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No creo en la sinceridad del Presidente

Nadie cuestiona que el Presidente o Aurelio Nuño tengan posición sobre el tema. Lo que resulta impertinente es aprovechar los reflectores que atrajo la convocatoria al diálogo nacional para colocar al mismo tiempo una declaración que desnivela la cancha
12/11/2015
02:04
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Riñen los mensajes: es contradictorio ofrecer un diálogo franco y al mismo tiempo fijar posición en contra de una de las partes que participará durante el debate.

Las palabras son de Enrique Peña Nieto: “no estoy a favor de la legalización del consumo de la marihuana… puede inducir al consumo de otras drogas mucho más dañinas… Sin embargo no (soy) dueño de la verdad única… estoy abierto a recoger posiciones debidamente documentadas, científicamente sostenibles que eventualmente puedan dar curso a una postura distinta”.

Con este discurso cargado de ambigüedad invitó el Presidente a debatir.

En lo básico coincidió con el argumento Aurelio Nuño, quien fuera jefe de su oficina y ahora encabeza la Secretaría de Educación: “no podemos negar que la marihuana es una droga dañina… la lógica debe ser cómo podemos controlar: ¿prohibiendo o regulando? Este es el punto de partida del debate”. (Entrevista radiofónica con Leonardo Curzio. Enfoque, 10/11/15).

Nadie cuestiona que el Presidente o su secretario de Educación tengan posición sobre el tema. Lo que resulta impertinente es aprovechar los reflectores que atrajo la convocatoria al diálogo nacional para colocar al mismo tiempo una declaración que desnivela la cancha.

Pierde sinceridad el propósito de escuchar a los expertos, sociólogos, médicos, académicos —a los especialistas— cuando el punto de partida ya contiene conclusiones firmes.

Dice la tradición confuciana, si la taza rebosa té, no podrá entonces verterse más líquido dentro de ella.

Para ser democrático el diálogo ha de nutrirse primero de un flujo intenso y confiable de información; precisa también de una red amplia de espacios dispuestos para la emisión y recepción de argumentos, requiere ser razonable y tolerante y, al final, debe desembocar en una decisión que vincule a las partes.

Si la información sufre límites o sesgos, si la opinión del adversario se descarta sin conocer sus méritos, si la conversación se polariza, si no hay racionalidad que prive y si no se define un puerto de llegada, el diálogo propuesto será estéril y será un fracaso.

La sinceridad de Enrique Peña Nieto va a evaluarse a partir del papel que él y su gobierno jueguen a la hora de proporcionar esas condiciones indispensables para la deliberación anunciada.

En este contexto no resulta buena la noticia de que vaya a ser la Secretaría de Gobernación, la que se encargue de orquestar el debate.

En esta decisión se asoma preocupación política por un contexto controlado y fácil de modular, adelanta igualmente la intención de que los argumentos del Presidente y sus colaboradores se escuchen con mayor volumen.

Dentro del gabinete no se ha hecho público un solo razonamiento que desafíe la convicción de Enrique Peña Nieto. Esto quiere decir que el gobierno federal asiste a la deliberación cohesionado alrededor de una misma y única convicción. Así las cosas, no es Gobernación quien tiene la mejor credencial para encargarse de la mesa de diálogo.

Sería preferible que lo hicieran las universidades, el sector médico, las asociaciones de especialistas, los medios de comunicación o un conjunto de éstos y otros actores representativos de la pluralidad.

También sería deseable que desde el principio se hiciera explícito el resultado esperado del debate. La pregunta no es ociosa: ¿Tiene como intención el esfuerzo apelar solamente al curso de la opinión presidencial o también se quiere revisar críticamente el funcionamiento de las instituciones y políticas del Estado mexicano?

Si de lo que se trata es de lo segundo —de una deliberación seria y una desembocadura vinculante para todas las partes— entonces vale la pena respaldar la opinión de Lorenzo Córdova, presidente consejero del INE, cuando propuso un consulta popular sobre la política hacia la marihuana, resuelta en las urnas durante la jornada electoral del mes de julio del año 2018.

ZOOM: No hay árbitro que pueda ser honesto si tiene preferencia por una portería. Para que el partido sea democrático, al Presidente le tocaría ser el más prudente de todos los jugadores.

www.ricardoraphael.com

@ricardomraphael

Periodista, académico y escritor. Profesor afiliado a la División de Administración Pública del CIDE. Conductor de los programas "Espiral" (Canal 11) y "Corresponsales" (Canal 13...

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