Sir Paul da fuerza a sus "súbditos"

El músico británico dedicó varias frases de aliento a los 48 mil 300 fans que asistieron al concierto del Estadio Azteca
Vistió pantalón negro, camisa azul cielo y saco azul marino, lo acompañaron cuatro músicos, dos bajistas, un tecladista y un baterista. (FOTOS: YADÍN XOLALPA. EL UNIVERSAL)
29/10/2017
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Humberto Montoya O.
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“¡Fuerza México!”, exclamó Paul McCartney al ver que los fans iluminaron el estadio Azteca con las luces de sus celulares y que al unísono gritaron “Paul”, lo que lo hizo pararse del piano y agradecer con sus manos.

En su show de ayer en México, el cantante sacó su lado mexicano al tomar su guitarra y provocar que el Azteca cantara por unos segundos “oleeeee oleeeee oleeeeee sir Paaaaaul, sir Paaaaaaul”, acompañados con su guitarra y luego dar inicio a “We can work it out”.

“¡Muchas gracias México! Ahora vamos a ir atrás en el tiempo. Está es la primera canción que los Beatles grabamos”, diría antes de interpretar “In spite all the danger” y continuar con “You won’t see me”.

“Le dedicamos la siguiente canción al gran George Harrison, la primera vez en México”, confesó antes de cantar “Love me do” para antes de cantar “And I love her” afirmar orgulloso: “Son a toda madre”. Al cantarla se daría media vuelta y sacudiría el trasero, lo que provocó risas y aplausos.

Es claro cuando un artista se presenta en el Estadio Azteca: mucho tráfico, largas filas para entrar y la idea de escuchar un buen repertorio de canciones. Pero en esta, la quinta visita de Paul a la capital, la emoción de ver a una de las más grandes leyendas del pop se sentía en el aire mucho antes de estar en el recinto.

Fans que pasaron día y noche fuera de su hotel con la esperanza de verlo, más allá de que les firmara un disco o una guitarra, fueron el motor de muchos de ellos, quienes sin importar el clima, la cantidad de curiosos reunidos o la edad, rompían en júbilo al escuchar que alguien pronunciaba el nombre del artista.

Más de 48 mil 300 asistentes en el coloso de Santa Úrsula fueron fieles testigos del magnetismo que una figura como McCartney sigue manteniendo con sus 75 años cumplidos.

El legado del músico hasta nuestros días se hizo evidente al reunir, como sólo un pionero del pop lo puede hacer, a gente de todas las edades.

Niños, hombres y mujeres entraron al recinto con una sonrisa y expectación contagiosa. No podían faltar aquellos que, teniendo presente el acontecimiento, quisieran recordarlo con un souvenir sin importar que el costo fuera elevado, tan sólo un llavero se cotizaba en 200 pesos, mientras que otros, fans sin temor a la vergüenza o al qué dirán, asistieron vestidos con sus versiones del abrigo colorido del Sargento Pimienta.

La espera de cinco años desde su última visita se vio compensada para que en punto de las 21:17 horas una ola de gritos, aplausos, e incluso llantos inundaron el Estadio Azteca de la mano del artista como parte de su One on One Tour.
 

La leyenda. Vestido con pantalón negro, camisa azul cielo y saco azul marino, cuatro músicos, dos bajistas, un tecladista y un baterista, además de dos pantallas cilíndricas en cada esquina del escenario y tres detrás de los músicos, el cantante despertó la furia del lugar al salir a escena y levantar su puño antes de comenzar la noche con “A hard day’s night” y “Save us”.

“¡Hola México! Buenas noches Ciudad de México vamos a cantar viejas canciones, nuevas canciones y otras más y vamos a tener una fiesta!”, fueron las primeras palabras que McCartney profesó a sus fanáticos para interpretar “Can’t buy my love”.

“Gracias, muchas gracias! Ok, esta noche voy a intentar hablar un poco de español”, con lo que el público le respondió con numerosos gritos antes de cantar “Letting go” y al finalizar afirmar en un español atropellado, “Es increíble estar de vuelta”.

Nada fue impedimento para vivir una noche digna de ser recordada. Parejas entrados en sus 50 bailaban, jóvenes que conocieron su música a la par que nacieron con teléfonos en mano reían, niños que si bien no sabían sus canciones sabían que se trataba de algo único en la vida y hasta algunos que llegaron en muletas y sillas de ruedas, vivieron una fiesta musical de principio a fin.

Antes de cantar “I've got a feeling”, el cantante recordó a Jimmy Hendrix dentro de uno de sus temas para dejar nuevamente la guitarra y subir al piano afirmando: “Escribí esta canción para mi esposa hermosa Nancy, ella está aquí esta noche”, dijo antes de cantar “My Valentine”.

La noche siguió con un repaso musical donde también abarcó melodías como “Lady Madonna”, “Let it be”, “Hey Jude” y “Yesterday”, con un
setlist en el cual abarcó 37 canciones de distintas épocas.

Con esta, su quinta visita, Paul McCartney demostró que la leyenda sigue viva y viajando por el mundo aun cuando sean cada vez menos los tripulantes del submarino amarillo.

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