La polémica sobre la despenalización en el consumo de marihuana es una de las más hipócritas de todos los tiempos. En el mundo ya hay avances significativos como los alcanzados en Estados Unidos. Más aún, ese presidente ejemplar que ha sido José Mujica, no sólo la legalizó sino que promovió que sea el gobierno mismo quien se encargue de toda la cadena productiva: desde su siembra hasta su venta al menudeo, a fin de garantizar su calidad y a la vez dejar fuera del negocio al crimen organizado.

En cambio aquí nos seguimos rasgando las vestiduras como si se tratase de invocar al demonio en cada esquina. Los dos argumentos en contra son francamente ridículos. El que la legalización dispararía el consumo es una absoluta mentira: según los estudios más serios, la marihuana es la droga ilegal más consumida en el mundo y paradójicamente la menos adictiva; sólo un 10% de las personas que la consumen desarrolla una adicción; ni punto de comparación con las brutales adicciones que provocan el tabaco y el alcohol, que son drogas legales. La otra argumentación, de que provoca psicosis o problemas de aprendizaje si es consumida en exceso también es tramposa. Baste enumerar cuántos problemas causa el alcohol en accidentes, violencia intrafamiliar, homicidios, violaciones y otros crímenes.

Las drogas, desde tiempos inmemoriales, han sido utilizadas como una evasión de la realidad o como divertimento. Y no se consumen porque estén o no disponibles en el mercado. Es una decisión que puede manifestarse en cada individuo según su circunstancia.

Sin embargo, la hipocresía mayor está en el hecho de circunscribir el debate a los trastornos personales e ignorar, con sospechoso desdén, los gigantescos efectos colaterales que origina su clandestinidad: trasiego ilegal del crimen organizado, blanqueo de capitales, luchas sangrientas por territorios, balaceras y ejecuciones en ciudades y pueblos, sangre y muerte. Por eso la respuesta a la pregunta de ¿quiénes serían los más afectados por su legalización?, es muy clara: los cárteles de la droga.

En estos días, vivimos en México una oportunidad histórica y tal vez irrepetible para despojarnos del velo de simulación que nos ha engañado a nosotros mismos durante demasiado tiempo. Vernos al fin cara a cara al espejo para dejar de mentirnos.

A iniciativa de la organización SMART —Sociedad Mexicana de Autoconsumo Responsable y Tolerante— el ministro Arturo Zaldívar ha presentado un proyecto de sentencia que establece que prohibir el consumo personal de marihuana con fines lúdicos y recreativos es contrario al libre desarrollo de la personalidad. Puntualiza que aprobar este tipo de consumo no tendría que estar acompañado de una autorización para la comercialización de marihuana, ni para el consumo de otros estupefacientes y psicotrópicos.

Hay que recordar que el planteamiento formal y legal de esta iniciativa de la sociedad civil solicita la autorización para consumir marihuana de forma regular y personal con fines lúdicos o recreativos y realizar las actividades correlativas al autoconsumo como sembrar, cultivar, poseer y transportarla para consumo personal, excluyendo su comercio.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación, a través de su Primera Sala, pospuso para hoy la discusión de la propuesta del ministro Zaldívar. Aunque el caso podría pasar al Pleno donde se archivaría por meses o años. Sería una lástima. Insisto: la pérdida de una oportunidad histórica.

Periodista.

ddn_rocha@hotmail.com

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