sabía que no podía quedarse callado y permitir que el intento de que presuntamente sufrió en manos del productor Antonio Berumen quedara impune, por él, y por las otras víctimas que diario padecen ataques de este tipo.

“No es fácil abrir la caja de P andora y revivir momentos que fueron traumáticos. Quien quiera creer (en mi testimonio) está en su derecho y quien no, también”, expresa a EL UNIVERSAL.

Su confesión, que causó revuelo en redes sociales hace un par de semanas, no quedó en anécdota; la semana pasada viajó de Nueva York a México para presentar su denuncia ante la Fiscalía General de Justicia (FGJ).

“Me siento bien, me quité un peso de encima y ya hice lo que me tocaba, no se puede quedar en una denuncia pública nada más en redes, lo más importante es hacer la denuncia formal, para que sean las autoridades las que se encarguen”, dice.

El mexicano explica que el día de la denuncia estaba doblemente nervioso, pues tuvo primero una revisión con su oncólogo para saber si el cáncer, que le fue detectado en 2010, habría regresado, algo que no sucedió.

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“Tan importante era ir a la fiscalía que después de mi revisión me fui directo y estuve nueve horas ahí, yo jamás había pisado un ministerio público, lo que me motivó fue escuchar a tantas personas que pasaron por lo mismo”, cuenta el artista.

El protagonista en México de musicales como La Bella y la Besti y Mentiras cuenta que salió anímicamente agotado de la toma de declaración y que lo último que quería hacer era tomar llamadas y hablar de lo mismo.

“También creo que se desvirtúa el tema y el foco, yo no soy el foco de este caso, aquí el foco debe de ser el imputado, que se llama Antonio Berumen, él es del que se debe de estar hablando, al que se debe de investigar. Lo mínimo que pido en este caso es empatía, llevo 11 días hablando del mismo tema y es cansado, pero me siento orgulloso de haber llegado a instancias legales”.

El actor regio señala que aún no sabe si tendrá que regresar al país para ratificar su denuncia, porque todo va a depender de los movimientos que hagan las otras víctimas, pero enfatiza, es necesario que todos denuncien para poder dar el siguiente paso.

Mauricio puso su caso en las manos de las abogadas que están detrás del movimiento #MeToo, porque necesitaba a alguien que creyera en las víctimas, ya que considera, hay muchos hombres a los que les cuesta alzar la voz.

“Dios, el universo, me puso en el camino una abogada feminista extraordinaria a la que la respetan mucho en la fiscalía”, dice.

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