Muchos preguntan al Presidente: ¿para qué meterse en la boca del lobo, si la reunión con Trump, programada para el próximo martes, huele a celada?, ¿si ningún mensaje permite vislumbrar un encuentro de buena voluntad con el nuevo inquilino de la Casa Blanca?

Peña debe ir a Washington y plantar un buen reclamo por la hostilidad rijosa del Presidente de Estados Unidos. No hacerlo sería peor, y más en este momento en el que Trump firmó la orden ejecutiva para iniciar la construcción del muro en la frontera con México, una maldita pared que según el poderoso mandatario vecino beneficiará a nuestro país; controlará la migración ilegal desde Centroamérica; frenará a los cárteles de la droga; evitará que más armas gringas pasen a México… ¿aunque viole los derechos humanos?

Por cierto, otra orden ejecutiva del presidente de EU anuncia la incorporación de 5 mil nuevos agentes fronterizos y la creación de un nuevo departamento dedicado a apoyar a las víctimas de los crímenes cometidos por indocumentados. Sume además la decisión de dejar de financiar lo que Trump llama “ciudades santuario” en Estados Unidos, donde autoridades protegen a migrantes criminales e ilegales, que serán deportados sin remedio.

Con estas señales tan ominosas, no viajar a Washington parecería una buena idea; en este momento, sin embargo, se rompería el diálogo con EU y a largo plazo eso acarrearía aún mayor incertidumbre en tan compleja relación, lo cual se vería reflejado, a corto plazo, en mayor volatilidad de nuestra moneda frente al dólar, traería un mayor incremento en el precio de los combustibles… y de eso derivaría una cascada de más sufrimientos económicos para la sociedad.

Con el suelo tan disparejo, después de tanto brinco, el presidente Peña está obligado a enfrentar a Trump; mostrar el desacuerdo de los mexicanos por sus medidas radicales y ultra proteccionistas, sin sumisión, pero tampoco en confrontación, al volumen que muchos quisieran… en estas horas aciagas.

Voces liberales, como la de Jorge Castañeda, y las de opositores de izquierda y derecha, como Cuauhtémoc Cárdenas, Margarita Zavala, Armando Ríos Piter y Roberto Gil, piden a Peña cancelar el viaje, o cuando menos reprogramarlo, para mostrar una posición enérgica frente a la hostilidad del poderoso vecino.

Si bien se vale exigir dignidad a nuestro mandatario, es mejor arroparlo con buenas ideas para enfrentar la amarga realidad planteada por el vecino imprudente, quien miente al decir que no tiene nada personal contra México y los mexicanos… ¿aunque el antipático tenga tan mala sangre?

Difícil para Peña despejar la ecuación de relacionarse con nuestro principal socio sin sumisión ni confrontación… cierto, son los extremos. Sin embargo, el Presidente de la República habrá de encontrar el equilibrio del punto medio; ese sueño no es imposible si cuenta con el respaldo de la sociedad bien informada, ante la emergencia, más allá de las fobias sembradas por el régimen.

Aun así, no faltarán quienes acusan a Peña de sumiso si visita la Casa Blanca, ya que mantener abierta la puerta de una negociación parece inútil. Cancelar o posponer el encuentro, también sería interpretado como signo de confrontación; sería costoso para la relación bilateral; sería una victoria pírrica.

¿Por qué no mirar la crisis como una oportunidad de revertir la tendencia negativa de su gobierno y aprovechar a Trump, ese extraño enemigo, para echarle la culpa de nuestras desgracias… de una vez, y de paso recuperar algo de credibilidad?

Y de lo perdido, lo que aparezca… ojalá sin desagradables sorpresas.

¡Qué pesadilla!

EL MONJE SHAKESPIRIANO: “Ser o no ser, esa es la cuestión. ¿Qué es más noble para el alma, sufrir los golpes y las flechas de la injusta fortuna, o tomar las armas contra un mar de adversidades y oponiéndose a ella, encontrar el fin?”, monologó Hamlet.

@JoseCardenas1

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