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Javier Corral, el radical

El proceso de selección de dirigente en el que se encuentra el partido azul ha puesto bajo el microscopio dos estilos muy distintos del ser panista.
09/07/2015
02:38
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Fue en el PAN donde primero se señaló a Andrés Manuel López Obrador como un peligro para México. Ahí el nombre de este político se convirtió en sinónimo de extremo, intolerante, autoritario, antidemocrático y otras agravantes.

No hay peor grosería que un panista pueda hacerle a otro que compararlo con el líder de Morena. Esto fue precisamente lo que hizo Juan José Rodríguez Pratts en fecha reciente. Dijo: “Me recuerda mucho a mi paisanito… si tu discrepas en algo con ellos, te conviertes en enemigo de la humanidad… (Corral) no le haría bien al PAN.”

Con este argumento Rodríguez Pratts entregó su respaldo a Ricardo Anaya Cortés quien, como el senador chihuahuense, busca convertirse en el próximo presidente de Acción Nacional.

Anaya reúne características opuestas: no es un hombre que acostumbre discrepar, es tolerante en extremo y se acomoda sin mucho esfuerzo. Sirva como prueba la relación dócil que ha sostenido con la Presidencia y el gobierno priístas. Fue uno de los artífices principales del Pacto por México y un operador activo a favor de las reformas que de él derivaron.

En ese episodio Anaya jugó de bueno y le dejó a su padrino político, Gustavo Madero, el papel esporádico del opositor malo.

Anaya guardó silencio frente al escándalo de corrupción que relacionó propiedades del presidente Enrique Peña Nieto y del secretario de Hacienda, Luis Videgaray.

Durante la campaña electoral de este año, mientras se esperaba que la oposición sacara a relucir esos y otros trapos sucios, de nuevo Anaya supo esquivar el balón de la responsabilidad.

Acaso por estas y otras indolencias es que el PAN perdió tanto terreno en los comicios pasados. Es probable que un poco de enjundia tabasqueña, como la despreciada por Rodríguez Pratts, hubiera ayudado para salvar algo de lo perdido.

El proceso de selección de dirigente en el que se encuentra el partido azul ha puesto bajo el microscopio dos estilos muy distintos del ser panista.

Nada hay de más opuesto en ese instituto político que Anaya y Corral. Sin embargo Rodríguez Pratts se equivoca en algo. Javier Corral no es un extremista, sino un radical. Y no es lo mismo ser una cosa que la otra. El extremista es aquel que prefiere el extremo de las ramas, linda sobre los márgenes del círculo, tiende hacia los polos, es excéntrico.

En cambio, la característica del radical es que prefiere acudir a la raíz, al núcleo, al tronco de la cuestión. No se anda por la copa del árbol, ni da vueltas inopinadas a la noria.

Dentro y fuera del PAN, Javier Corral es el representante de una forma radical de hacer política que, sin ser dominante, ha logrado marcar distancia frente a la casta política que gobierna a México.

En más de una ocasión este senador ha mostrado que su radicalismo mejora los frutos de la vida democrática mexicana. Así lo probó cuando se puso radical en contra de la Ley Televisa. Con igual talante participó en la acción de inconstitucionalidad que llevó a la Suprema Corte de Justicia a combatir tal pieza legislativa.

Fue igual, con radicalismo, que jugó un papel clave en las reformas relativas a la transparencia, el derecho a la información y las telecomunicaciones. Y ha sido con espíritu parecido que denunció la abominable corrupción prevaleciente en Chihuahua, su estado natal.

ZOOM: Tiene razón Rodríguez Pratts cuando distingue entre Anaya y Corral.

En la próxima elección para la presidencia del PAN está en juego algo más que un cargo; se definirá el carácter político de la próxima generación de militantes y de votantes panistas. ¿La raíz o las ramas? He ahí el dilema.

www.ricardoraphael.com

@ricardomraphael

Periodista, académico y escritor. Profesor afiliado a la División de Administración Pública del CIDE. Conductor de los programas "Espiral" (Canal 11) y "Corresponsales" (Canal 13...

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