En Juchitán, los niños viven con miedo en albergues

El sismo les cambió el carácter y la rutina, dicen sus padres; permanecen en refugios 226 mil menores tras tragedia: ONG
En el albergue El Calvario habitan 38 niños del Istmo que perdieron sus viviendas por el sismo del 7 de septiembre; algunos de ellos tienen problemas para conciliar el sueño (FOTOS: EDWIN HERNÁNDEZ. EL UNIVERSAL)
25/10/2017
01:39
Christian Jiménez/Corresponsal
Juchitán de Zaragoza.
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Decenas de niños de las comunidades del Istmo de Tehuantepec son parte de la cifra de damnificados por el sismo que aún no tienen una atención integral. A diario luchan por adaptarse a la vida en los albergues, pero reconocen que, a su corta edad, han tenido que aprender a vivir con miedo y sin escuela.

Un ejemplo de ello son los 38 niños que habitan en el albergue El Calvario, quienes han transformado sus juegos, su sueño y su aprendizaje a causa del terremoto.

Sara Pérez tiene ocho años. Antes del temblor que derribara miles de casas en el Istmo de Tehuantepec, a ella como a muchos otros niños de su edad le gustaba jugar e ir a la escuela. Ahora extraña su rutina y añora el Palacio Municipal de Juchitán y el mercado, a donde acudía a menudo.

“Soy muy tímida y no me gusta jugar tanto… iba a clases de natación, pero así no puedo”, comenta. Muchos de sus familiares perdieron sus viviendas y otros forman parte del saldo de defunciones.

A las pérdidas de la pequeña se suma la desaparición de su gato, al que recuerda como su compañía, incluso en los días de lluvia.

Desde hace más de 45 días le da miedo dormir, a pesar de estar siempre cansada. Sara ha aprendido a vivir entre lonas y otras familias que comparten el mismo espacio.

Cantar para olvidar. Mientras se alista para lanzarse de una resbaladilla, Santiago López —otro de los niños que habita el refugio— canta.

A pesar de extrañar su escuela y amigos, intenta disfrutar de los días sin clases. Recuerda que en su escuela pintaba y también cantaba como lo aprendió a hacer viendo videos.

Jazmín Lucero cursaba el tercer grado antes de que se suspendieran las clases. Desde entonces acompaña a su mamá a trabajar y mientras tanto repasa las tablas y hace cuentas, pues Matemáticas es su materia favorita.

Por su parte, Edith Morán, madre de familia que solía habitar un inmueble ubicado en la calle Francisco I. Madero, de la cuarta sección, desde el albergue reconoce: “El temblor nos cambió mucho la vida”.

A pesar de los esfuerzos por mantener tranquilos y vigilados a los niños, comenta, ellos juegan todo el día y asisten a la carpa de unicel donde brindan atención sicológica; no obstante, las afectaciones son claras.

“El carácter de los niños ha cambiado desde el sismo, se volvieron agresivos y tienen miedo. Extrañan ir a la escuela, hacer las actividades de rutina y mirar la televisión”.

Totalmente abandonados. En la entidad, las autoridades no tienen datos precisos del número de infantes damnificados, no solamente por no contar con un hogar a causa de los temblores y los daños por las lluvias, sino también por no acudir a la escuela desde hace mes y medio.

Sin embargo, la semana pasada, la organización Save the Children informó en un comunicado que más de 226 mil niños y niñas mexicanos siguen durmiendo en las calles o albergues a un mes del segundo sismo.

De acuerdo con el Comité de Defensa Integral de Derechos Humanos Gobixha, hay total desatención a la niñez en la región del Istmo.

“Hay un abandono total de las autoridades y no están haciendo nada para solucionarlo. Los menores están totalmente ignorados”, dijo su presidenta, Alba Cruz.

Manifestó que la agrupación realizó acciones de atención sicosocial, pero denunció que a otras organizaciones les han impedido laborar.

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