Sobreviven a las heladas con lonas y cartones en Zacatecas

En Las Peñitas, ante las nevadas, forran sus jacales con cobijas; se consideran discriminados; no reciben ningún apoyo social
En la casa de la familia Hernández Hinojosa han tomado la decisión de colocar cobijas en las paredes de su casa para contrarrestar el efecto de las heladas (IRMA MEJÍA. EL UNIVERSAL)
16/12/2017
03:30
Irma Mejía / Corresponsal
Guadalupe, Zacatecas
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En las alturas del cerro San Simón están Las Peñitas: dos calles en las que se enclavan una veintena de jacales construidos con cartón, lonas, cobijas y algunos troncos, material que protegen a sus habitantes de las inclemencias del tiempo, como las recientes heladas que se registraron en este lugar con temperaturas de 9 grados bajo cero.

Justo aquí, en tres jacalitos, vive el matrimonio conformado por Yolanda Hinojosa Carrillo, de 26 años y Samuel Hernández Percaste, de 32 años, junto con sus dos hijos, Samuelito, de 10 años, y Violeta, de seis; a la familia se le suman “Rocky”, su perro pitbull, “Pinpón”, su gato, y tres patos.
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Samuel trabaja para una empresa que elabora y coloca estructuras publicitarias, lo que ha permitido que le regalen grandes lonas de vinil grueso que sus patrones desechan, y que para él son muy valiosas para construir y reforzar su vivienda. Lleva cuatro años viviendo en Las Peñitas.

Considera que el suyo es uno de los jacales más protegidos, porque hay otros construidos con pedacerías de lona y cartón, que no detiene en casi nada ni el frío ni las lluvias.

Con ingenio ha utilizado troncos y maderas para armar las estructuras que cargan el peso de las lonas y una serie de cobijas con las que también tapizan el interior de sus cuartos. Sólo en la cocina pusieron algunas láminas de fibra de vidrio, en donde tienen su cilindro, estufa y lavadora, porque si las dejan afuera se las roban.

En la entrada principal está su cuarto, en el jacal contiguo está el dormitorio de los niños con dos camas individuales, y al fondo está la cocina, aunque este lugar también sirve para bañarse y lavar, porque es el único lugar de la casa en donde echaron cemento, y el desnivel del cerro permite que el agua se escurra.
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Con las bajas temperaturas que han azotado en gran parte del territorio zacatecano han optado por protegerse con más cobertores. Samuelito y Violeta decidieron dormir juntos en una cama para mitigar el frío, y si es necesario, se ponen sus chamarras.

La semana pasada, el día de la helada, hasta su perro “Rocky” temblaba —está amarrado afuera de los jacales, como todo un guardián—; por ello prefirieron llevarle dos pequeñas cobijas: una para ponérsela de techito, que le construyeron con un pedazo de lámina, y otra para cobijarlo.

Samuel refiere que apenas hace dos meses adquirió una camioneta de modelo antiguo que está pagando en abonos y recientemente se le averió la bomba de agua, lo que ayudó a que por las inclemencias del tiempo no le tronarán el radiador, como le ocurrió a muchos otros vehículos.

Yolanda levanta a sus hijos a las siete de la mañana. Antes de llevarlos a clases, les prepara un café con leche caliente y pan. Si su marido ya se fue a trabajar, ella carga las dos mochilas y caminan tres kilómetros para poder llegar a la escuela.

Samuel está decidido a ir hablar seriamente con la directora de la primaria José Vasconcelos, ubicada en la colonia África, para que sea tolerante y permita a las alumnas llevar pants, pues su hija, aunque tiemble de frío, prefiere llevar la falda del uniforme para que no la castiguen.

Samuel considera que para las autoridades son invisibles porque aunque están ahí, nunca reciben apoyos de ningún tipo; en cambio sí han ido hasta en las madrugadas a ver si viven o no en sus jacales. Refieren que hace tiempo un diputado local los apoyó con unos bultos de cemento, pero con gran orgullo destacan, todo lo que tienen ha sido gracias a su trabajo.
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Para él, son los discriminados del Cerro San Simón, ya que enfrente están Las Peñas y otros fraccionamientos de clase media alta. Muchos constructores, dice, van a tirar los escombros cerca de sus jacales y de un arroyo que atraviesa esos cerros.

Pese a las inclemencias del tiempo y sus carencias, aseguran que son una familia feliz porque gracias a Dios sus hijos han salido sanos “casi no se enferman, están aclimatados”, tienen salud y un hogar en el cual viven y podrán crecer.

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