La columna pasada nos quedamos como “final de viernes” con el dictamen —si habría o no— de Carta de Derechos. Esa duda ya se resolvió, pero temo que al final de esta columna lo dejaré, otra vez, con una nueva interrogante que se contestará hasta el lunes.

Ha sido una semana intensa. De días que se “congelaron” para alargarse. De acuerdos que no llegaron. De graves denuncias por discriminación.

Carta de Derechos. El 10 de diciembre duró 47 horas en el salón 13 de Minería.

Comenzamos a sesionar para dictaminar el proyecto a las 20 horas del sábado 10, pero una de las primeras medidas fue votar para declararnos en “sesión permanente”. Esto permitió parar el “reloj legislativo” y que discutiéramos (que fue un decir en muchos casos) toda la noche del sábado, hasta levantar sesión para receso a las 6 de la mañana.

La misma sesión se reanudó el domingo a las 12 horas para terminar a las 11 de la noche. Un Día Internacional de los Derechos Humanos que por poco alcanza al guadalupano lunes 12.

También hubo un acuerdo de partidos. En principio, no hay nada de malo en ello. La política se hace con base en acuerdos. Lo malo es que estos no fueron ni siquiera anunciados a todos los constituyentes de los partidos que firmaban; no se nos tomó en cuenta, quizá por la premura. Se dio por sentado que todos votaríamos a favor y no fue —ni tenía por qué ser— así.

Hubo malos entendidos, enojos, rispidez por ello.

El acuerdo fue público, aunque se construyó en una mesa aparte. Constará en las versiones estenográficas que solían pasar todas las reservas firmadas un grupo de diputados del PRD, PAN, Morena, PRI y el Constitucionalista sin discusión. Estaba un lugar para la firma de Clara Jusidman, pero esa nunca apareció y ella, diputada designada por Miguel Ángel Mancera e integrante del Grupo Redactor, tampoco retiró sus propias reservas.

(A todo esto, las “reservas” son propuestas de redacciones distintas que los diputados y diputadas presentan y exponen tras leer el proyecto de dictamen. Primero se pregunta si se admite a discusión la propuesta. Si es así, se discute. Si no se admite, se procede a votar: en contra, a favor, o abstención).

Esthela Damián, de Movimiento Ciudadano, lo denunció. Ella fue la única que votó el dictamen en lo general en contra. Todos los demás votamos a favor con la esperanza de que nuestras reservas fueran incluidas.

Pese a la tendencia a no discutir nada y sólo dejar pasar los acuerdos de partidos, hubo sorpresas.

Una de ellas fue que se logró ampliar la redacción para dejar explícito el matrimonio igualitario. Había dos reservas de constituyentes al respecto que no dejaron que las bajaran: Isidro H. Cisneros y Lolkin Castañeda, ambos del PRD.

Hubo mayoría y pasó la primera propuesta, pese a que no estaba en los famosos acuerdos. Esto puso en jaque otro acuerdo para regresar la protección a animales a Carta de Derechos y no mandarlo a Ciudadanía.

Fue un caos que primero pasara una reserva que prohibía explícitamente la “fiesta taurina”; luego otra que no la consideraba y reducía todo el tema. Finalmente Alejandro Bustos, Elena Chávez y Claudia Aguilar llegaron al acuerdo de una redacción en conjunto que mejoró gracias, sobre todo, a la intervención de Olga Sánchez Cordero.

Fue la última votación de la comisión; un momento feliz precedido de muchas tensiones y acompañado permanentemente de manifestaciones del movimiento animalista antitaurino que no cejaron, que se quedaron la noche entera afuera de Minería, cantando, gritando. Por cierto, Elena Chávez fue amenazada por su lucha a favor de los animales.

Aunque esto es un avance, ayer recibí junto con todos los diputados de la Asamblea un correo enojado de ciudadanos que presentaron iniciativas a través de Voces Ciudadanas de Change.org (coordinados por el gobierno capitalino) quejándose de que muchos temas no se tomaron en cuenta como querían, ¡incluyendo el de animales!

Muchas de mis reservas, que nunca estuvieron en los acuerdos, pasaron. No así una que casi. Seguiré insistiendo en ella en el Pleno, de la manera en que se permita (ya llegaremos a ello): es sobre el derecho de la comunidad sorda que así lo decida a recibir educación bilingüe en Lengua de Señas Mexicana y Español. Ya empecé a cabildearla.

