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En diciembre de 2014, poco más de dos meses después de la tragedia de Iguala, Reporte Índigo afirmó contar con un documento del Cisen donde se consideraba a Abel Barrera, fundador del Centro por los Derechos Humanos de la Montaña de Tlachinollan, como “un elemento peligroso para la gobernabilidad” del país.
Y es que, desde el primer día, este hombre se ha colocado, sin ambigüedad, del lado de las víctimas y sus familiares.
Ayer, ese mismo luchador social recibió el reconocimiento más importante que entrega el Estado mexicano para quienes trabajan a favor de la igualdad y contra la discriminación.
El evento fue emotivo porque, a pesar de las dificultades obvias, puede ocurrir en México que las distancias se reconcilien alrededor de un mismo propósito. Conapred, una dependencia de la Secretaría de Gobernación, honra a un defensor de derechos admirado por muchos en México.
Lo hizo a pesar del conflicto que puede existir sobre temas controversiales, como el caso de los normalistas desaparecidos o la violación de indígenas mixtecas por parte de efectivos del Ejército.
Abel Barrera escribió hace diez años un argumento que lamentablemente sigue siendo válido: “(a veces) se cataloga a los luchadores como ‘lucradores’ y a sus manifestaciones públicas como ‘meros chantajes políticos’”.
Es así como suele descalificarse a quienes trabajan codo a codo con las víctimas.
Sin embargo, lo contrario también es cierto. Desde la lucha social llega a mirarse a los actores del Estado como si todos fueran idénticos y todos malintencionados.
El maniqueísmo de unos y otros produce un resultado perverso. En palabras de Mauricio Merino, presidente de la Asamblea Consultiva de Conapred, la incomprensión mutua hace que el país pierda esperanza en su capacidad para combatir la violencia y la desigualdad.
El reconocimiento entregado ayer tuvo un doble propósito: permitió, de un lado, honrar la trayectoria de ese hombre infatigable a la hora de hacer avanzar a los más desaventajados —las y los indígenas del país— a través de los canales institucionales.
Y del otro lado, esta distinción tendió la mano desde el gobierno para que sea a través de la reconciliación —y no de la estéril fractura— como resolvamos los graves problemas que nos afectan a todos.
No se trata, desde luego, de una reconciliación artificial, sino de aquella que se construye alrededor de la verdad, ya que sólo ella es capaz de transformar a los seres humanos. Sólo con la verdad es posible tomar conciencia de los problemas comunes y remover, juntos, aquello que les produce.
ZOOM: Fue Mahatma Gandhi quien lo dijo: “La verdad y la no violencia son más antiguas que las montañas”. Porque La Montaña de Guerrero se merece verdad y no violencia, gracias, Abel, por persistir, a contracorriente, con tu lucha y tus convicciones.
www.ricardoraphael.com@ricardomraphael
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