Sin rencor, a un año del tiroteo en Colegio Americano

A un año de la tragedia en el Colegio Americano del Noreste, en NL, los Ramírez González relatan lo difícil que ha sido enfrentar el daño que sufrió su hijo, tras recibir un balazo en la cabeza; buscan concientizar a otras familias sobre la necesidad de hablar con los vástagos
La familia de Luis afirma que el trabajo constante en rehabilitaciones y hospitales ha sido como un volver a nacer, no sólo para su hijo (EMILIO VÁSQUEZ)
18/01/2018
03:10
David Carrizales / Corresponsal
Monterrey
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La alegría de ver por primera vez a un hijo sonreír, dar pequeños pasos y emitir sus primeras palabras no es comparable con el regocijo que experimentó la familia Ramírez González al observar en Luis Fernando un leve movimiento de sus extremidades, un parpadeo, cualquier movimiento por pequeño que fuera, cuando salió del estado de coma después de sufrir un disparo que atravesó su cráneo.

Sin rencores, sin amarguras, ni sin lanzar culpas, y hasta contentos por la evolución milagrosa, Aurora González García y Fernando Ramírez Garza, padres de Luis Fernando, uno de los tres adolescentes que resultaron heridos durante el incidente registrado el 18 de enero de 2017 en un salón de clases del Colegio Americano del Noreste, se muestran agradecidos por la solidaridad y el cariño de la gente.

Entrevistados en su vivienda en una colonia de clase media al sur de Monterrey, acompañados de sus hijos Luis Fernando, de 15 años, y Alejandra, de 13, la familia aceptó hablar del caso, un tanto para hacer conciencia de la necesidad de escuchar y estar pendientes de lo que hacen los hijos, además de dar el mensaje de que se puede salir de los problemas, aun los más difíciles, cuando se abordan con unión familiar y tenacidad, aseguran.

Luis Fernando era un estudiante de excelencia, con 97% de promedio en secundaria, y se había ganado una beca para estudiar preparatoria en la Universidad de Monterrey o en el Tecnológico de Monterrey. Pero el ataque pospuso sus planes y será hasta agosto próximo cuando ingrese al bachillerato, y por el momento se enfoca en su rehabilitación.
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“Le iban a dar la oportunidad de ir en silla de ruedas, pero tenía que acompañarlo un ayudante para la movilidad, y él todavía no puede escribir, aunque iba a tener algunas consideraciones, debería cumplir con todo el programa”, comenta su madre.

Luis Fernando puede hablar con normalidad, pero parte de su cuerpo no tiene movilidad; sin embargo en todo momento, de la entrevista se mostró tranquilo, de buen humor, a ratos sonriente. Recuerda que cuando tenía dos meses en el hospital no podía leer, su familia lo hacía para él. Ahorita Luis Fernando sí lee, no con la misma velocidad, pero ya se está entrenando. El menor afirma que en este periodo ha leído unos 70 libros, todos en papel, y bromea, porque “tienen magia, y es pecado leer libros en línea”.

Él mismo daba vuelta a las hojas con la mano izquierda, pues la derecha es la más dañada, dice su padre, quien destaca la coordinación y claridad mental de sus frases e ideas; aunque la lesión le afectó un poco la memoria de corto plazo, por lo que una neurosicóloga trabaja con él, además recibirá apoyo de la Secretaría de Educación del estado para llevar un plan integral y prepararlo académicamente para el ingreso a preparatoria.

“En agosto empezará el primer semestre, tenemos que trabajar muy duro para que esté listo”, refiere su mamá.

La rehabilitación

Los padres de Luis Fernando aseguran que él ha vivido un renacer, más emotivo que cuando un bebé empieza a sonreír, a sentarse, a dar sus primeros pasos, porque eso es algo natural; lo de su hijo es como un regalo inesperado.

“Ante un bostezo, por ejemplo, decíamos ‘qué padre’ porque es un estímulo que el cerebro está recibiendo; o ‘ya movió la mano, ya movió el pie, se sonrió, parpadeó’, todos esos detalles para nosotros eran muy importantes” dice don Fernando.

“Ha sido pesado, pero no tanto; es nuestro hijo, lo amamos, nos duele, nos pesa y tratamos de hacer que la vida sea más fácil para él, agrega su madre.

Luis Fernando ha sido sometido a terapias, para su recuperación. “Son de lunes a viernes por la mañana de tres a cuatro horas diarias. Le dan electroestímulos, trabajo en colchonetas, ya se sube a bicicletas, y hace ejercicios en las barras para el equilibrio”, comenta Aurora.

“Al principio, las terapias eran muy difíciles; era estiramiento, empezarlo a poner en una cama vertical. Eso le ocasionaba un estrés tremendo, sentía que se iba a caer y lloraba. Pedía que por favor lo sacáramos de ahí, le dolía mucho, pero decían los terapeutas que es normal que duela todo el cuerpo.

“Yo me ponía a llorar, me volteaba y no lo quería ver, porque me suplicaba como si lo estuviéramos matando, era horrible. Pero tenía que pasar eso para que ahorita esté mucho mejor”.

