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Caso Duarte: del espectáculo a los resultados

El seguro de cobertura más amplio que han adquirido los integrantes de la clase gobernante es la complicidad
21/04/2017
02:05
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Algunos de los usos y costumbres, una estrategia electoral tradicional y la comunicación política a las que siempre ha apelado el PRI para recrearse en el poder, están a prueba con la captura de Javier Duarte de Ochoa.

Por la recurrencia en su práctica, es convicción generalizada que la detención del ex gobernador de Veracruz guarda una estrecha relación con los comicios estatales del próximo 4 de junio.

Se espera que su aprehensión se traduzca en una cierta credibilidad para el PRI, sus candidatos y para el propio gobierno; genere alguna confianza en el electorado de que su lucha contra la corrupción va en serio, y ganen las elecciones, especialmente la de gobernador en el Estado de México.

Después de varios meses de estar prófugo, acusado de llevar a cabo un saqueo inmisericorde en Veracruz (se habla de cifras que incluso podrían rebasar el valor del PIB de muchas naciones centroamericanas y caribeñas), y de estar ligado con el crimen organizado, la inmensa mayoría de la población aventura cualquier número de suposiciones.

 

Tiende de insinuar lo que sea, porque una y otra vez, por décadas, ese ha sido un ejercicio frecuente en la clase política. Primero se dio en el PRI; ahora es común entre todos los partidos, integrados en una casta que actúa cada vez de manera más rapaz contra la población.

Tradicional e invariablemente, se establecía el target: se definían coyuntura, momento propicio, hecho trascendente y personaje adecuado para llevarlo a la piedra de los sacrificios; se entregaba su cabeza como testimonio de corrección y arrepentimiento; justicia y observancia de la ley. Puro espectáculo.

Sería muy difícil demostrar que aún con esos desplantes, revestidos no pocas veces de frivolidad, burla y cinismo, se castigó real y debidamente un delito grave cometido por un actor político significativo.

El seguro de cobertura más amplio que con el tiempo han podido adquirir los integrantes de la clase gobernante, integrada ahora por todos los partidos, es la complicidad. Juntos se cubren y se defienden mejor. Juntos, han llevado al país a lo que parece un alarmante cuanto irreversible proceso de perdición.

Frente a la comisión de tantas exacciones, consumadas con inusitada frecuencia hoy por políticos de todos los niveles, hay siempre un discurso; inculpatorio y exculpatorio, simultáneamente. Por un lado, reza que las corruptelas son inadmisibles; su “sanción”, lecciones para que otros no incurran en ellas; y por otro, da a entender que quienes lo pronuncian, son absolutamente honestos.

Muchas, incontables ocasiones, la táctica de “defensa” dio resultados. Utilizada justo en momentos en que era necesario aplicarla para hacer creer a la gente lo que el poder quería, fue muy exitosa. La falacia, envuelta en un manejo mediático oportuno y eficaz, mantuvo la esperanza de cambio en la sociedad y, una y otra vez, dio un voto de confianza a sus gobernantes.

El poder se recreó, mas no se corrigió. La cleptocracia, lejos de detenerse, se agudizó y se generalizó. Pero mantiene la idea de que su instrumental de reafirmación funcionará para siempre.

Y eso, precisamente, es lo que está por verse en la inminente competencia electoral. El método de convencimiento no ha cambiado. Ahí está Duarte en prisión. El PRI y el gobierno aseguran que es un ejemplo contra la corrupción. La sociedad está escéptica.

En los días que corren, esas posturas, la oficial y la popular, están en un enfrentamiento. La primera es visible y estruendosa; la segunda es invisible y silenciosa. ¿Cuál se impondrá?

¿Pesarán más las costumbres y la cultura de la creencia a ciegas en el poder? ¿Aceptarán los electores la misma palabrería y darán su confianza y su sufragio a los candidatos priístas?

¿O la sociedad, más consciente e informada, terminará con una relación político-electoral de larga data?

Agregar a la lista de Duarte, de Veracruz, a su tocayo de apellido y a Borge de Quintana Roo, por ejemplo, indiscutiblemente abonaría a cristalizar el propósito del PRI.

SOTTO VOCE… Sensible ante los graves problemas que enfrenta el país, el doctor Enrique Graue inauguró los Foros Universitarios “La UNAM y los Desafíos de la Nación”, en los que muchas mentes lúcidas propondrán soluciones a los problemas más graves que nos agobian… Que a muchos antiguos amigos del ex gobernador atrapado en Guatemala “les volvió el alma al cuerpo”. Al menos en el Puerto se comenta que muy pronto surgirá un nuevo megaescándalo cuyo protagonista es otro ex gobernador.

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@mariobeteta

Es un economista especializado en periodismo. Ha sido galardonado con el Premio Nacional de Periodismo por el Club de Periodistas de México, en tres ocasiones.

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