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La inaudita corrupción del PRD en el DF

Diez días antes de las elecciones del pasado 7 de junio, Rodolfo González Valderrama, asesor del entonces candidato por Morena a jefe delegacional de Cuauhtémoc, Ricardo Monreal, recibió una oferta.
29/06/2015
04:21
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Diez días antes de las elecciones del pasado 7 de junio, Rodolfo González Valderrama, asesor del entonces candidato por Morena a jefe delegacional de Cuauhtémoc, Ricardo Monreal, recibió una oferta.

30 millones de pesos en efectivo para que Monreal pudiera terminar su campaña electoral y movilizar gente a las urnas el día de los comicios.

“Si Monreal pierde no hay problema —le dijeron a González Valderrama—. Pero si gana, queremos por un año la dirección de Presupuesto y Finanzas de la delegación. Pasado ese tiempo, ustedes podrán nombrar a quién quiera”.

La delegación Cuauhtémoc maneja un presupuesto de cerca de 2,500 millones de pesos al año. Cercanos al ahora delegado electo aseguran que aquel fue su primer “acercamiento real” a la maquinaria de corrupción en que los gobiernos perredistas convirtieron la delegación Cuauhtémoc.

González Valderrama confirma que la propuesta existió. Pero en el equipo de Monreal nadie se anima “de momento” a revelar la identidad de tan generosos patrocinadores. “Eso lo vamos a documentar luego de la toma de posesión del nuevo delegado”, aseguran.

Un “diagnóstico” elaborado por ese equipo —se halla en poder del columnista—, indica que en la administración del delegado perredista Alejandro Fernández, la corrupción en la Cuauhtémoc pudo alcanzar niveles de escándalo.

Propietarios de establecimientos comerciales ubicados en la delegación —establecimientos “de bajo impacto” y también de “impacto zonal”— se han acercado a Monreal y a su equipo para denunciar actos de extorsión cometidos “de manera histórica, tradicional, normal”, e incluso para preguntar “a cuánto ascenderá la nueva cuota”.

De acuerdo con el “diagnóstico”, los establecimientos que no cuentan con permisos de funcionamiento, que carecen de algún tipo de documentación, o que teniendo permisos legales incurren en alguna irregularidad, “deben cubrir cuotas o igualas mensuales que van de 3 mil a 30 mil pesos”, lo que genera ingresos por corrupción de entre tres y cuatro millones de pesos. “El 50% es para el delegado, y el resto se reparte entre los Bejarano y el personal de la subdirección de Reglamentos y Verificaciones”.

La corrupción de la administración perredista llegó al extremo de tasar los principales cargos: las direcciones de Obras Públicas, Desarrollo Social y Protección Civil.

El “diagnóstico” recabado por el equipo de Monreal asegura que en la delegación se vende “hasta el reloj checador”.

Los empleados delegacionales pagan cierta cuota a los encargados de éste para que en su tarjeta aparezcan jornadas de trabajo que incluyan el pago de horas extras.

Algunos empleados cobran jornadas de trabajo que van de las siete de la mañana a las diez de la noche. La delegación paga alrededor de 90 millones de pesos mensuales por concepto de horas extras. El documento afirma que para poder estar a cargo del reloj checador hay que pagar un millón y medio de pesos.

En la delegación Cuauhtémoc trabajan entre 10 mil y 12 mil empleados. El “diagnóstico” afirma que la nómina está permeada de aviadores, privilegiados y familiares de los principales funcionarios. Según el equipo de Monreal, de los 2,500 millones de pesos de presupuesto, cerca de 2 mil millones se destinan al pago de nómina y el resto “para obra y mantenimiento de la demarcación”.

“Es absurdo: se pagan 2 mil millones de pesos para aplicar 500 millones a la ciudad. Es una delegación comida por la burocracia y por una corrupción inaudita”, afirman.

Para cercanos a Monreal, el PRD perdió porque cansó a la gente con sus ilegalidades, sus ‘moches’, sus cuotas. Los cientos de millones de pesos generados por debajo del agua.

“Monreal está decidido a limpiar todo esto”, dicen.

Habrá que ver si es cierto. Y esperar que la corrupción que se achaca a la pasada administración sea probada con documentos, testimonios, auditorías.

El reloj checador está corriendo, señor delegado.

 

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