Era una celebridad mundial. Siete años de gobernar Brasil, luego de tres intentos por conquistar la Presidencia, fueron suficientes para que se instalara en la gloria. Era admirado y respetado en todos lados. Fue erigido como un gobernante modelo. Un paradigma por imitar y superar. Hoy está en el infierno. Lo condenó el tósigo que intoxica a todos: poder, dinero y placer. Está en el basurero de la historia.

Luiz Inácio Lula da Silva ha caído en la peor de las desgracias que, por ambición desmedida, inmoralidad e imprudencia, puede afrontar un político. Es un vergonzoso ejemplo del que muchos en el mundo deberían tomar distancia. La mejor manera de hacerlo es abrazar la política en su acepción clásica más pura, que es la se servir a los demás.

Sobre esta piedra de toque, el ex presidente de Brasil construyó, precisamente, todo su prestigio. Antagonista de la poderosa oligarquía brasileña buscó, entre 2003 y 2010, atender las demandas de los más necesitados. Sus logros fueron formidables. Los índices de pobreza fueron abatidos considerablemente. Brasil empezó a tener otro rostro.

Con un gobierno marcadamente inclinado hacia los desposeídos, el país creció a tasas constantes muy buenas. Se inscribió en el grupo de las economías emergentes. El gigante sudamericano despertó y exhibió toda su fuerza y su enorme potencial.

Una de las claves de esto, fue la petrolera Petrobras, que se veía como ejemplo de buen manejo, productividad, solidez y solvencia. Y fue ahí donde Lula no resistió las tentaciones que pierden a la mayoría de los hombres: la codicia de dinero. Que lo llevó a la corrupción.

Aún con sus pecados “ocultos”, que hasta ahora, seis años después finalmente salen por completo a la luz, pudo heredar el cargo a su alumna, Dilma Rousseff. Apoyada en la reputación de su mentor, incluso pudo reelegirse para un segundo periodo que comenzó en enero de 2015. Pero por la crisis política, económica y social que juntos han generado, nadie le augura un final feliz.

Unidos por vínculos visibilizados casi como indestructibles, Lula y Dilma actúan juntos con la mayor impudicia. Para impedir que él sea encausado por el delito de lavado de dinero y fraude, ella lo nombra primer ministro con facultades plenipotenciarias. Con fuero. En la desfachatez de protegerlo. De seguir burlando a sus gobernados. Con eso, ambos caminan directo a la condena histórica. Y, hoy o mañana, ella hacia la calle y él rumbo a la cárcel.

En esto media la decisión cautelar que un juez federal emitió ayer por la que suspende la designación de Luiz Inácio Lula da Silva como jefe de gabinete. Lo deja desprotegido de la justicia. Y sus faltas, puestas al descubierto, en perspectiva de ser sancionadas por el Supremo Tribunal Federal de Brasil.

“Cuán alto me has elevado para hacer más grave mi caída”, reza una máxima latina destinada a quienes con poder o dinero, se consideran superiores a todos, se creen infalibles y se asumen como inmortales.

Ese tipo de víctimas suelen ser más frecuentes en la esfera de la política, sobre todo cuando algunos la ejercen mirando a sí mismos, en vez de procurar el bien de otros. Olvidan que el poder enloquece y el poder absoluto enloquece absolutamente. Su borrachera de poder se convierte en una cruda realidad insoportable que termina por hundirlos.

Con todos los reflectores encima, Lula deja una lección que muchos en todas partes deben aprender y aprehender. Cuando es implacable, como en este caso, la justicia los alcanzará inexorablemente. En todo caso, los esperará la historia, que los enjuiciará con extrema dureza.

SOTTO VOCE… Las comisiones defensoras de los derechos humanos, de las que hay muy pocas que actúan con seriedad, se han convertido en una fuente de crítica irracional, parcial, gratuita y sin pudor de instituciones como el Ejército y las Fuerzas Armadas, empeñadas en salvaguardar la integridad y la seguridad de los mexicanos. Los resultados que han alcanzado deben aquilatarse por su heroicidad, entrega, valentía y disciplina… Tanya Müller, secretaria de Medio Ambiente capitalina, recibe acerbas críticas. Se le imputa, infundadamente, que la contingencia que vivimos es por haber relajado el programa Hoy No Circula. Pero hay que recordar que fueron los panistas quienes alentaron que éste fuera doble. Pero, hipócritamente, asumen una actitud contraria a sus acciones y decisiones por cuestiones políticas. ¿Por qué tantas restricciones para automovilistas y tanta permisividad para los camioneros? Deberían decretarse que, como en otras ciudades, sólo se les permite circular de 22:00 a 6:00 horas… Raúl Contreras y Carola García Calderón son excelentes opciones, quizá las mejores, para la dirección de las Facultades de Derecho y de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, respectivamente. Tienen méritos académicos sobrados, prestigio y consenso. Su designación abonaría a la tranquilidad, orden y trabajo que el rector, Enrique Graue, quiere mantener en esa institución.

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@mariobeteta

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