Aurora asegura que desde el principio se enfocaron en Luis Fernando, sin meterse en nada negativo. “No nos cuestionamos ni cuestionamos a Dios ¿por qué a él?... ese tipo de temas  los dejamos a un lado y nos enfocamos en su salud”.
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Reconoce que también les ayudó el apoyo de los amigos y muchísima gente desconocida que se acercó a darles muestras de cariño, así como personas que organizaron misas en Italia, Nueva York, Houston o Chicago, “estamos muy agradecidos con todo ese arrope que nos hizo más fuertes”.

“Cada avance que íbamos teniendo lo íbamos festejando: ya se movió, abrió la mano, ya movió la cabeza; cuando sonrió fue lo máximo. Cada avance que iba dando lo íbamos festejando y esa alegría se la transmitíamos a él. Fernando, tú acepta esto, estás así, pero vas a poder salir adelante, aquí estamos nosotros, no te vamos a dejar solo”, señala la madre.

El padre agrega: “Ése fue un tema que nos ayudó, y obviamente el trabajo de los médicos, el doctor Ángel Martínez Ponce de León, que es el jefe de Neurocirugía del Hospital Universitario, hizo un trabajo excelente. Nunca perdimos la fe, a pesar de la magnitud del daño .

“Entendemos que es un proceso largo, difícil, pero nos ha dejado mucha enseñanza también de que haciéndolo con amor, con la familia todos juntos”, dice su padre, y destaca la actitud de Luis Fernando, quien pone valentía, buen sentido del humor y gran esfuerzo por ayudarse.

Sobre el día de los hechos, el padre de familia recuerda que su hija Alejandra, dos años menor que Luis Fernando, estuvo en el mismo piso donde ocurrió el ataque armado y le contó que se asustó mucho porque al bajar los niños del salón de la tragedia no vio a su hermano. Ahora, a pesar de lo que vivió se ha portado muy madura y entendió que la atención prioritaria es para Luis Fernando.

Alerta

Algo que nos interesa, comenta el señor Fernando, es que no vuelva a pasar, nos toca a todos poner atención como papás, y a los mismos jóvenes. No debemos subestimar alguna posible amenaza, aunque parezca juego de otro compañero.

“Tiene mucho que ver la educación y confianza que demos a los hijos, es un error dejar solos a los menores, o darles demasiadas libertades, todo a su tiempo. A veces por moda, por influencia de los amigos, ‘ya suéltalo, ya tiene 15’, y empiezan a hacer cosas que no son para su edad”, considera.

Aurora añade: “Tiene que ser un trabajo en equipo de la familia, la escuela, las autoridades y toda la sociedad, los jóvenes son un filtro muy importante para detectar cualquier anomalía, y no hablamos sólo de que una pistola puede hacer daño, no se necesita un arma para causar violencia”.

Adaptación en casa

El proceso de rehabilitación fue muy complicado al principio porque Fernando usaba una silla muy grande que le permitía sostener la cabeza. Dentro de la casa usaban una grúa para moverlo.

Luis Fernando tenía mucho vértigo, lloraba porque sentía que se caía y con la grúa tenían que usar un arnés para llevarlo a su cama. “Ya lo paramos, yo lo subo por las escaleras, un paso y otro paso”.

Don Fernando asegura que algunos jóvenes lo miran en la calle y se detienen para decirle “gracias, tuve un problema de salud hace tres meses, y ver cómo estás me da fuerzas para seguir adelante”.

“Nos está dejando algo bueno dentro de toda la tragedia que vivimos, tenemos que dar un poco de tanto que recibimos de gente del país y el extranjero, nos toca aportar algo, a gente que podamos ayudar para que se motive”, reconoce el padre.

Aficionado al cine de ficción y cómics, Luis Fernando recuerda que asistía a las premier de películas que se estrenaban en la madrugada a pesar de que tuviera que levantarse cuatro horas después para asistir al colegio donde ocurrió la tragedia.

Hoy en día, su familia trata de seguir asistiendo a ese tipo de funciones y el pasado julio fue con sus papás y su hermana al Comic-Con International en San Diego, California, como regalo de cumpleaños que se ganó por su buen comportamiento y su desempeño escolar.

Luis Fernando tiene pendiente una cirugía para la reconstrucción de cráneo, si no es este mes, el otro, le pondrán unas placas de plástico en el Hospital Universitario, porque en el lugar donde entró y salió la bala se destruyó todo el tejido óseo.

El viaje y otras experiencias le enseñaron a la familia las dificultades que pasan las personas con discapacidad. “Nosotros por 30 años pasábamos por afuera del DIF, mirábamos a gente que pasaba en silla de ruedas, pero era algo ajeno, indiferente; y ahora que nos tocó a nosotros, hemos aprendido”, dice Aurora González, y agrega su esposo Fernando: “Estamos contentos, agradecidos con Dios, y con las personas que están de nuestro lado, estas experiencias nos han hecho más humildes, más fuertes y más unidos”.

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