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Hace algunos años (2011) acudí al evento “100 Mujeres Líderes” convocado por EL UNIVERSAL. Deportistas, escritoras, activistas, empresarias, científicas, artistas, políticas y periodistas reunidas para conmemorar el Día Internacional de la Mujer. Varias tomaron el micrófono y compartieron algunas palabras. Olga Sánchez Cordero, Margarita Zavala, Angélica Fuentes y hasta Elba Esther Gordillo hablaron de esfuerzo, solidaridad y empoderamiento. Hubo las que destacaron sus logros personales a pesar de los obstáculos y las que reconocieron las aportaciones propias y de otras en la lucha por la equidad de género.
Luego de un rato, subió al estrado una mujer que no tenía interés en hablar de sí misma. Era Marcelina Bautista, fundadora del Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar (CACEH). Luego de felicitar con admiración y respeto a todas las presentes por sus éxitos, soltó una poderosa frase: “Si no tuvieran en casa a una mujer apoyándolas con las tareas del hogar, la limpieza y el cuidado de los hijos, seguramente no habrían logrado todo lo que han logrado”. El silencio que le siguió fue una muestra clara de la sacudida que generaron sus palabras.
En México hay 2.4 millones de trabajadoras domésticas, la enorme mayoría sin seguridad social. Muchas de ellas sufren de discriminación, humillaciones y maltrato. A pesar de los esfuerzos del Sindicato de Trabajadoras del Hogar y de organizaciones como la fundada por Marcelina, la realidad para este sector ha mejorado poco. Indigna la tibieza con la que las autoridades abordan el tema. Son miles de mujeres sin acceso a la justicia social y a la reivindicación de sus derechos. El problema se ve, pero no se atiende. Hay una total indiferencia.
La Organización Internacional del Trabajo regula los derechos del empleo doméstico en el Convenio 189, que México no ha ratificado. En los hechos, queda en manos de cada empleador el darles acceso a la seguridad social y a los derechos laborales que les corresponden. Se convierte así en un asunto de caridad cuando debiera ser de responsabilidad.
El 30 de marzo es el Día de las Trabajadoras del Hogar. Ojalá que la conmemoración la tomen muchos como una oportunidad para revisar si hay en casa una empleada en situación irregular y por lo tanto vulnerable. Es una injusticia cercana y cotidiana que debe corregirse. No porque sea socialmente aceptado, deja de ser criminal.
HUERFANITO. Pasan los años y en Tlaxcala siguen operando las redes de trata de personas. Son jóvenes y hasta niñas violadas, vejadas y obligadas a prostituirse en México y Estados Unidos.
La administración de Mariano Zarur heredó cifras que escandalizan: de las poco más de 200 denuncias presentadas en el sexenio anterior, alrededor de 90% quedaron en la impunidad.
La comisión intersecretarial que “atiende” este delito y se ocupa de las víctimas rescatadas se ha quedado corta en sus objetivos.
El Senado aprobó apenas un dictamen en la materia para difundir programas de prevención. Veremos si en algo ayuda.
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