Como suele decir la maestra Gabriela Warkentin, cuando una de esas noticias de violencia irracional domina el panorama informativo: “Somos un país enfermo”. Y ayer, cuando el tema original de esta columna versaba sobre el conflicto entre huachicoleros y el Estado y cómo ahora todos reparten culpas de un problema largamente ignorado y tolerado, de pronto hablar de política, en una tarde como la de ayer, llena de sangre, crímenes y noticias violentas, parecía banalidad.

Porque aunque la violencia no es noticia en un país ya acostumbrado a la muerte, el crimen y la irracionalidad como pan de cada día, ayer fue uno de esos días que rompieron nuestros parámetros, ya de por sí abiertos a los sucesos violentos. Y si no juzgue usted: en Culiacán, Sinaloa, sicarios mataron a tiros por la mañana al periodista Javier Valdez Cárdenas, ex director y fundador del semanario Río Doce, especializado en temas de narcotráfico y violencia, a plena luz del día y mientras iba en su auto; también ayer fue encontrada muerta de un tiro en la cabeza, en una carretera entre Ciudad Cuauhtémoc y Chihuahua, la joven estudiante de 20 años, Andrea Athié, aparentemente por robar su camioneta; en Autlán, Jalisco, ayer por la tarde, asesinaron a balazos a la subdirectora del semanario El Costeño, Sonia Córdova, y a su hijo, también periodista, Jonathan Rodríguez, también iban a bordo de su automóvil cuando sujetos armados les dispararon; por la tarde en la Catedral Metropolitana, un sujeto de 31 años, de nombre John René Rockschill, de origen francés, acuchilló, en plena misa al sacerdote Miguel Ángel Mascorro, de 51 años; el agresor fue detenido por la policía.

¿Tienen algo en común esos hechos de violencia ocurridos por distintos rumbos de la geografía nacional? Tal vez no, pero todos son el reflejo de una sociedad enferma de violencia, donde la constante que se repite es la de un Estado rebasado, incapaz de brindar seguridad, ya no solo a los periodistas, sino a los ciudadanos comunes. En los dos casos la pérdida violenta de una vida humana es indignante y dolorosa, pero cuando además de segar una vida se calla una voz que, con su trabajo y sus denuncias, incomodaba a poderes tanto oficiales como de facto, el impacto social es aún mayor. Y todas esas muertes, igual de irracionales, se conectan también por otro fenómeno igual atribuible a la incapacidad del Estado: la impunidad y la falta de justicia que precede a todas esas tragedias cotidianas.

¿Y qué hacen los representantes de ese Estado fallido e incapaz? Indignarse, sumarse al coro de azorados ciudadanos que los condenan por su ineptitud, y entonces también ellos, los cuestionados condenan y se lamentan: “El @GobMx condena el homicidio del periodista Javier Valdez. Mis condolencias a sus familiares y compañeros”, dicen desde su cuenta de Twitter, como si con condenas y condolencias se pudiera frenar la violencia impune que tan solo este año le ha costado la vida a cinco periodistas en Chihuahua, Guerrero, Veracruz y Baja California Sur, o detener la cacería de informadores y comunicadores que de 2000 a la fecha suma 114 asesinatos sin resolver y colocan a México como uno de los países “más letales” del mundo para el periodismo, según organizaciones como Reporteros Sin Fronteras o el Comité de Protección a Periodistas (CPJ).

Eso por no hablar de los más de 100 mil asesinatos violentos reportados en lo que va de este sexenio, las más de 10 mil mujeres muertas por violencia desde 2012, y así toda una danza de cifras oficiales y no, que convierten en números y estadísticas el horror de la violencia y la muerte en México, rematadas por un porcentaje de impunidad que ronda el 95% en los homicidios violentos en el país, según organismos internacionales como el Instituto para la Economía y la Paz.

Y para rematar esta tarde negra, de noticias funestas, a la contingencia por la violencia y la inseguridad en el país, se sumó otra contingencia, la ambiental decretada por la Comisión de la Megalópolis. Lo dicho: somos un país enfermo y con una capital contaminada.

NOTAS INDISCRETAS… El magisterio se dividió en el Estado de México. La irrupción de una alianza entre dirigentes de la sección 36 con la candidata de Morena, Delfina Gómez, significa, en los hechos, que los maestros jugarán por dos vías en las próximas elecciones de gobernador. De un lado está la alianza del Panal, que comanda Luis Castro, con el candidato del PRI, Alfredo del Mazo, que en estos momentos, junto con Juan Díaz de la Torre, dirigente del SNTE, serían algo así como el “magisterio oficial” que va con el presidente Peña Nieto y el priísmo, mientras otra parte de la sección 36, con influencia de Rafael Ochoa y Fernando González, ambos operadores de Elba Esther Gordillo, apoyan a Morena y a Andrés Manuel López Obrador. ¿Cuál de las dos facciones del magisterio mexiquense le dará el triunfo a su candidato?...Los dados mandan irremediablemente Doble Serpiente.

sgarciasoto@hotmail.com

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