Mardonio Carballo y la discriminación. Había otra comisión que sesionaba a la par de Carta de Derechos que no se ponía de acuerdo en la redacción de sus 3 artículos: de Pueblos y Barrios Originarios, y Comunidades Indígenas Residentes. La única que sigue sesionando porque tiene que ir a una consulta.

Sus acuerdos fueron complicados, pero lo lograron. Hubo dos diputados que tuvieron que intentar ser omnipresentes porque pertenecían a ambas comisiones que sesionaban al mismo tiempo: Carlos Gelista y Bruno Bichir.

Pese a las sonrientes fotos que difundieron al terminar el dictamen, al día siguiente Mardonio Carballo, el constituyente de Morena que presidía la comisión, dio una sorpresa: renunció.

El también poeta y nahuatlaco lo hizo acompañado de una dura carta. Una parte:

“Lamento decir que el ejercicio parlamentario en la Asamblea Constituyente está secuestrado por cuotas partidistas, por personas que no tienen interés legítimo en el tema (…) Pasó en la comisión de Carta de Derechos y pasó en la comisión que presidí hasta este momento.

“Lo más indigno ha sido constatar en persona el racismo al que me vi enfrentado y desde el cual se construyó el articulado final de la Comisión. Fui invalidado, mi voz y mi experiencia de vida perdió fuerza y validez ante la violencia imperante en la Comisión, ante el hecho de creerme sujeto de derecho y objeto de estudio al mismo tiempo, es bajo la lógica de no discriminación racial que dejo el cargo”.

Mardonio no ha precisado más, aunque en su cuenta de Twitter promovió una nota escrita en el portal Capital Mx con un críptico mensaje: “Este trascendido es lo más cercano a la verdad acerca de mi salida”. Creo que es importante que él precise quién lo discriminó y cómo. Que esto se airee. ¿Cómo es posible una Asamblea que discrimina?

Jesús Ramírez Cuevas fue nombrado el nuevo presidente de esta comisión en la sesión del viernes.

A punto de empezar discusión artículo por artículo. El viernes comenzaríamos la discusión ya en el Pleno. Pero no se pudo.

Venía discutiéndose en las “burbujas” un acuerdo para hacer “lineamientos complementarios” para la discusión en el Pleno. En realidad otro cambio al Reglamento en su artículo décimo primero.

Se pretende flexibilizar —porque a todos los constituyentes y partidos nos conviene— que haya propuestas de redacción diferentes, “reservas” o “propuestas de modificación”. Pero también se busca acotarlos para que la discusión no se prolongue al infinito y más allá (tenemos sólo hasta el 31 de enero de 2017 y tomaremos descanso, o esa es la idea, del 23 de diciembre al 3 de enero).

Hay un cambio y una precisión esenciales: cómo votar estas reservas (o como quiera que se acaben llamando). Si se tiene que hacer con el apoyo de todos los grupos, de un grupo de por lo menos 15 constituyentes o si hay derecho a proponerla y cómo, punto.

Pero ojo, otro punto es si la votación es dada por válida por dos terceras partes de los que integran la Asamblea (67) o por dos terceras partes de los presentes ese día (dependerá del número una vez superado el quórum).

No son cosas menores. Lo último (hay una contradicción entre los artículos 7 y 9 transitorios del Artículo 122 Constitucional) le quita poder al PRI, sobre todo, y al PAN.

Lo primero, de las “reservas”, creo que es derecho de todo constituyente. Aunque sea poderlo plantear… aunque se vote en contra por el Pleno.

Se levantó la sesión del viernes sin acuerdo. No ayudó en nada que lo publicado en la Gaceta no fue lo leído por la secretaria de la mesa directiva, Margarita Saldaña. Se metió una redacción de último momento para permitir reservas con el “candado” de 15 firmas que fue polémico. Ni siquiera todos los constituyentes teníamos conocimiento de esa propuesta, algo que subrayó Cecilia Romero, del PAN.

Íbamos a sesionar el sábado, pero la sesión fue cancelada a las 18 horas del viernes. No hay acuerdos, supongo. Sabremos hasta el lunes…

Le digo, otra vez “final de viernes”.

katia.katinka@gmail.com

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