En Chihuahua, Yeni levanta la mano por los tarahumaras

La mujer rarámuri estudió Ecología en la UACH, planea volver a la sierra para apoyar a las jóvenes
En Chihuahua, Yeni levanta la mano por los tarahumaras
Yenizeth quiere enseñar sobre el uso de semillas, conservación de suelos, aprovechamiento de recursos de forma sustentable, entre otros temas que beneficiarán a las familias de la región (ESPECIAL)
13/02/2018
01:23
Luis Fierro / Corresponsal
Chihuahua
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Yenizeth es Tarahumara, nació en Témoris una comunidad enclavada en la sierra, en la que priva la pobreza; de niña no tenía ni para una chamarra y la comida escaseaba. Con esfuerzo logró migrar a la ciudad para cumplir su sueño: tener una carrera universitaria, actualmente busca regresar a la sierra para compartir su experiencia con jóvenes indígenas e impulsarlos a preparase para la vida.

A sus 22 años, y con un título de Ingeniería en Ecología bajo el brazo, rememora que sus primeros años de vida no fueron felices, pues la condición humilde de su familia le limitaba todo lo material en su natal Témoris, un pequeño pueblo del municipio de Guazapares en el que según cifras oficiales de Sedesol el 80 por ciento de la población vive en condiciones de pobreza, y de estos la mitad se encuentra en pobreza extrema.

“Batallábamos mucho para conseguir cualquier cosa, hasta una chamarra o el uniforme de las escuela eran difíciles de tener, porque no teníamos la capacidad monetaria para comprarlos. Solo era feliz en la escuela, desde niña me gustaba mucho aprender cosas nuevas, hacer tareas”, comenta la sexta hija de una familia con siete descendientes.

Cuando estaba por terminar la preparatoria a su grupo se le dio una plática vocacional, y les ofrecieron becas en la Universidad Autónoma de Chihuahua, ese día Yenny, como la llaman sus amigas, se dijo a si misma que no importaban los sacrificios necesarios: ella estudiaría a nivel superior.

Tras leer detenidamente el plan de estudios de cada una de las carreras de la UACH se decidió por Ecología, y así emprendió su reto de ser profesionista.

Llegó a vivir a la ciudad de Chihuahua, en donde consiguió que una señora le prestara una habitación de su casa, aunque tiempo después decidió que no podía “abusar” de su buena fe y optó por rentar un pequeño apartamento, muy lejos de su facultad.

“Fue una época muy difícil, muy difícil. Me tenía que levantar antes de las cinco de la mañana para poder llegar a tiempo, a veces no tenía para comer, en la universidad me daban beca alimenticia, pero solo cubría una comida al día”

La UACH condonó sus inscripciones y le dio otros apoyos, pero aun así la joven raramuri tenía que costear otros gastos de manutención. Fue gracias a un tío que desde tiempo atrás se fue a trabajar en Estados Unidos y le mandaba dinero que pudo subsistir hasta terminar la carrera.

Actualmente, en la universidad de Chihuahua hay 72 estudiantes tarahumaras, todas mujeres. Yenizeth explica que detrás de ese fenómeno, está el narcotráfico.

“Solo son mujeres las que estudian, porque los hombres jóvenes prefieren quedarse en la sierra y trabajar de sicarios, cuidando plantíos de marihuana o como guías para los narcos para que el ejército no los encuentre en el bosque, y las mujeres como no tienen trabajo o tienen miedo de los narcos y de tanta inseguridad, mejor se van a la ciudad, cuando ya están aquí ven las cosas diferente y saben que pueden estudiar, ya no quieren depender del hombre, ya no quieren que nadie las mantenga”.

Antes de terminar sus estudios, pasó unas semanas de intercambio en la Universidad de Nuevo México, en donde conoció a estudiantes de tribus nativas de la vecina nación, así como indígenas de otras regiones de México, “Ahí vi que uno debe ser humilde, y luchar por lo que se quiere. Muchos de los que estaban conmigo que iban de acá llegaron con apenas lo del boleto, pero con todas las ganas de aprender y volver a su comunidad para aplicar lo aprendido”

Y precisamente, para ser seleccionada en dicho curso presentó un proyecto en el que planteaba que los conocimientos adquiridos los compartiría con jóvenes de la sierra tarahumara, para ayudarlos a que se convirtieran en líderes locales que desarrollaran proyectos comunitarios.

“Es la propia gente tarahumara la que debe decidir qué proyectos necesita, no que el gobierno les diga que hacer, por eso es importante que se capaciten”

Jessy planea regresar a escuelas de la sierra para apoyar a jóvenes indígenas para que se preparen y no tengan dudas de migrar a la ciudad a estudiar. Además, con sus conocimientos sobre Ecología va a capacitar sobre uso de semillas, conservación de suelos, aprovechamiento de recursos de forma sustentable, entre otros temas de beneficios para las familias de la región.

Mientras tanto, trabaja como asesora en una consultoría ambiental, en donde hace estudios de impacto ecológico para empresas mineras, y en breve iniciará su maestría.

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