ruda. Se debe emitir toda clase de declaraciones y amenazas que proyecten un claro mensaje acerca de cuán irrelevante es para Estados Unidos cierto acuerdo comercial, pacto de defensa o seguridad. Debido a esa irrelevancia, sigue indicando el mensaje, EU se encuentra en plena libertad de retirarse de dicho acuerdo o pacto con consecuencias mínimas. Si acaso se opta por continuar, esto será bajo nuevos términos que se ajusten a la doctrina de America First.
La estrategia consiste entonces, en colocar en posición de debilidad absoluta a la contraparte y a partir de ahí, efectuar todas las exigencias deseadas, pues bajo ese esquema, la sola supervivencia del acuerdo será percibida por la contraparte como una ganancia, y así, esa contraparte estará dispuesta a efectuar concesiones que no se hicieron a los políticos estadounidenses del pasado.
 

Seguridad, migración y terrorismo

La complejidad está normalmente ausente del pensamiento trumpiano. No hay factores de oferta que operan de manera paralela y en conjunción con factores de demanda de droga, por ejemplo. Solo hay oferta. No hay factores de atracción de migración, combinados con factores de expulsión; solo están los factores de expulsión que se arreglan cerrando las fronteras. El terrorismo no es multifactorial o algo que puede emerger de las propias sociedades occidentales. El terrorismo tiene ubicaciones lejanas específicas, grupos y mandos atacables y bombardeables. Salvo que, en la porosidad fronteriza, algún terrorista se pueda colar porque, eso sí, todo mundo quiere venir a Estados Unidos y quieren sacar ventaja de nuestra gran sociedad. Pero entrar a nuestro país es un privilegio y como tal, hay que ganárselo.

En esa lógica, las verdaderas amenazas de seguridad no se encuentran adentro, sino que proceden de fuera. Es por tanto indispensable restringir la inmigración todo cuanto sea posible. En el mismo momento en que, por ejemplo, se pueda evitar que los musulmanes entre al país, EU estará más seguro. Es verdad que algunos inocentes tendrán que pagar, pero es necesario pensar primero en Estados Unidos y en su seguridad, no en aquellos que quieren entrar al país por la razón que sea.

En la medida en que logremos cerrar las fronteras, y al mismo tiempo mostremos a todo el mundo el poder estadounidense mediante bombardeos indiscriminados a las organizaciones jihadistas, entonces el mundo entenderá nuestra resolución para terminar con el terrorismo de una vez por todas y “para siempre”. Las recientes victorias sobre ISIS lo demuestran. El hecho de que una parte de esas victorias hayan sido logradas a partir de una alianza tácita entre EU e Irán (quien paradójicamente es, en la misma narrativa, un estado que apoya al terrorismo) no parece relevante en esta línea de pensamiento y, tratar de explicarlo, puede resultar contraproducente.
La otra gran fuente de inseguridad que procede de fuera es el narcotráfico. México produce violadores y criminales, y, si bien, hay elementos valiosos en su sociedad, ese país nos manda siempre a lo peor que tiene. Bajo esa racionalidad solo la construcción de un muro podrá darnos seguridad, y garantizar que nuestros hijos no se llenen de drogas (además de que evitará que los mexicanos roben el empleo al trabajador estadounidense –conectando así, los temas de seguridad, los migratorios y los económicos).  
Hablar de los factores simbólicos o políticos que suponen la construcción del muro, es perder el tiempo bajo esta racionalidad trumpiana porque Trump está pensando en beneficios concretos, no abstractos.
 

En suma

Me podría meter a otros temas como por ejemplo el cambio climático, cuestiones de armas, de género o raza, pues este ejercicio da para mucho. Sin embargo, es imposible lograrlo todo en este espacio
Lo más importante es comprender que Trump no es necesariamente o, no es siempre irracional, sino que su racionalidad tiene determinadas líneas. Entender cuáles son los hilos conductores de esas líneas podría ayudar a evitar una gran cantidad de argumentos y explicaciones que constantemente sus contrapartes buscan esgrimirle, pero que, constantemente se topan con pared, la pared de su visión del mundo. Pensar en cambio, en alternativas más viables para atender y en su caso enfrentar las preocupaciones de Trump, podría resultar más redituable. No es simple, pero quizás por ahí hay alguna pista. ¿Usted qué piensa?

Twitter: @maurimm
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Arenas Movedizas es un espacio para conversar sobre temas internacionales relacionados con el conflicto, intentando aportar siempre la perspectiva de construcción de paz que a veces tanto nos hace...

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