Proeza: 41 años del primer reimplante de mano

El doctor Felipe Flores y el paciente Reynaldo Campos recuerdan cómo fue aquel febrero de 1977 cuando se realizó con éxito la primera cirugía de alto riesgo
Hace 41 años se realizó el primer reimplante de mano en México
A punto de cumplir 50 años de ejercer la Medicina, el traumatólogo Felipe Flores afirma que en los hospitales públicos lo único que sobra son pacientes, todo lo demás falta. (Fotos: EMILIO VÁSQUEZ)
21/05/2018
04:00
David Carrizales / Corresponsal
Nuevo León
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Monterrey.- Hace 41 años, en el Hospital de Zona se realizó el primer reimplante exitoso de mano a Reynaldo Campos García, a cargo de los médicos Felipe Flores Rodríguez y Humberto Rodríguez González, quienes nunca habían intentado una operación de ese tipo.

El médico Felipe Flores Rodríguez actualmente continúa ejerciendo como ortopedista y traumatólogo con la misma pasión que hace 50 años cuando inició su profesión.

Hijo de un profesor y una maestra rural, el médico es originario de El Blanquillo, Allende, Nuevo León, sitio reconocido por su carne seca, por lo que Flores Rodríguez dice hilarante: “Lo mismo pude ser doctor que carnicero, pues dada la práctica de algunos médicos a veces no se distingue la diferencia entre unos y otros”.

Sobre la cirugía de reimplante de mano, recuerda claramente ese 10 de febrero de 1977, cuando al mediodía llegó la ambulancia con Reynaldo Campos García, quien había sufrido la amputación de la mano izquierda.

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“El corte fue a la altura del tercio medio con distal, al nivel de los huesos cúbito y radio. Yo había oído de los reimplantes en el hospital de Traumatología y Rehabilitación del Centro Médico Nacional [donde ejerció dos años antes]. Tenía la idea porque vi a varios excelentes cirujanos intentar hacer la operación, pero sin éxito”.

El especialista explica que en 1967 había un antecedente con un joven cañero de El Mante, Tamaulipas, a quien atendieron en la Ciudad de México, donde el doctor Luis Gómez Correa realizó la operación, pero no fue tomada como reimplante debido a que la extremidad no fue amputada totalmente.

Flores recuerda que tenía menos de un año que había llegado al hospital y cuando se le presentó el caso de Reynaldo, de inmediato pidió al quirófano un neurocirujano, un cirujano plástico y un cirujano vascular, por lo que el jefe de servicios lo cuestionó:

Me preguntó el doctor Criollos: “Felipe, ¿qué vas a hacer?”

—A reimplantar una mano.

—Ah, chingado, ¿y quién la va a hacer?

— Yo mero.

—¿Cómo?... ¿Y qué necesitas?

—Que me faciliten las cosas.

—¿Ya lo has hecho?

—No, pero sé cómo se hace.

Pero antes de iniciar la cirugía se topó con el primer reto: el cambio de turno del personal y la falta de disposición de sus compañeros. “Empecé a decirle a los cirujanos plásticos: ‘oye, ¿me ayudas?’, y sus respuestas eran: 'No, ya me voy, eso no te va a dar resultado... ya se te va a acabar el turno...’ Y se fueron retirando”.

Por fortuna, Flores se encontró con el doctor Humberto Rodríguez, cirujano de corazón, a quien sólo conocía de vista, pero tuvo el gesto de preguntarle: “¿Qué anda haciendo, doctor?”. “Voy a reimplantar una mano”, y le ofreció su ayuda como cirujano vascular.

“Total, sólo nos quedamos el doctor Humberto y yo. Nos ayudó un anestesiólogo que entró en el turno de las 2:00. La cirugía duró 10 horas”.

“Lo primero que hay que hacer para esta operación es fijar los huesos con placas y tornillos, que era para mí lo más habitual; luego Humberto hizo su trabajo con las venas y las arterias, después a pescar los nervios y los tendones”, explica el doctor Felipe Flores.

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“Esta fue la primera operación de reimplante de mano con éxito y completa. Dicen los del Hospital Universitario que ellos tenían antes, pero dónde está la publicación o la evidencia. Ninguna mano reimplantada ha vuelto a hacer esto en el mundo”, comenta el doctor Flores mientras abre y cierra el puño con fuerza y de manera ágil.

Las envidias

Felipe Flores reconoce que después de la operación sintió la envidia de algunos de sus colegas y compañeros, pues en esa ocasión de 30 traumatólogos sólo uno lo felicitó.

“Los demás decían: ‘n’hombre, ya lo hicieron otros’; otros decían: ‘Eso de pegar un hueso, cualquiera [lo hace], ya lo han hecho muchos’, pero sin dar pruebas”.

“Bueno, dicen que no fue Cristóbal Colón el primero que llegó a América, pero al que recuerdan es a él; así yo, no importa que lo hayan hecho antes, al que se está reconociendo es a mí. Tenía una presión de los compañeros; como que no queremos ver el éxito en los otros”.

Flores cuenta que en esa época el Seguro Social estaba con muy mala imagen, y como jefe de delegaciones estatales estaba Romeo Flores Caballero, quien un día visitó de incógnito al paciente y al ver que la mano estaba rehabilitándose organizó una visita del entonces director general del IMSS, Arsenio Farell Cubillas, para darle realce a la institución.

Hubo mucha difusión del caso: “Salí en todos los medios, hasta en el Alarma”, bromea el doctor Flores y agrega que en ese entonces el IMSS ofreció premiar a los médicos que participaron en el reimplante con becas a cualquier parte del mundo. “Reynaldo vio que yo salía en todos lados y un día me dijo: ‘Oiga, doctor, ¿y yo qué voy a recibir?', y le respondí: ‘Pues tu mano’”.

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Sobre el paciente, el doctor Flores asegura que como a los dos años del accidente lo dejó de ver, pero asegura que se percató de que recuperó su mano y le sirve mejor que cualquier prótesis porque siente y se ayuda con ella para sus labores.

Después de los reconocimientos institucionales, el doctor Flores fue despedido del IMSS: “Es que practico el deporte del metichismo y anduve en el movimiento para sacar adelante la situación laboral de los médicos; decían que era mi venganza porque no me dieron la beca por el reimplante; yo quería ir a Suiza”.

A punto de cumplir 50 años de ejercer la medicina, el traumatólogo afirma que “en los hospitales públicos lo único que sobra son pacientes, todo lo demás falta”.

En su estilo directo y coloquial, asegura que otro problema del sector público es lo que se les paga a los doctores: “Gana igual el listo que el pendejo, el flojo que el trabajador, a la hora del cheque todos reciben lo mismo, ¿y quién es el pendejo? El que trabajó bien y mucho”.

Sin embargo, pondera que al final el médico comprometido con su profesión recibe más satisfacciones por el agradecimiento de sus pacientes que por el pago de su servicios.

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