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Roma-Condesa: pozo de corrupción

19/06/2017
02:14
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Durante los últimos meses del perredista Alejandro Fernández como delegado en Cuauhtémoc, las colonias Roma y Condesa se cargaron visiblemente de fondas, cafés, restaurantes.

Antiguas casas de principios del siglo XX, verdaderas joyas del Art Deco y el Art Nouveau, fueron sometidas a intensos procesos de remozamiento. Reaparecían con nombres y cocinas atractivas, sugerentes.

Vecinos de esas colonias contabilizaron la llegada de 60 nuevos establecimientos.

En aquellas casonas, sin embargo, el único uso suelo de permitido por el Programa Delegacional de Desarrollo Urbano para Cuauhtémoc, era el habitacional.

¿Qué había pasado? Los Comités Ciudadanos de aquellas colonias se propusieron averiguarlo. Luego de una investigación de casi tres años, realizada a través de la Ley de Transparencia, descubrieron un escándalo de corrupción, el cual quedó integrado a un expediente que hace unas semanas fue entregado a la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial de la Ciudad de México, PAOT, que encabeza Miguel Ángel Cancino Aguilar.

Según los documentos contenidos en ese expediente, la administración de Alejandro Fernández expidió de manera irregular —a través del entonces director general jurídico y de gobierno en Cuauhtémoc, Eduardo Lima Gómez—, una serie de licencias de funcionamiento que permitieron la apertura de negocios de manera ilegal.

Para lograrlo, funcionarios que cobraron hasta un millón de pesos por cada licencia “sembraron” en los archivos delegacionales permisos de cambio de uso de suelo que presuntamente habían sido expedidos desde 1990, 1991 y 1992.

Dichas constancias aparecen —otra vez presuntamente— firmadas por Roberto Rocha García, funcionario priísta que por aquellos años era jefe del Registro del Plan Director para el Desarrollo Urbano del Distrito Federal (antecedente de la actual Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda, Seduvi).

De esa manera se entregaron constancias apócrifas, que desde 20 años atrás “autorizaban” la apertura de restaurantes “con venta de vinos y licores”.

Los integrantes de los Comités Vecinales detectaron que aquellas constancias no obran en los archivos de Seduvi, ni de ninguna otra dependencia, por la sencilla razón de que son falsas: fueron “sembradas” exclusivamente en la delegación que entre 2012 y 2015 encabezó Fernández.

Mientras en los documentos de la delegación los predios ubicados en Zacatecas 98, Zacatecas 139, Guanajuato 138, Puebla 109, Tonalá 133 y Chihuahua 78 —por citar algunos— aparecen registrados con el giro de “restaurantes con venta de bebidas alcohólicas”, en la Seduvi los mismos predios solo tienen permitido el Uso de Suelo H (Habitacional Unifamiliar y Plurifamiliar).

Los vecinos descubrieron en su investigación que algunos restauranteros pagaron de buena fe, sin que se les explicara la falta que se iba a cometer (es el caso de Zapote, en Guanajuato 138, según explican), aunque otros pagaron a sabiendas de que “era la única forma de darle la vuelta a la ley”.

En el expediente entregado a las autoridades figuran negocios ubicados en Orizaba 143, Orizaba 139, Tonalá 144, Zacatecas 39, Zacatecas 102, Chihuahua 115, Colima 166, Córdoba 27, Durango 359, Zacatecas 194, Colima 168, Coahuila 65, Mérida 186 y Orizaba 95.

En ninguno de ellos, asegura el documento, coinciden los usos de suelo registrados en Cuauhtémoc y en Seduvi: los vecinos exigen sanciones y revocación de “licencias” de funcionamiento.

El problema parece ir un poco más allá. Está en las autoridades que se enriquecieron con los permisos apócrifos, y en las que se han aprovechado de la incertidumbre legal en que quedaron los restauranteros para venderles “tolerancia”: esa forma de ver el poder como negocio que históricamente ha caracterizado a los funcionarios de la ciudad.

Que lleven a juicio a los funcionarios corruptos y que impongan sanciones a quienes infringieron la ley. ¿Pero no es hora de modificar de una vez los usos de suelo, regularizar los negocios, dejarle menos margen a la corrupción?

Los funcionarios parecen creer que no. En la certidumbre no hay negocio.

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