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Tres años sin los jóvenes de Chilapa

El 9 de mayo de 2015, el tufo a muerte invadía el municipio guerrerense: 113 horas, cinco días, sin autoridad más que la de los hombres armados que tomaron el pueblo. Horas en las que cualquiera pudo desaparecer; en Chilapa han desaparecido 150 personas desde 2011
Tres años sin los jóvenes de Chilapa, Guerrero
FOTO: ARTURO DE DIOS PALMA
09/05/2018
09:00
Arturo de Dios Palma
Guerrero
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Chilapa.- Fueron 113 horas, cinco días. Horas y días de incertidumbre, de omisión. Sin autoridad más que la de los hombres armados que tomaron Chilapa, Guerrero. Horas en las que cualquiera pudo desaparecer. Horas de cacería. Horas de silencio, de encierro, de gritos, de dolor, de frustración.

Acá la reconstrucción de esos días, de esas horas.

Día 1: la irrupción

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FOTO: ARTURO DE DIOS PALMA

Era el 9 de mayo de 2015, el tufo a muerte invadía Chilapa. Ocho días a tras hombres armados asesinaron al candidato del PRI a la alcaldía, Ulises Fabián Quiroz. Nadie esperaba que la violencia superará este capítulo, pero ocurrió.

A las 7 de la noche de golpe llegaron a la ciudad en decenas de camionetas unos 300 hombres armados. Se apoderaron de la Secretaría de Seguridad Pública y a los policías municipales los desarmaron.

En el bulevar Eucaria Apreza, instalaron un retén donde registraron taxis, urbans, carros particulares, y catearon comercios y bares en busca, según dijeron, de miembros de "Los Rojos". Hicieron detenciones y desde entonces tomaron el control de la ciudad.

Los civiles armados informaron que provenían de 16 comunidades de Chilapa, casi todas ubicadas en la franja donde en ese momento se concentraba la disputa entre "Los Rojos" y "Los Ardillos". Se autodenominaron comunitarios.

Día 2: los motivos

Este hombre pide que lo identifiquen como “El Comandante”: “Nosotros estamos acá porque ya perdimos a un hermano, a un padre, a un hijo, a una esposa”, explica la razón de su presencia en Chilapa.

El hombre es moreno, robusto, tiene el rostro cubierto con un paliacate y con un arma en la cintura resume la razón de la irrupción: la detención de los líderes de la banda "Los Rojos", la destitución del director de la Policía municipal y que les entreguen a sus familiares que ha sido desaparecidos.

Este hombre es el responsable de la guardia que hacen la mañana del domingo en la entrada de la ciudad. La guardia saluda: “Bienvenidos, desde hoy en Chilapa ya no hay secuestros, ni extorsiones, ni pagos de cuota. Se acabaron las muertes de inocentes. Nosotros ahora somos los policías municipales”, dice un hombre que asoma su cabeza por la ventana de un auto junto con su escopeta.

El “Comandante” dice que desde el día de su llegada le pidieron a los elementos de las corporaciones que están en Chilapa realizando trabajos de seguridad que “si no pueden que nos dejen hacerlo a nosotros”.

“Tomamos 10 armas y patrullas de la Policía municipal prestadas porque no las ocupan; si no la ocupan, entonces que nos dejen ocuparlas; en cuanto termine esto se las regresamos, porque nosotros no somos rateros”, dice el “Comandante”.

Terminar con esto, para el “Comandante” es detener a los principales cabecillas del grupo criminal que opera en la cabecera municipal desde hace unos ocho años; la destitución del director de seguridad pública, Job Encarnación Cuenca, y la localización de sus familiares. Mientras no suceda eso, advierte, no se retiraran.

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FOTO: ARTURO DE DIOS PALMA

Día 3: el rechazo

Era la 1 de la tarde del lunes 11 de mayo, las campanas comenzaron repicar, hombres y mujeres se reunieron en el zócalo de la ciudad. Desde un día antes, en la redes sociales comenzó la convocatoria: “A toda la ciudadanía se les invita a una asamblea a las 12 p.m en kiosco para tomar acuerdos y ver la forma de actuar por nuestra ciudad y que no vengas esos falsos comunitarios a hacer atropellos”, decía el mensaje en Facebook.

La convocatoria tuvo resultados. A la 1 de la tarde comenzaron llegaron unos 100 o 150 pobladores, pintaron mantas y pancartas con consignas como: “Basta de atropellos, fuera comunitarios” y “Entreguen a los levantados”.

Los pobladores salieron de la catedral rumbo al bulevar donde los civiles armados mantenían su base.

Tomaron la avenida Revolución y apenas a unos metros se toparon con una urban del transporte público llena de personas armadas que se retiraron; la manifestación siguió su camino y unos 300 metros antes de llegar al bulevar, los civiles armados los toparon.

Justo antes de encontrarse, las personas armadas se abalanzaron en contra de un grupo de reporteros que cubría el suceso: les quitaron su equipo, cámaras fotográficas y de video, celulares y a algunos les apuntaron y golpearon. Los equipos fueron devueltos minutos después con la condición de que eliminaran las imágenes.

Mientras los pobladores y civiles armados se iban acercando, los negocios de esa avenida comenzaron a cerrar sus cortinas. Desde esa hora las calles se comenzaron a desolar.

Policía Estatal, de la Gendarmería y el Ejército, todo lo vieron a distancia.

Días 4: los desaparecidos

El martes los pobladores de la cabecera municipal volvieron a marchar, ahora cambiaron de dirección su demanda: exigieron al nuevo encargado de la seguridad en el municipio, el oficial de la Policía Estatal Juan Suástegui Epifanio, la salida de los civiles armados.

