Eso: filme de culto, angustia y soledad

La nueva versión de la novela de Stephen King logra superar el churro televisivo de 1990
Más que terror, Eso se convierte en una cinta de suspenso psicológico. (CORTESÍA)
14/09/2017
00:02
José Felipe Coria
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Lo que sobrevivió intacto de la novela de Stephen King en la primera versión de Eso (1990, Tommy Lee Wallace) fue Pennywise (Tim Curry), el payaso.

Sin perder del todo el contexto literario, esta versión para tv sacrificó anécdotas, condensó demasiado la historia a pesar de sus más de tres horas de duración, y quedó en un churro que sólo atinó al erigir la icónica imagen del aterrador payaso.

Para la nueva versión, el director originalmente contratado que luego declinó, Cary Fukunaga (hábil coguionista con Chase Palmer y Gary Dauberman), pensó que la abundante novela podría adaptarse en dos cintas, una sobre la etapa infantil y otra sobre la adulta, lo que es clave.

La racional adaptación, que no perdió nada en manos del nuevo director, es ahora It / Eso (2017), segundo largometraje del argentino Andrés Andy Muschietti. El estelar sigue siendo Pennywise (Bill Skarsgård, escalofriante de principio a fin). Pero lo desdibujado en el telefilme cobra nitidez: el grupo de niños, el club de perdedores son estampas vivas de una infancia vulnerada. Crudo ejemplo de ello es cuando Bill (Jaden Lieberher) pierde a su hermano Georgie (Jackson Scott), bajo la lluvia que parece cósmica, con el barquito de papel yendo hacia la alcantarilla donde Pennywise espantosamente aparece. Y es tan sólo el principio.

Al igual que otras historias de King, la clave, aquí bien interpretada, son los niños. Cada uno es un estado de ánimo. El personaje es colectivo. La infancia es vista con diversos grados de incomodidad; la vulnerabilidad se padece en grupo. La infancia no es tan ideal porque los miedos reales forman parte de una maldad forjada con la indiferencia del tiempo.

Si la primera versión exploraba la coulrofobia (el miedo al payaso), en la nueva el punto de vista infantil, jamás pueril, vuelve al payaso metáfora de innumerables realidades que acosan a los protagonistas en una dinámica donde la angustia y la soledad asfixian.

Muschietti hace una cinta notable, con atmósfera nítida, amenazante (elegante fotografía del surcoreano Chung-hoon Chung) que se altera cada que aparece Pennywise generando los sobresaltos de rigor. No es en sentido estricto un filme de terror: es de suspenso psicológico con espantosa presencia sobrenatural. Muschietti transmite esa vulnerabilidad inquietante por realista, que no tiene solución. Tal vez en el capítulo dos.

Esta adaptación, que preserva la esencia de la novela de King, está entre las mejores. Muschietti confirma por ello ser un director inspirado para la narración visual contundente, aunque no es magistral, debido a que eligió hacer algo más interesante: un filme de culto.

Hecho en Bangkok (2015), debut en el filme documental de Flavio Florencio (quien animara el Dhfest, el Festival de Derechos Humanos de la Ciudad de México), narra la vida de una cantante de ópera transgénero, Morgana Love.

Debido a que los personajes trans han sido ninguneados o ridiculizados en la historia del cine mexicano (no se diga en la realidad, en el día a día), el documental cuenta imparcial y respetuosamente las peripecias vividas por la protagonista en su periplo de transformación; qué significó para ella ir de México a Bangkok; qué representa entregarse con intensidad a materializar un sueño.

Florencio hace un retrato íntimo, entrañable. La idea es normalizar la vida trans confirmando que los anhelos y la realidad de Morgana son tan valiosos como los de cualquiera.

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