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El rompecabezas de Gabino Cué

Cué tenía tiempo sólo para una negociación final con el gobierno de Peña Nieto, y decidió emprenderla. Esa negociación incluirá alivio para la enorme deuda estatal, obras para el estado y… ponerse en las manos de Los Pinos en una operación política, policiaca y militar contra una CNTE ensoberbecida ante un muy largo periodo de pasividad de la autoridad, local y federal
24/07/2015
02:05
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“En México es aún fácil tirar a un gobernador. En el caso de Oaxaca, con un garnuchazo es suficiente. Pero creo que este gobierno debe poner fin a tales historias”, explicaba ese día Carlos Abascal, secretario de Gobernación (muerto en 2008), a su jefe, el presidente Vicente Fox.

Era junio de 2006, y esa junta concluyó con la decisión de no tumbar de su puesto al entonces mandatario oaxaqueño, el priísta Ulises Ruiz, quien acababa de desatar una ola de violencia en la capital del estado al fracasar en el desalojo de una protesta magisterial, el día 14 de ese mes.

 Fue necesario que fuerzas federales acudieran en auxilio del gobernador Ruiz (2004-2010), quien había llegado al cargo en elecciones cuestionadas —incluida una “caída del sistema”— en las que oficialmente ganó sobre el aspirante opositor, Gabino Cué. Con su golpe fallido sobre la CNTE, Ruiz Ortiz concretaba en realidad una ruptura con su antecesor, el también priísta José Murat (1998-2004), durante años promotor y protector de los líderes de la Sección 22 del magisterio. Murat, Ruiz y Cué son nuevamente protagonistas de una historia que se repite, se envuelve y enreda en sí misma… como el queso oaxaqueño.

 En los últimos 20 años Gabino Cué (Oaxaca, 1966) ha tenido en el priísmo local y nacional la fuente de sus desgracias políticas. Ganó la alcaldía capitalina en 2002 bajo el acoso de Murat, lo que incluyó persecuciones contra su familia y colaboradores; en 2004, Murat y Ruiz le arrebataron la gubernatura. En 2010, con el PRI fuera de Los Pinos, la ganó por fin (apoyado por una singular coalición PAN-PRD-PT-Convergencia), sólo para mantener una guerra de baja intensidad, interna y externa, con un partido que en 2012 regresó al poder y parece haber cavilado, otra vez, si todavía son tiempos de tirar a un gobernador.

Cué Monteagudo es víctima también de sus propias limitaciones. Se desgastó durante dos años atendiendo los apetitos de los partidos que lo postularon; nunca pudo armar un equipo eficaz, y había lucido fallido, hasta ahora, para crear un legado con su administración. Ya están a la vista las elecciones de 2016, cuando dejará el poder.

Cué tenía tiempo sólo para una negociación final con el gobierno de Peña Nieto, y decidió emprenderla. De acuerdo con datos aportados a este espacio, esa negociación incluirá alivio para la enorme deuda estatal, obras para el estado y… ponerse en las manos de Los Pinos en una operación política, policiaca y militar contra una CNTE ensoberbecida ante un muy largo periodo de pasividad de la autoridad, local y federal, nutrido por las negociaciones del Pacto por México y las reformas, así como por los comicios de junio.

Desde la mañana del martes pasado, cuando Cué anunció la reestructuración del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO), ha corrido mucha tinta sobre los “estrategas” que en Los Pinos y en la Secretaría de Gobernación planearon un golpe esperado desde hace años. Una acción equivalente a la decretada por Felipe Calderón contra el Sindicato Mexicano de Electricistas, en octubre de 2009.

Al lado de esos nuevos adalides del Estado de derecho hay que incluir, en justicia, a los fontaneros: los ex gobernadores José Murat y Ulises Ruiz han funcionado como asesores y operadores del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio, y del subsecretario Luis Miranda, para encarar a un adversario que, paradójicamente, fue nutrido y manipulado precisamente por los primeros.

El drama de control caciquil y corrupción que encarna el IEEPO lo acompaña desde su nacimiento, en 1992, decretado en las postrimerías del gobierno de Heladio Ramírez (1986-1992), quien decide entregar el control del organismo a la disidencia magisterial. Su sucesor, Murat, consolida este modelo irracional y aun busca continuarlo en el gobierno de Ulises Ruiz, con quien acaba compartiendo sus huellas digitales en el manejo de la Sección 22.

Murat y Ruiz alertaron tempranamente —para eso no era necesario el Cisen— que el verdadero dirigente de la Sección 22 no es Rubén Núñez Ginés —usualmente postrado por su alcoholismo— sino el secretario de Organización, Francisco Villalobos, cuyas maniobras y bienes inexplicables exhibió recientemente EL UNIVERSAL.

En las semanas próximas veremos si los mismos parteros que dieron forma a la criatura pueden ahora controlarla. O si ésta, como moderno Frankestein, devora a su antiguo amo.

Apuntes: Monte Alejandro Rubido, titular de la Comisión Nacional de Seguridad, dirá adiós al puesto ante la fuga del narcotraficante Joaquín Guzmán. El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio, estudia ya relevos. Entre los prospectos más viables se menciona a Roberto Campa, subsecretario de Derechos Humanos, quien decline tras las jornadas amargas que acumuló a su paso como secretario ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en la administración de Felipe Calderón. Una alternativa es Tomás Zerón de Lucio, director de la Agencia de Investigación Criminal en la PGR, identificado cercanamente con el presidente Peña Nieto.

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Es egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Diplomado por la Northwestern University en Administración de Empresas Periodísticas.

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