Denunciaron la desaparición de sus familiares y dijeron que desde que arribaron los civiles armados hasta ese martes, habían desaparecidos aproximadamente 16 personas.

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FOTO: ARTURO DE DIOS PALMA

Comenzaron a escucharse las historias de horror. Una mujer denunció la desaparición de su hermano de 21 años de edad, la noche domingo anterior.

Dijo que su hermano salió a ver a su novia y ya no regresó. Sin embargo, apuntó que diversas personas le han dicho que fueron los civiles armados los que detuvieron a su hermano.

Otro narró que su hermano desapareció ese mismo domingo y que tuvieron comunicación con su familiar hasta las 8:15 de la noche a través de Whatsapp.

Los dos pobladores naran que desde ese día acudieron hablar con los civiles armados, pero éstos negaron que los tuvieran.

Sin embargo, denunciaron que de acuerdo con la información de otras personas que habían sido detenidos por los civiles armados, sabían que a los retenidos se los llevan a un módulo de la Policía Municipal ubicado rumbo al crucero que conduce a la comunidad de Atzacualoya.

También denunciaron que habían ido a pedir ayuda ante la Policía Estatal, la Gendarmería y el Ejército, pero que éstos no han accedido.

Días 5: el retorno de Los Rojos

“!Órale, vamos!, 'El Chaparro' (líder del grupo criminal) está por el salón California, esto (el bloqueo) es una pantalla para que entrara”, gritó uno de los civiles armados cuando fue por sus compañeros para buscar a los cabecillas del grupo que se encontraban donde pobladores de la cabecera municipal mantenían bloqueada la vía federal.

Desde ese momento en el bloqueo comenzó la incertidumbre. Muchos de los celulares de los manifestantes comenzaron a recibir llamadas de alerta ante el arribo del grupo delictivo y así un posible enfrentamiento.

En los minutos siguientes los pobladores decidieron suspender el bloqueo y retirarse del lugar. Pero no sólo allí se suspendían las actividades. En casi toda la ciudad, los comercios cerraron y los habitantes corrían refugiarse.

En menos de media hora las calles de la ciudad quedaron desoladas. Muy pocos carros y peatones circulaban. En el primer cuadro de la ciudad, a las 2:00 de la tarde todos los negocios estaban cerrados.

Por donde pasaba la caravana conformada por unas siete camionetas repletas de hombres con armas largas, los negocios cerraban sus cortinas y las personas se esfumaban.

Los civiles armados, por su parte, intensificaron sus rondines por la ciudad. En ese momento los pobladores esperaban el momento trágico: que sicarios y civiles armados se toparan y se desatara la balacera.

A la par de los rondines de los sicarios y civiles armados, comenzaron los de la Policía Estatal, la Gendarmería y del Ejército.

El arribo del grupo delincuencial fue anunciado en redes sociales. Desde la 9:00 de la mañana circuló un mensaje que pedía a los pobladores no asustarse si veían muchas camionetas con hombres armados porque venían a tratar de establecer una “tregua” con los civiles armados y reanudar la paz en Chilapa.

"Los Rojos" y los civiles armados nunca se toparon.

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FOTO: ARTURO DE DIOS PALMA

Días 6: la retirada

Los civiles armados aceptaron retirarse a cambio de que el Ejército y la Policía estatal detengan a los líderes del grupo delictivo "Los Rojos". De no hacerlo, advirtieron, regresarían.

En el salón California, rumbo a la salida al municipio de Zitlala, cientos de civiles armados y mandos del Ejército, la Gendarmería y Policía Estatal mantuvieron una mesa de negociación.

La mesa se dio porque policías estatales y militares desarmaron a un grupo de civiles y les quitaron sus camionetas. Esto obligó a la negociación. Tanto armas como carros les fueron devueltos al final.

El teniente coronel del Ejército, Ulises Flores, informó que entre los acuerdos estan que los civiles armados aceptaron retirarse a sus comunidades con la condición de que militares y policías detengan a los líderes de "Los Rojos" en una semana.

De no ser así, dijo el mando del Ejército, los civiles armados retornarían a la ciudad y volverán a tomar el control de la seguridad como lo hicieron durante cinco días.

Día 1095: la impunidad

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FOTO: Archivo. EL UNIVERSAL

La tarde del 14 de mayo cuando los civiles armados desocuparon la ciudad, dejaron atrás una huella inclemente: la desaparición.

Desde entonces no regresan a su casa al menos 16 hombres, cuyas familias presentaron denuncia: Carlos Emanuel Meza Nava (21 años); Alejandro Nava Reyes (22); Arturo Gutiérrez Jaimes (19); Jaime Eduardo Villanueva Altamirano (31); Jorge Luis Salmerón Hernández (22); Sebastián Ulises Alonso Jaimes (20); Jorge Abarca Jaimes (18); Sergio Derramona Romero (25); Daniel Velázquez Romero (23). También faltan los hermanos Víctor (15), Juan (21) y Miguel (25) Carreto Cuevas, así como Crispín Carreto González (39) y su hijo Samuel Carreto Vázquez (15).

No son los únicos, ni los primeros, ni los últimos. De acuerdo al registro de los familiares, en Chilapa han desaparecido 150 personas desde 2011.

De la irrupción han pasado, tres años, 36 meses, 144 semanas, mil 95 días y no hay ningún resultado, ningún detenido, menos la presentación de uno de los desaparecidos.

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